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Entrevista y acústico exclusivo de Ariel Rot para la agencia Colpisa (Grupo Vocento). Gira Eléctrico.

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* PÁGINAS Y AGENDAS

 
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Ariel Rot
La dulce milonga del capitán Rot
Concierto en Granada, Sala Boogaclub, 23-05-2015
Texto y foto por Luis Miguel Albarracín / IndyRock
Una leyenda del rock and roll en castellano visitó la Sala Boogaclub. Con letras mayúsculas. Qué se puede decir a estas alturas que no se haya dicho ya del gran Ariel Rot. La idea del show era dar un repaso a todo su carrera, sobre todo en solitario, lo que consiguió con creces. 
A las doce menos veinte apareció "Debajo del puente" un Ariel armado de tres guitarras y un teclado, solo ante el peligro. Otro disparo como "Lo siento Frank" (2003) abrió la veda. Haciendo uso de su guitarra más hiriente, sus clásicos iban a ir cayendo, como los conocemos o con nuevo maquillaje (como en el caso de "Baile de las ilusiones"). Con un "esta noche promete", un Rot con un look muy Lou Reed se sentía como en casa, a la vez que tuvo que demorar su set list por problemas de afinación de su guitarra. Con el verbo que siempre caracteriza a Ariel, tuvo tiempo de acordarse de los cronistas musicales, por si alguno escribía de este pequeño incidente. 

   Continuaba al mando de las seis cuerdas, esta vez regalando "Felicidad" y acordándose de Elena, dedicada a Lou Reed. Con un pequeño homenaje a "Walk on the wild side" reverenció a nuestro neoyorquino favorito. Y para continuar con dedicatorias, fue el turno de Joaquín Sabina en "Viridiana", con la que nos transportó a los tiempos de La Mandrágora. El calor en la parte delantera de la sala era notable, y Rot no se quitaba la chaqueta, pese a que una fan se lo dijo bien clarito. Con la preciosa "Los tipos duros no bailan" cambió de instrumento, deleitándonos con los teclados, donde tampoco lo hace nada mal. 
   Con "Para escribir otro final" (un tema sublime) al más puro estilo Fito Páez, siguieron sucediéndose grandes momentos. Con "Dos de corazones" dijo que se trataba de un público excelente. Llegó otro bonita composición, "La mirada del adiós", en la que incluyó la melodía de "She´s a rainbow" de los Stones. Ariel se divertía como un niño pequeño y obsequiaba con pequeñas perlas. A pesar del calor el señor Rot se puso un pañuelo que le daba todavía más una pose rock. El pañuelo le dio alas y unió "I will survive" con "Una casa con tres balcones", acabando con un "Salta" que nos llevó a los míticos Tequila. Aprovechó para acordarse de B.B. King, Papo, Julián Infante y Guille Martín, con los que "algún día tocaré un blues en el cielo". 

   Fue el momento de dar rienda suelta a lo que él denominó "speech", con la excusa perfecta de presentar una canción que trata sobre las groupies y la "dura" vida del artista. Una de ellas se abalanzó sobre él y le dio un besazo en toda regla. Todavía se animaba más el cotarro. Contó historias varias e hizo las delicias de todos. El club seguía abierto. El tema en cuestión era "Pólvora mojada", en la que el protagonista acababa con sus rodillas destrozadas. 
   Con un público entregado desde hacía tiempo, Ariel volvió a tocar la guitarra en el "Bar Soledad". Otro gran tema sonó, "Muñeca rota", en la que nos dice que "la vida era una fiesta hasta que llegaste a los treinta", finalizada con "El manisero" (el famoso "cucuruchito de maíz") y una jam session en toda regla. 

   Cada vez iba quedando menos, pero claro, venía lo mejor. Con Los Rodríguez y "Dulce condena" se vivieron nuevas emociones, e interpretó la canción que le inspiró para componer su milonga más conocida. "Eche veinte centavos en la ranura", con el profesor Rot enseñándonos el por qué de la temática y cómo los tiempos han cambiado. Como el final era inminente, apostó por un "Mucho mejor" en clave de tango muy acertado. 
   Tras más de hora y media sobre las tablas llegó su primer (y único bis). Decidió despedirse con el piano. Eligió la triste "Cenizas en el aire", y para no dejarnos con mal sabor de boca nos puso a bailar con la "Milonga del marinero y el capitán", una gran elección para una despedida que nadie quería. Casi dos horas de espectáculo aplacaron un poco a las fieras, pero el stoniano carácter de Ariel crece con el paso del tiempo, y cada vez se le ve mejor. ¡Qué bien te sientan los años maestro!


 
"Nunca es tarde..."

Poco ha durado Ariel Rot metido en casa. Apagados apenas los ecos del tour que realizó hace unos meses con otros dos monstruos del rock, Loquillo y Leiva, el músico argentino vuelve a la carretera para ofrecer una serie de conciertos en los que resonarán los temas de su último trabajo, 'La huesuda' y también éxitos extraídos de su vasta trayectoria. Cuatro ciudades -Valencia, 2 de noviembre; Madrid, 7 de noviembre; Bilbao, 8 de noviembre; y Barcelona, 15 de noviembre- y una banda de viejos compinches dispuestos a hacer bueno el lema de la gira, 'Nunca es tarde para el rock and roll'. El cantante nos revela todos los detalles.


- ‘Nunca es tarde para el rock and roll' es el título de tu nueva gira. ¿Qué buscas transmitir con ese lema?
Estamos en un momento en el muchas bandas de rock tienen que defender su directo en acústico, en formato reducido. Yo quería reivindicar y tratar de volver a juntar a la banda en eléctrico para hacer unos shows. Cuando el rock and roll forma parte de tu vida, cada cierto tiempo es necesario una nueva dosis y esta va a ser la mía, la de la banda y espero que la del público también.

- ¿Cómo te planteas esta tanda de actuaciones?
Va a ser un show largo donde quiero tocar muchos temas del repertorio y tratar de abarcar todos los ingredientes que tiene que tener una actuación de este tipo: la emoción, el romanticismo, el humor, la ironía, el ingenio, la fiesta y la ceremonia del rock and rol. 

- Cuando uno lleva tantos años de carrera, ¿resulta fácil escoger los temas que deben entrar en una gira de estas características?
Bueno, hay un tiempo limitado para tocar, por lo menos el que aguantamos nosotros e incluso el público. No me hacen demasiada gracia esos conciertos que se hacen eternos. También hay otra cuestión que lo determina: cómo suena cada tema. Siempre hay unos que suenan mejor que otros y a veces los descartes se producen por eso. De repente hay uno que has puesto en la lista pero cuando lo vas a ensayar te das cuenta de que todavía le falta un hervor. Yo tengo mi termómetro para evaluar cuáles son los temas favoritos de mi público. Hay algunos que había abandonado y que voy a recuperar para esta ocasión.

- ¿Por qué sólo son cuatro conciertos?
Me gustaría hacer un 'never ending tour' y poder estar tocando durante un año entero porque me lo paso muy bien con mis compañeros, no solamente encima del escenario sino también en lo que respecta a la liturgia del rock and roll y de la carretera. Pero creo que cuatro shows son ya suficientemente arriesgados. Vamos a ver qué tal salen para poder ir ampliando poquito a poco. 

- ¿De qué músicos te rodeas en esta ocasión?
Con todos ellos he tocado antes. Uno va armando una especie de familia musical. Algunos van y otros vienen pero con todos te terminas hermanando porque se convive de una manera muy intensa, casi fraternal. Todos están ahí. Y los que ahora no están sé que dentro de un tiempo volverán a estar. En esta ocasión está Osvi Grecco a la guitarra, un fijo en la banda desde hace más de diez años; Toni Jurado, gran batería que ha ido y ha venido; Mauro Mietta, que entró en la gira de Tequila y ya se quedó; y Candy Caramelo que fue el primer bajista de Los Rodríguez. 

- Tras tres décadas sobre los escenarios, ¿sigue existiendo el gusanillo a la hora de echarse a la carretera?
Esto tiene algo de adictivo. Hay gente que no lo puede soportar, que lleva demasiados años en la carretera y que está deseando llegar a su casa. Y hay quien está deseando salir de casa. A mí me gusta mantener un equilibrio. Si no salgo a tocar mi equilibrio emocional y mi sistema nervioso empiezan a fallar, por lo que es una necesidad casi física.

- Tu nuevo disco se llama 'La huesuda'. ¿Cómo se consigue cantar a la muerte sin sonar excesivamente deprimente?
Para cantarle a la muerte con cierta alegría hay que aprender de los mexicanos. Creo que hay dos formas de encarar a la muerte: de una manera muy seria o en broma. Yo lo hice muy en broma. Banalizo y le quito un poco de hierro al asunto. Por eso la música de la canción fue desde el primer día un corrido mexicano. Ni siquiera intenté buscar otra fórmula musical para el texto que tenía, que es una cosa que muchas veces sí hago. Salió de una manera tremendamente espontánea. 

- ¿Qué te movió a revisar un viejo tema como 'Debajo del puente' para este disco?
Hizo su reaparición en mi vida, en mis conciertos, de una manera discreta, disimulada, y fue ganando posiciones hasta que descubrí que era importante volver a recuperarlo. En primer lugar porque ahí empezó todo para mí, fue cuando acabé con Tequila y por primera vez hice un disco en solitario. También porque es el primer texto adulto que escribí en mi vida y lo alucinante es que es tan adulto que no desentona con los textos que estoy haciendo hoy en día. Aparte, creo que la letra se ha convertido en algo tremendamente actual. Por eso considero que merece la peña reescucharla y reinterpretarla 

- Este es un álbum más íntimo que los anteriores ¿Influyó a la hora de componerlo el paso a escenarios más recogidos?
Siempre la atmósfera que vas respirando durante los periodos de composición influye muchísimo en el disco que estás haciendo. El disco anterior a 'La huesuda' era sólo rock, muy enérgico y eléctrico, y lo compuse cuando estuve haciendo la gira con Tequila. Sin embargo 'La huesuda' la compuse en un momento en que estaba de gira solo, haciendo unos shows con piano y guitarra. Por eso está tan presente el piano y hay esa atmósfera íntima y casi confesional.

- Además del rock, en 'La huesuda' tocas otros palos. ¿Vas a seguir por ese camino?
Bueno, la dieta musical se va ampliando, empiezas a escuchar otras cosas y las incorporas a la hora de crear. Lo que pasa es que a la hora de interpretar mi lenguaje es el rock y eso difícilmente cambiará. A pesar de que me meta con géneros latinos o más jazzísticos, nunca los puedo abarcar de una manera ortodoxa sino bastardearlos desde mi manera de tocar y de cantar.

- ¿Qué queda del Ariel Rot de Tequila y Los Rodríguez? ¿En qué has cambiado?
Quedan muchas cosas. Es muy difícil que uno cambie. Se puede crecer, pero, desde una perspectiva personal y profunda, creo que la gente no cambia. Para bien o para mal, lo que soy ahora tiene mucho que ver con lo que era ya en esa época. Me imagino que ni los años de psicoanálisis podrán cambiarlo.

- Vienes de una gira con Loquillo y Leiva. ¿Qué cualidades destacarías de cada uno de ellos?
Loquillo es una bestia del escenario, hace un despliegue de muchísimo poderío y cautiva. Por otro lado, es un tipo muy trabajador que se toma muy en serio lo que hace y a sí mismo. Me gusta mucho conversar con él porque tiene sus conceptos y sus preconceptos muy claros y muy personales. No se deja llevar en sus opiniones. En cuanto a Leiva, aparte de ser un chico adorable, es un gran músico de rock, súper completo y siempre es placentero juntarse con él para charlar o para tocar.



 
Marinero y capitán
Por Enrique Novi - IndyRock
Jueves 26 de abril 2012 Sala Forum Plaza Granada
Como dice la letra de La milonga del marinero y el capitán, la canción de Los Rodríguez con la que cerró su actuación del jueves en la sala Forum Plaza, Ariel Rot ya no es joven pero es audaz. Y tal vez por eso, o quizá para sortear los reveses de la sempiterna crisis, o puede que por todo eso y mucho más, se presentó totalmente solo aunque rodeado de guitarras y de un piano para dar un repaso a algunas de las mejores canciones de su repertorio al margen de los míticos grupos en los que ha militado, Tequila y Los Rodríguez, aunque de estos últimos sí se concedió la licencia de rescatar alguna: la mencionada milonga y la inevitable Mucho mejor (más conocida como Hace calor), esta en clave de tango arrabalero, a la manera del Polaco Goyeneche, ambas bien celebradas por el respetable. 

En este caso además Ariel interpretaba todos los papeles, tanto el de capitán como el de marinero, pues es lo que toca cuando uno ocupa el escenario sin acompañantes. Y así presenta sus temas, desprovistos de artificio, eliminando lo superfluo para centrarse en lo esencial. Y buscando la esencia es como encuentra su alma de rockero, en la que se cuela también su gusto por el tango, por el jazz, el blues, el swing o el funk. De este modo arrancó con Lo siento Frank a la dio un aire de jazz con su guitarra de caja, como hizo con Dandy, Felicidad o Te busqué. Pronto la sustituyó por la clásica Gibson SG a la caza del riff rockero, y con ella cayeron Sin saber que decir, la más antigua de su catálogo, alguna inédita, y Los tipos duros no bailan. 

Puesto a tomar referencias prestadas, pasó de Norman Mailer a los rockeros granadinos para suspirar “Granada… la única ciudad del mundo con nombre de arma”. Llegó entonces el momento de soltar la guitarra para sentarse al piano y acometer la parte central del concierto, ocupada en gran medida por las canciones del que para muchos sigue siendo su mejor álbum, “Cenizas en el aire”, como la homónima, Todavía es tarde o Dos de corazones. En todas ellas a Rot se le desliza su corazón porteño, ese deje que aporta un sabor tanguero al rock argentino en general y al suyo de manera muy particular. Aún al piano sonaron Una casa con tres balcones y Pólvora mojada, una de las canciones de su último disco en la que reflexiona sobre el paso del tiempo y sus devastadores efectos, a pesar de que en su caso resulta indiscutible que las nieves del tiempo han sido rotundamente generosas. 

De vuelta a la guitarra, esta vez con la acústica, incidió en el tema con Manos expertas, y completó el set con Bar soledad, Geishas en Madrid y Eche 20 centavos en la ranura. Para los insaciables aún quedaban los bises.



Biografia 
http://www.arielrot.com/


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