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MOGWAI anuncian que su noveno álbum, titulado "Every Country’s Sun", se publicará el  1 de septiembre a través de su propio sello, Rock Action. Tres años después de su último trabajo en estudio, "Rave Tapes", el cuarteto escocés se reencuentra con el productor Dave Fridmann, con el que ya trabajaron en "Come On Die Young" (1999) y "Rock Action" (2001). Ya puedes escuchar el tema que abre el álbum, "Coolverine".   

A menudo etiquetados bajo el manto del post rock, lo suyo ya traspasa cualquier barrera estilística: rock, metal, electrónica y pop se funden en una extensa discografía que incluye cuatro bandas sonoras y títulos clave en el devenir del rock de los 90 como “Young Team” o “Rock Action”.

MIÉRCOLES 25 DE OCTUBRE - MADRID (LA RIVIERA)
Entradas a la venta a partir del miércoles 22 de marzo a 28 €
Puntos de venta: Portal Primavera Sound y Ticketmaster


Viernes 6 de Febrero de 2009 Sala Joy Eslava
Caos calmo
por Álvaro Marcos - IndyRock
Fotos Carla Ocaña - IndyRock

Los cinco escoceses salieron con puntualidad inglesa al escenario de la Joy Eslava. Su pinta de cacho paisanos, así como su proverbial falta de pose (algo poco frecuente en un grupo de estrellas de rock, que es lo que son) es parte intrínseca del archivo, así como poderoso y viril, que uno tiene de Mogwai en la cabeza, coherente con su discurso artístico y su impasible actitud de aquí-hemos-venido-a-tocar-a cerrar-bocas-y-a-arrasar-humildemente-con-todo-lo-que-se-mueva. 

Tal vez la copa que periódicamente rellenaba con vino tinto de una botella Stuart Braithwaite fuese el único contrapunto glamouroso a esta amenazadora ausencia de pretensiones tan suya. Y es que a los conciertos de Mogwai se "asiste", en la medida en que son más una liturgia contemplativa que participativa, y a pesar de los típicos gañanes que berrean durante las explosiones y no paran de joder el concierto hablando a voz en cuello el resto del tiempo (¿os suenan?), por lo general, la procesión suele ir por dentro y entre ovación y ovación hay más pupilas dilatadas y sonrisas extasiadas que frenesí. 


Arrancaron con Precipice, la canción que cierra su último disco The Hawk is Howling (Wall of Sound, 2008), en su formación arquetípica: Stuart Braithwaite a la guitarra, capitaneando el barco con su facha de miniyó cabroncete; director de orquesta y referencia del resto, el que más gesticula, el único que se dirige al público y el que marca las transiciones contando en bajito hasta cuatro cuando toca pisar pedalada todo dios y pasar de la calma chicha al infierno.

El espigado Dominic Aitchison ocupa el centro, su mirada extraviada durante gran parte del concierto en las alturas, tal vez en los llamativos palcos de la Joy, sus largos dedos deslizándose lánguidamente por el mástil de su bajo entre apoyos y quintas. Marca de la casa son también las baterías procesionales y precisas de Martin Bulloch que dictaminan ritmo al que bogan el resto de remeros de una galera condenada a navegar entre la calma y la tempestad. Por último, Barry Burns, el último en enrolarse, el multiinstrumentista (guitarra, sintes, teclado), el Mogwai comodín que se atreve con la voz (aunque sea pasada por efectos) y John Cummings, el más abstraído y más paisano de todos, igualmente imprescindible en el puzzle. 

 Como viene siendo habitual en ellos, el concierto fue impecablemente repetitivo y majestuosamente previsible (en las grandes noches están más bien imperiales), con un clásico repaso a toda su discografía, en el que, quizás con excepción de I'm Jim Morrison I'm Dead , brillaron más las canciones más antiguas: Friend of the Night, Hunted by a Freak (una de sus cimas, rica y ambigua, al margen de su maniqueísmo más efectista) Summer o el manifiesto Mogwai Fear Satan

Con Scotland's Shame y Space Expert, descendió la intensidad del concierto y con ella la atención del público. El remedio fue el habitual: Braithwaite se sentó para coger el bajo y comenzar con el arpegio de la canción total de Mogwai (también curiosamente una de las más antiguas), algo de lo que ellos (especialmente Braithwaite) son plenamente conscientes: Helicon (part 1). Todo lo que los convierte en uno de los dos o tres grupos más importantes del cambio de siglo y en un punto de inflexión en el rock de guitarras está ahí concentrado: su capacidad para tejer eso que los románticos llamaron "música absoluta" aplicada al rock, su sensibilidad para emocionar y alternar lo bello y lo delicado con lo sublime y lo terrible, el muro poderoso de electricidad densa pero discernible, el talento para crear vastos espacios imaginarios a base de repeticiones en el tiempo (delays), el arte del crescendo. Todo aquello, en definitiva, que hace que sus epígonos más aventajados en lo luminoso (Sigur Ros, Explosions in the Sky) o en el lado oscuro (Isis, Red Sparrowes, Russian Circles) estén por siempre detrás, a su estela. 
 

A unos los aventajan en intensidad, credibilidad y desgarro, a los otros en su talento para eludir lo peligrosamente chabacano aún con los trallazos a base de riffs en Re como Batcat, que, junto a Like Herod, fueron las elegidas para cerrar el concierto de Joy. En el bis no cayó Christmas Steps, pero sí  la soleada 2 rights make 1 wrong y la apocalíptica We're not here. Hora y media larga  de concierto.

 A la salida uno rememora y piensa que es verdad que hace mucho que no hay signos de evolución reseñable en la discografía de Mogwai, y, por lógica, tampoco en sus conciertos, donde a veces los traiciona una apatía más que considerable (dónde tendría la cabeza Stuart Braithwaite, precisamente el más animoso, en la luenga paradiña de Fear Satan, en la que metió una gamba gloriosa); y sus explosiones de rabia congelada tienen un tinte cada vez más y más domesticado, museístico e inofensivo. Pero también es verdad que ya llevan más de 10 años tocando sin parar muchas de esas canciones, y que, a pesar de ello, no pocas reverberan para siempre de forma vibrante e inconfundible desde la primera nota en muchos de nosotros. Puede que nunca se atrevan a abandonar el confortable perímetro de la comarca (o de Mordor) y que siempre sea más de lo mismo, pero pocos lo hacen con esa honestidad y pocos pueden presumir de transitar por un paisaje que, si bien previsible y manido, sea tan bello, tan conmovedor y, sobre todo, tan exclusivamente suyo. 
 
 

Y sólo por eso hay que estar agradecido. 

Fotos: Carlos Sánchez - IndyRock
Benicassim 2001




"Happy Songs for Happy People" es el cuarto álbum de estudio de Mogwai. Su título es muy adecuado para un disco veraniego, con canciones que versan sobre paranoia, amenazas difusas, la Biblia, horrores sin límite y el "hair metal" de los años ochenta. El álbum suena, naturalmente, a Mogwai, o al menos como el disco de un grupo que ha llegado a tales grados de confianza, intuición y comprensión de lo que quieren hacer, que todas las influencias y comparaciones del pasado suenan más huecas que nunca.
 

Estamos, sin lugar a dudas, ante el disco más ambicioso de Mogwai hasta la fecha: cinemático y panorámico en su enfoque y saturado en la melodía. El álbum supone un avance hacia ámbitos más sutiles. Como banda de directo se salen, y dejan a su público boquiabierto con su potencia magistral. Por esta razón, el grupo se pasará la mayor parte del próximo año metido en la furgoneta.
"Happy Songs for Happy People" se grabó en Glasgow, ciudad natal de Mogwai, en los estudios Ca Va. Las labores de producción corrieron a cargo del propio grupo y de Tony Doogan, que ya trabajó mano a mano con David Friedman en su anterior entrega, "Rock Action".

Con ocho discos de estudio en su trayectoria, el primero "Mogwai Young Team" (1997) y el último "Rave Tapes" (2014), los de Glasgow, que empezaron como trío para pasar luego a quinteto, son uno de los iconos más sólidos y perdurables del post-rock, en su caso el de la que podríamos llamar facción más cósmica. Nacidos con la intención de dar salida a lo que al principio llamaban "música seria de guitarra", lo suyo son los largos desarrollos instrumentales basados en guitarras con dinámicas contrastadas, en bajos de líneas melódicas y en un uso nada temoroso de distorsiones y efectos (o de textura electrónica, como se puede comprobar, por ejemplo, en su última entrega, “Rave Tapes”). Apoyados fuertemente en su momento por John Peel, con quien grabaron entre 1996 y 2004 siete de sus prestigiosas "Peel Sessions", han establecido con el paso de los años conexiones entre el shoegaze, el rock matemático y el arty, destilando para ello sus primeras influencias (Fugazi, MC5, My Bloody Valentine, Sonic Youth...) y sobre todo la de Slint, hasta lograr una marca distintiva. Pasan los años, pero se mantiene su envidiable madurez a la hora de encarar sus sinfonías de ruido blanco.


www.mogwai.co.uk

 

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