VÍDEOS EN INDYROCK TV
Directos de Miguel Ríos... Con Lapido; Festival Haití, En el Zaidín... y más.

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* PÁGINAS Y AGENDAS


Festival por Haití
Miguel Ríos, Rosa López, Mariola Cantarero, La Guardia, Franky Torres, Mokambo,  Juan Pinilla, Juan Habichuela, Pablo Martín, Humano, Niños Mutantes,  Mariola Cantarero, Granada Big Band, Miguel Ríos, Blues Band de Granada, La Barca de Sua, Los Angeles, Magic, Guerrero García, River, Leticia Rodríguez
Festival del Zaidín 2005
Concierto Intermon Oxfam a favor de Nicaragua + fotos y crónica
1 de Mayo 2006 Anfiteatro de Maracena Granada
conciertos en Granada ROCK AND RIOS 9-7-83

ROCK EN EL RUEDO junio-85
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Miguel Ríos
---------Fotos: González Molero / Ideal
En 1996 tuvo lugar “El gusto es nuestro”, la mítica gira de Ana Belén, Joan Manuel Serrat, Miguel Ríos y Víctor Manuel, que congregó a más de 500.000 espectadores en todo el país. El 6 de mayo Sony Music reedita por primera vez el CD acompañado del DVD oficial de la misma. 

Ahora los cuatro artistas se reúnen para celebrar este vigésimo aniversario y comprobar cómo han crecido sus canciones en la gira “El gusto es nuestro, 20 años”. Debido al éxito de sus fechas ya anunciadas del 18 (sold out) y 25 de junio en el Barclaycard Center de Madrid (últimas entradas a la venta en Ticketmaster) y del 28 de junio en el Palau Sant Jordi de Barcelona (últimas entradas a la venta en  Ticketmaster y theproject.es) se confirman nuevos conciertos: El 22 de julio en el Festival de Peralada, Girona (a la venta en  festivalperalada.com), el 29 de julio en el Coliseum de La Coruña (próximamente a la venta en Ticketmaster y Ticketea), el 31 de julio en el Festival FIM Cambrils de Tarragona (a la venta el 1 de mayo en Ticketea), el 5 de agosto en Starlite, Marbella (a la venta en starlitemarbella.com), el 16 de septiembre en Granada (próximamente a la venta), el 17 de septiembre en el Estadio de la Cartuja de Sevilla (a la venta en Ticketmaster, El Corte Inglés y riffmusic.es), el 24 de septiembre en la Plaza de Toros de Valencia (a la venta en Ticketea), el 1 de octubre en el Bizkaia Arena BEC de Bilbao (a la venta en Ticketmaster, Kutxabank, El Corte Inglés y Marca Entradas.) y el 15 de octubre en el Pabellón Príncipe Felipe de  Zaragoza (a la venta en Ticketmaster, entradas.ibercaja.es y Cajeros Ibercaja). Asimismo, Taquilla Mediaset será otro punto de venta en la mayoría de las ciudades.

Vendrán acompañados de una gran banda de músicos: Ricard Miralles, David San José (pianos), Josep Más “Kitflus” (teclados), Javi Saiz (bajo), José Nortes, Osvi Grecco, David Palau (guitarras), Vicente Climent (batería), Amado Zulueta (percusiones), Santi Ibarretxe (saxo y flauta), Patxi Urchegui (trompeta), Roberto Bazán (trombón), Marcela Ferrari y Ondina Maldonado (coros).

Se trata de una oportunidad perfecta para disfrutar en directo de canciones como “Hoy puede ser un gran día”, “Bienvenidos”, “Sólo pienso en ti”, “Santa Lucía”, “Mediterráneo”, “La puerta de Alcalá” o “Contamíname” en una gira que será irrepetible e inolvidable.
www.elgustoesnuestro20.com


La Vega y las dos caras de la luna
por Enrique Novi - IndyRock
Miguel Ríos, Lagartija Nick, Jota, Niños Mutantes & invitados 
viernes 26 de abril Palacio de Congresos y Exposiciones de Granada 


Una luna enorme, rotunda y pletórica iluminaba la Vega. Ajena, o tal vez no, a la conjura a la que algunos de los más ilustres músicos de Granada se habían consagrado para tratar de parar su lento pero paulatino entierro en cemento, contemplaba una Granada cuyo cielo brillaba con especial embrujo, como en las noches más bellas de los cuentos de Irving. En el interior de un Palacio de Congresos casi lleno, la noche comenzaba con un alegato a cargo de los promotores de esta idea. A partir de ahí la música sería la protagonista en un concierto con dos caras, como la propia luna, que basculó entre la ortodoxia de las dos primeras actuaciones y la audacia de las dos últimas. Un movimiento pendular que impidió que se dieran ambas cosas al mismo tiempo. 

En la parte amable abrieron fuego Niños Mutantes con algunas de sus más recientes canciones y la primera sorpresa de la velada llegó cuando invitaron a los miembros de Napoleón Solo a unirse a ellos para atacar, con algún verso cambiado, una sentida versión de El Río, una de las más hermosas canciones de Miguel Ríos. La ovación fue unánime cuando el propio Miguel se unió al grupo para culminarla. A la espera de su turno, se retiró y los Mutantes continuaron con Hundir la flota para terminar con una de sus canciones más dylanianas, la auto descriptiva Errante (canción mutante). 

Tras un descanso para visitar el ambigú, el decano de los músicos granadinos, acompañado por un trío de piano y dos guitarras acústicas acometió Todo a pulmón. Un Miguel Ríos locuaz y reivindicativo, que quiso poner el acento en la razón que había convocado a tanta gente esa noche, continuó con Bienvenidos, en “acústico pero con agallas”, como él mismo dijo. Vuelvo a Granada y No estás sola dieron paso a su primera colaboración, la que hizo con uno de los mejores autores del rock nacional, como fue presentado por Miguel, José Ignacio Lapido. Juntos interpretaron una de las mejores canciones de este último, En el ángulo muerto, para la que Luis Prado, pianista de Señor Mostaza y músico de confianza de Miguel Ríos hizo un arreglo guiñando un ojo al Mr. Jones, de nuevo Bob Dylan flotando en el ambiente. 

Su actuación culminó con una lectura del Mack The Knife que Miguel dedicó a Luis Bárcenas, El blues del autobús y una muy coreada Santa Lucía. A petición del respetable aún tuvo que conceder un bis con Rockandroll Bumerang. Otra pausa y ahí fue donde el concierto dio un giro hacia una música más oscura e indigesta, pero de enorme interés, que evidenció que ni a Jota ni a Antonio Arias le van los caminos trillados. Ambos, con el acompañamiento de Jota Jota, de Eskorzo a los teclados y de Antonio Lomas a la batería, rescataron La nueva reconquista de Graná del Grupo de Expertos Solynieve en clave de flamenco espacial que fue el que marcó su actuación. Continuaron con Las Alegrías de Enrique, esta vez de Los Evangelistas, y ya con Soleá Morente unida al grupo, acometieron Si tú fueras mi novio, del reciente minilp que acaban de publicar este mismo mes.

Su set se cerró con Donde pones el alma, tema del disco de Los Evangelistas, y que para la ocasión cantó con gran emoción la misma Soleá. Sin solución de continuidad, Los Lagartija Nick de 1991 arrasaron el Palacio con una selección de incunables de sus dos primeros álbumes que dejó sin respiración a la concurrencia. Desde luego, si algún chaval había entre el público que no supiera en que consiste en verdadero rock sin concesiones, la noche del viernes se llevó una lección magistral. Con los tímpanos del respetable todavía temblando, Miguel Ríos volvió para interpretar junto al demoledor cuarteto una Nueva Ola que parecía concebida por los Love & Rockets más cabreados. Y tras ella, todos los participantes volvieron al escenario para despedirse con la divertida versión Viva la Vega que han preparado para la ocasión. Así culminó un concierto muy especial e irrepetible cuyas motivaciones sería deseable que no tuvieran que repetirse.


El adiós del Jefe.
Sevilla 17 de septiembre de 2011.
Por Jesús Sánchez / IndyRock
Fotos de Ricard Mañosas.
Un buen amigo mío suele acudir a una frase muy descriptiva para explicar ciertas emociones que se experimentan en momentos de especial sublimidad rockera. “El rock se lleva en las venas”, suele decir él. Una verdad como un templo. El otro día, mientras me apretaba entre las miles de personas que abarrotaban el espacioso Auditorio Rocío Jurado, hubo momentos en que esa frase me vino a la cabeza. 

Por ejemplo, cuando Miguel aprieta los puños, encoge la cabeza, cierra los ojos y canta una nota, puedes sentir el pálpito de su sangre, bombeada sin tregua por un corazón que tiene ya más de 67 primaveras. O como cuando en mitad de una balada te parece oír un pequeño deje del lejano Mike Ríos de “Pecosita”, cosa que me sucedió mientras Miguel cantaba “Todo a pulmón”. Paranoias mías, consecuencia de un estado emocional llevado al límite tras un camino muy largo que llegaba a su final. Lo que sea. Es una de las drogas más fuertes que he probado, el maldito rock and roll. Como yonki irredento viajé a Sevilla, me pegué una buena caminata hasta lo que era la Expo, donde se ubica el Auditorio, y me preparé mentalmente para vivir un concierto que marcaría el cierre de un amplio periodo vital que para mí comenzó hace más de treinta años, aquél verano en que compré mi primera cinta de Miguel Ríos en un mercadillo de Almuñecar. Me temo que era una de esas casettes piratas que proliferaban en aquella época, pero me valió para descubrir a un artista que me empujó hacia un camino del que no me he desviado desde entonces. 

A estas alturas de la película poco importa glosar con mayor o menor acierto cómo fue el show en sí. Fue un concierto de Miguel Ríos, diantres. Todo el mundo sabe cómo es eso. La voz más grande del rock de este país, respaldado por excelentes músicos, como siempre, al servicio de un repertorio que sólo está al alcance de los más grandes. Aquí, dentro de la piel de toro, se me hace imposible pensar en otro artista que pueda siquiera resistir el fulgor de su estela. Para mí, el granadino juega en la división de los más grandes de la historia. A todos los niveles. Por lo demás, respecto a ese último show, Miguel aguantó dos horas y media sin apenas descansos. Se lo comió él solito, sin invitados, lo que fue una magnífica oportunidad de constatar una vez más que este hombre es un auténtico portento, contando además con una banda de lujo encabezada por José Nortes y que en esta ocasión contaba además con la concurrencia de todo un clásico, Carlos Narea, en la percusión. 

El repertorio fue el habitual de esta última gira. El comienzo explosivo con “Los marginados del rock” y “Memorias de la carretera”, el cañero tramo con “Bienvenidos”, “Generación límite”, “Antinuclear” y “Nueva ola”; el excelso blues con “En el ángulo muerto” y “Cosas que debo a Madrid”, el soul de la inmensa “Yo sólo soy un hombre”; las impecables e imponentes interpretaciones de los dos temas que le abrieron el camino a finales de los sesenta (“El Río” y “Vuelvo a Granada”). Y así, hasta una recta final en la que las emociones se iban multiplicando por mil, conscientes de que el final del camino estaba ya cerca. Me guardo para mí el recuerdo de esos minutos finales; solamente diré que me dio la sensación de estar asistiendo a un momento histórico, un punto de inflexión en la historia del rock de nuestro país, mientras contemplaba al gentío bailar y cantar el “Bye bye Ríos” o emocionarse junto a Miguel en “Himno a la alegría”. Fue el adiós de un grande, y la gestación definitiva de un mito. Miguel merece más que nadie el justo descanso del guerrero. 

Ha sido medio siglo de trabajo, de lucha. Ha estado por encima de críticas, zancadillas, malos tragos, momentos duros, frustrantes quiebras, difíciles amores políticos...a todo ha sobrevivido, demostrando como nadie lo que es trabajo, actitud y honra. 
Que descanses, Jefe. 



ROCK & RÍOS BAND. Sala Malandar (Sevilla) 17 de septiembre de 2011. 
Por Jesús Sánchez / IndyRock
Fotos de AlberStone.
Tras el emotivo último show de Miguel Ríos, algunos de sus seguidores nos dirigimos a la cercana Sala Malandar, donde estaba previsto que descargara la Rock & Ríos Band, un proyecto gestado a comienzos de este mismo año por un grupo de excelentes músicos que ponen esfuerzo en común para rendir tributo a la figura del granadino. Fue más una fiesta entre amigos que un show al uso. La banda la forman unos tipos cojonudos, muy buenos en lo suyo, que fueron capaces de recrear con acierto y de principio a fin el que es uno de los mejores discos en directo de la historia. 

Tuvieron además un detallazo con algunos de los miembros del foro oficial de Miguel Ríos, a los que invitaron a unirse sobre el escenario. Fue en definitiva un bonito fin de fiesta a una jornada intensa como pocas. Además de “Rock & Ríos”, nos regalaron como bonus otros temas como “Antinuclear”, “Memorias de la carretera” o “Todo a pulmón”. A todo eso hay que añadir que el final del concierto fue ya un desmadre de gente pasándose el micro, cantando los temas de Miguel en plena catarsis colectiva. Esperemos que haya Rock & Ríos Band para rato, llevando esa música tan ligada a nuestros recuerdos por todos los escenarios españoles. 
Más info: http://www.rockandriosband.com

Miguel Rios cerró la gira del adios en Sevilla el 17 de septiembre de 2011
Sevilla sfue la ciudad que cerró el ciclo que comenzó en Granada el 17 de septiembre de 2010. Y fue precisamente un año después, el 17 de septiembre de 2011, cuando ‘Bye Bye Ríos Rock Hasta el Final’, la gran gira de despedida de Miguel Ríos, bajó definitivamente el telón. El Auditorio Rocío Jurado de la ciudad andaluza era el escenario de este último concierto.


Hasta siempre, artista
Por Jesús Sánchez / IndyRock
Comentaba el protagonista de estas líneas a un periódico local, el mismo día de su primer adiós a la tierra que le vió nacer, que él no había inventado la pólvora, pero sí que había sido capaz de encender la mecha. No existe mejor manera de poner en palabras, una vez más, la trascendencia que ha tenido la figura de Miguel Ríos a lo largo de cinco décadas de rock español. Para constatarlo, solamente nos valdría remitirnos a las numerosas cimas ganadas con esfuerzo a lo largo de tantos años, sobreponiéndose a todo tipo de dificultades; pero en caso de que todavía quedase alguna duda, nada mejor que acercarse a verle en este momento final de su carrera como animal de escenario. A las pruebas me remito: ‘sold out’ total para casi todos los conciertos programados, y una expectación que por fin, salda deudas con un artista perteneciente a una estirpe que, hoy por hoy, carece de sucesión. Miguel es, probablemente, la figura más perdurable e influyente de la historia de nuestro rock. Fue grande en los sesenta, innovador en los 70, y definitivamente introdujo el rock en la sangre a toda una generación en los años 80. Es una artista total, y su ausencia, cuando esta se produzca, no hará sino acrecentar más su figura.  No cabe decir más. 

El Palacio de los Deportes de Granada acogió a diez mil personas de muy diversa índole pero con una intención común. Decir un adiós, quizás definitivo, a un artista que ha sido capaz de enganchar  a varias generaciones. Diez mil almas, apretadas como nunca, acompañaban con palmas el comienzo de un show que resultó muy por encima de las expectativas, al menos para el que esto escribe.

Con un escenario amplio, buenos juegos de luces (láser verde ochentero incluido, proyectado sobre el techo del pabellón) , y acompañado de  una banda rodada en la gira anterior, pero especialmente engrasada para estos últimos shows, aparecía Miguel en el escenario, saludando al ritmo de “Memorias de la carretera”. Comienzo habitual de sus últimas actuaciones, que da paso a una primera descarga nostálgica que nos transporta a aquellos maravillosos ochenta con “Bienvenidos”, “Generación límite”, “Antinuclear” y una sorprendentemente afinada “Nueva Ola”, que sonó como un cañón. Tal y como sabíamos, la noche depararía no pocas sorpresas en forma de apariciones de artistas que en un momento u otro han significado mucho en la carrera de Miguel. Muchos más podían haber sido (a mí especialmente me hubiera elevado a las nubes ver ahí a Salvador Domínguez, a Tato Gómez, o a John Parsons), pero los que estuvieron demostraron un profundo respeto por el jefe. 

El primero fue José Ignacio Lapido, autor de esa conmovedora “En el ángulo muerto”, interpretada junto a Miguel. Probablemente la mejor canción que haya podido cantar el granadino en el nuevo siglo. Tras Lapido, la banda abordaría “Raquel es un burdel” y “Cosas que debo a Madrid”. Momento álgido justo después, una hermosa “Vuelvo a Granada” adaptada a los nuevos tiempos (léase sin efectos Trabuchelli-Waldo de los Rios), con un Miguel profundo y emocionado, como emocionada y cálida de mostró Ana Belén interpretando junto al granadino “El Río”, con el añadido de poder disfrutar de la canción en dos tonalidades diferentes, la primera para Miguel, la segunda para Ana, con la banda construyendo un fantástico puente entre ambas. Inmensos. 

“El ruido de fondo” serviría de homenaje especial de Miguel para sus fans más cercanos (foreros de su página web). Bonito fue también ver a la joven banda interpretar “Yo sólo soy un hombre”, puro soul sesentero que sonó a gloria con las guitarras de Jose Nortes y Toni Brunet despidiendo notas funk, acompañadas de una acertada sección de metal que nos transportaba a todos a los años de la mítica sala Picadilly. Y seguían cayendo grandes temas del pasado, como “La reina del keroseno” y “Niños eléctricos”, que precedieron la aparición sobre el escenario de Gold Lake, la nueva banda de Lua Rios, que acompañóo a Miguel en la mítica “Un caballo llamado muerte”, en la que no hubo solo de flauta pero sí una genial improvisación de Carlos del Amo,  compañero de Lua a las seis cuerdas. 

Tras “Nos siguen pegando” aparecen Amaral en el escenario para interpretar “Al sur de Granada”, que inicia la recta final de la primera parte del show. Antes del primer bis, sonarían “El sueño espacial” y “Año 2.000”, unidas la una a la otra como en el mítico “Rock and Rios”, y finalmente “El rock de una noche de verano”, que abriría un pequeño descanso, merecido a estas alturas de show. 

La segunda parte de la noche arranca con Miguel invitando a Carlos Goñí para cantar juntos “Todo a pulmón”. A partir de aquí, advierte Miguel, ya va a ser todo sorpresa tras sorpresa. Y así, vemos a Carlos Tarque prestar su gran voz a la inmortal “Santa Lucía”, o a Manolo García que es recibido con la gran ovación de la noche cuando sale al escenario para cantar “El blues del autobús”. Pereza harían lo propio con “Rockanrol bumerang”, con Miguel disfrutando del duelo guitarrero montado por Rubén y Leiva. 

Momento bonito de la noche el medley de rock madrileño habitual con “Sábado en la noche”, “Mueve tus caderas” y la esperadísima “Maneras de vivir” junto a Rosendo, que se mostró también muy feliz de compartir escenario con Miguel. Como postre, todos los invitados vuelven a salir juntos para corear “Bye bye Rios”. Y aunque parece el final, no lo es, porque aun queda ese “Himno a la alegría” que hace cuarenta años supuso el espaldarazo definitivo en la carrera  de este gran tipo, que ha sabido llegar al final con la dignidad de los grandes. 

Lógicamente Miguel no corre de un lado del escenario al otro como antaño; tampoco lo necesita. Su esencia es su voz, y sobre todo unas grandísimas canciones que, se volvió a mostrar, han perdurado a lo largo de décadas. No sabemos si el adiós es definitivo, pero en caso de que así sea, hasta siempre, artista. 


Un sueño cumplido
Por Enrique Novi
Si acaso puede haber algo mejor que una noche perfecta, son dos noches perfectas. Y Miguel Ríos, consciente del privilegio, vivió emocionado la primera de ellas junto a sus paisanos con una actuación que ni soñada hubiera podido mejorarse. El primero de su gira de despedida de las tablas, fue un concierto vibrante, eléctrico, magnífico en lo visual y en lo musical, pero absolutamente insuperable en lo emocional. Con un Palacio de Deportes abarrotado como nunca antes se había visto, el intercambio de sentimientos entre público y artista trascendió más allá de las canciones para convertirse en un flujo de alto octanaje emocional tan palpable como el propio escenario. Una sensación que fue creciendo imparable conforme avanzaba la noche hasta conseguir erizar el vello de más de diez mil almas al unísono. Y eso es algo que muy pocas veces se logra en las distancias largas de un macro concierto. 

Con un escenario espectacular y sin embargo elegante, y una puesta en escena que renunciaba deliberadamente al efectismo para ceder el protagonismo a la música y a sus artífices, la fenomenal banda de acompañamiento del Bye Bye Ríos, acometió los acordes de Los marginados del rock, que sirvió de intro a la celebradísima aparición de un Miguel Ríos que fue recibido con una cerrada ovación. Con la reciente Memorias de la carretera dio comienzo al primer tramo del concierto. Sin dar respiro ni al respetable ni a su propio grupo enlazó otros cuatro temas de los ochenta en clave de rock. Bienvenidos, Generación límite, Antinuclear y Nueva Ola fueron coreados por la multitud. Miguel, con un aspecto que envidiaban todos los de su quinta y admiraban los muchos seguidores de generaciones posteriores, demostró estar en plena forma física y vocal, algo que a pesar de su intento de no distraer casi nadie se privó de comentar. 
Tras esa primera acometida, llegó la pausa para presentar a José Ignacio Lapido. Con el que fuera líder de los 091 se inició la serie de colaboraciones, algunas rumoreadas en las inmediaciones del recinto y otras que supusieron una auténtica sorpresa para la mayoría. Juntos cantaron, como no podía ser de otro modo, En el ángulo muerto. Fue una de las pocas ocasiones en que el invitado dejaba su sello impreso en el repertorio del viejo rockero, acercándolo a su terreno. Así es la personalidad de Lapido. 

Despedido su paisano, el concierto continuó con una marcha menos al ritmo de Raquel es un burdel, Cosas que debo a Madrid, una Vuelvo a Granada que fue recibida como el regalo de un hijo, y No estás sola. Llegó entonces la sentida presentación que hizo Miguel de su amiga Ana Belén con la que interpretó otro de sus éxitos ineludibles: El río. Tras ella la banda volvió a meter la quinta para seguir con El ruido de fondo, una versión de Yo solo soy un hombre con arreglos soul que sirvió para el lucimiento de su sección de viento y en la que el granadino emuló al mismísimo James Brown. La reina del keroseno y Niños eléctricos precedieron otra de las colaboraciones más cargadas de simbolismo. Junto al grupo Gold Lake, interpretó Un caballo llamado muerte. Si Miguel tuvo la elegancia de no mencionar la relación de parentesco que lo unía con su cantante, una tal Lua, no seré yo quien desvele el misterio, por más que gran parte de la concurrencia lo sospechara. 
Con el pabellón entregado, se sucedieron Nos siguen pegando abajo, Al sur de Granada (a dúo con Amaral mientras se proyectaban unas vistas de Pitres), y un medley con El sueño espacial y Año 2000. 
Una apoteosis que culminó con El rock de una noche de verano. Aún quedaban los bises y con ellos algunos de sus clásico más esperados: Todo a pulmón con Carlos Goñi, Santa Lucía con Carlos Tarque de M Clan y El blues del autobús para la que llamó a Manolo García. Después un nuevo volantazo para pasar de los medios tiempos al rock and roll, que comenzó con Pereza acompañándolo en Rocanrol bumerang, y que continuó con un regreso a sus orígenes: Sábado a la noche y Mueve tus caderas antes presentar a una excelente banda y despedirse para siempre. Como sorpresa final recibió a uno de los colaboradores más ovacionados de la noche, el bueno de Rosendo con el que todo el auditorio cantó Maneras de vivir. A ellos se unieron todos los que habían pasado por el escenario para cantar el tema que da título a la gira, Bye Bye Ríos. Una vez dicho el adiós, nadie quería moverse sin cantar a coro el himno que puso el nombre de Miguel Ríos en las listas de medio mundo. Y así, el paisano volvió a tomar el escenario para cantar con su público El himno a la alegría. Fue el perfecto colofón a un concierto, a una noche, a una carrera que nadie en Granada olvidará. 
Un sueño cumplido.


«Hoy la música se convierte en solidaridad»
Entrevista por Juan Enrique Gómez - IndyRock
Fotos: Merche S. Calle / IndyRock / Festival por Haití


Es el gran mito del rock nacional, y además el más grande de los roqueros con Granada como denominación de origen. Medio siglo de canciones, proyectos y carretera ha dado a Miguel Ríos un puesto de honor en el Olimpo de la música popular. Y ahí sigue, con más fuerza que nunca y a pesar de que anunció que dejaría los escenarios en el pasado mes de agosto, como él mismo dice, quedan muchas plazas que visitar y, en esto del rock, mucha gente de la que despedirse. Una de esas plazas,  y de las que más ilusión hacen al artista granadino de todas las décadas, es su participación en el festival en beneficio de Haití, hoy en el Palacio de los Deportes, donde asegura que pondrá toda su fuerza y actitud rock. Miguel Ríos hace un llamamiento a los granadinos. «No nos olvidemos de Haití»
_–Sé que actuar en Granada tiene siempre un «valor» añadido para ti, pero ¿qué supone hacerlo para una causa tan importante como ayudar a Haití? 
–Por lo que sé del elenco con el que voy a compartir el escenario del Palacio de Deportes, para todos Granada es nuestro lugar ‘especial’ a la hora de tocar. Por eso, esta reunión de artistas granadinos, tiene un plus emocional que hará un gran espectáculo. Sobre todo si se le añade el vínculo más importante, el motivo fundamental de esta reunión solidaria, Haití.

–En el festival habrá poco tiempo para cada artista, pero a pesar de ello, supongo que tu actuación será especial ¿Qué canciones podremos corear contigo en el Palacio de Deportes? ¿Tendremos alguna sorpresa para esta ocasión?
–Son tantas las necesidades después de la catástrofe, que los granadinos, siempre generosos, deben acudir en masa en ayuda al pobrísimo pueblo haitiano. Creo que la variedad de estilos que concurren en el festival, puede dar una idea de cual es la actualidad de buena parte de los artistas granadinos de ahora. Yo actúo con la Granada Big Band y sobre lo que voy a cantar sólo lo sabrán quienes compren la entrada.

–El hecho de ser la gran referencia del rock de este país ¿es un peso difícil de llevar?
–No, para nada. El rock patrio reparte su peso en muchas espaldas. Lo difícil es ser voluntario de la Cruz Roja, o de otra ONG, y trabajar todos los días por los demás, sin esperar más recompensa que el ver como los seres humanos viven con dignidad. No es caridad lo que los mueve, sino el deseo de justicia social. La caridad deja muy bien al que la hace, pero la solidaridad al que la ejerce y al que la recibe.

–Recuerdo tus conciertos en Granada con el ‘Rock en el Ruedo’ y ‘Rock and Ríos’ ¿Cómo es posible mantener la actitud y la fuerza después de tanto tiempo?
–Todo pasa y todo queda, decía Machado. Creo que rock cumple una función social, además de rellenar muchas otras emociones, y el saberme parte de esa tradición me ha dado un plus de resistencia.

–En agosto de 2009 anunciaste la retirada de los escenarios, lo que le da un gran valor a tu participación en el festival por Haití, pero supongo que seguirás con apariciones puntuales
–Lo que anuncié con ?Memorias de la carretera’ era el principio del fin de las giras... Todavía me quedan algunos compromisos que cumplir, ciudades que visitar. Es lo que tienen 50 años de rock and roll, mucha gente de la que despedirse.

–Granada ha sido siempre una buena cuna para el rock, pero ¿Cómo ves el panorama actual de la música ‘made in Granada’?
–Sí, Granada siempre prolífica en modernidades y tradiciones. El antiguo conflicto en esta tierra parece coexistir sin dramas insalvables. Por desgracia no estoy muy puesto en el rock local y, por lo tanto no tengo opinión. Me gusta mucho El hombre garabato, pero yo sabiendo que Lapido está en el estudio grabando nuevos temas ya soy feliz. Pero, no nos olvidemos de Haití.
Febrero 2010



Festival del Zaidín 2005
Fotos Merche S Calle © IndyRock 
Festival del Zaidín, 25 aniversario, Fotos y crónicas



conciertos en Granada ROCK AND RIOS 9-7-83
ROCK EN EL RUEDO junio-85

Fotos J.E. Gomez - Indyrock



MIGUEL RIOS, VUELTA A GRANADA, SIGLO XXI
Solidarios y entre amigos
6 de junio 2003 - Palacio de Deportes
Por Jesús Sanchez - IndyRock
Que qué hace un crítico de rock (permitáseme la expresión) en un concierto de Miguel Rios en 2003 es algo que mi cabeza sólo puede asimilar recurriendo a un exhaustivo ejercicio de nostalgia que no conviene desarrollar en estas líneas. Pero al menos, ponderemos con justicia el valioso pasado de un tipo que supo aguerrir miles de almas hace veinte, treinta y hasta cuarenta años a base de importar músicas ajenas a un país tintado de folclore tardofranquista primero y goloso de rock de arena veinte años después. Rios, casi en sus sesenta años, volvía a Granada para apoyar a la ASPACE en un concierto que casi llenó el Palacio de Deportes. 

   El consabido comienzo con "Bienvenidos" y "Rock and Roll Boomerang" dio pié a un repaso algo inexacto de los meritos contraidos por el granadino y la bien ensamblada Big Band (bordaron "Fever", y "Mack the knife", ambas en versión latina). A pesar de los buenos (y clásicos) momentos conseguidos con "No estás sola" o "Año 2000", la fiesta se hizo algo pesada al menos para mis ya demasiado electrificados oídos,  con la intervención de invitados como Balboa, Raúl Alcover o Raimundo Amador. Ni que decir tiene que el set estaba inteligentemente salpicado de obras que indiscutiblemennte forman parte de lo mejor que se compuso en nuestro país entre el  setenta y el final  de los ochenta. Temas como "Todo a pulmón" fueron bien recibidos; y qué decir de la preciosa "Santa Lucía".  Con el "Blues del autobús" (dueto con Victor Manuel algo cutre, por cierto) se puso fin a la parte más o menos previsible del concierto, que fue liquidado en una recta final que contó con la presencia de los Ketama con Juan Habichuela al frente; apareció también Ana Belén para completar la nómina de amigos del titular. Miguel volvió al escenario para cumplir con un medley de rock de los 50 a base de Little Richard, Elvis y compañia. Después, el "Himno a la alegría" dió paso la consabida "Vuelvo a Granada" que aunque arreglada para la ocasión, desmereció a la fabulosa original. En definitiva, pese a algunos cincuentañeros que me increpaban por fumar, pasé un rato agradable. Indudablemente lo mejor fué la fabulosa ejecución de la Big Band, una formación de lujo acompañando a un tipo que lo ha sido casi todo y que en mi humilde opinión debería replantearse dejar de repetir fórmula, filias, amiguismos y gestos políticos (incluídas las alusiones a ciertos ministros) para, aun desde su actúal papel de crooner de una época, afrontar el futuro de una manera más enérgica y menos convencional. Aun quedamos algunos que no olvidamos un pasado fiel a un movimiento que tan sólo se vislumbra en el treinta por ciento de su repertorio. 
Si el rock and roll es un boomerang, Miguel, ¿volverá?.



Miguel Ríos, nuevos temas y versionea sus favoritos con un nuevo disco
Cuatro años después de su último álbum de estudio, Miguel Ríos vuelve con "Solo o en compañía de otros", que saldrá a la venta el 28 de octubre. Para este disco, Miguel nos ofrece un repertorio variado de, como él mismo cuenta, canciones que le hubiese gustado componer a él y que ahora hace suyas en una gran interpretación, canciones grabadas en discos colectivos, de tributo o colaboraciones, y varias grabaciones nuevas, entre las que destaca un tema compuesto por Miguel junto a Carlos Raya, un himno Rock, "Memorias de la carretera", donde cuenta a modo de fotogramas sus muchas experiencias vividas en la carretera.

Al igual que "Memorias de la carretera", también ha grabado, bajo la producción de Jose Nortes (Ariel Rot, Quique González, etc) varias canciones de autores como Quique González (Restos de Stock, Bajo la lluvia), José Ignacio Lapido (En el ángulo muerto), Pedro Guerra y Ángel González (Donde pongo la vida.) Para estos temas se acompaña de músicos de nueva generación, como los valencianos Señor Mostaza, el guitarrista Javier Pedreira,  el batería Danny Griffin, más los coros de Txetxu Altube (Los Madison). Un álbum imprescindible y esperado para el público que aún conserva el gusto al rock, algo que sin Miguel Ríos sería imposible de entender. www.warnermusic.es 


Ríos: de rock El tributo de la Música a Miguel Ríos
El primer disco tributo que se hace al artista Granadino Miguel Ríos. Un disco Homenaje que se produce bajo un pequeño sello independiente "Canalla Records" y que se lanza al mercado con la única pretensión de que sea escuchado. El proyecto nace para dar la oportunidad a grupos noveles de demostrar su respeto hacia el rock y la música de Miguel, pero a raíz de esto se empieza a unir nombres como Obús,
Javier Andreu (La Frontera) y Medina Azahara. Esto hace que el proyecto crezca notablemente y lo que iba a ser un modesto disco se ha convertido en un disco capaz de competir con la mejor de las producciones. Para ello su productor, Daniel Blanco, no ha escatimado en medios para que esto sea así y cabe destacar la participación en el proceso de mastering del prestigioso Bob Katz, Jesus Yanes o Francisco Simon (Red House). Un trabajo que ha costado mucho llevar adelante, muchos contratiempos y muchos baches salvados. Un trabajo muy bien hecho que dará que hablar y que esperamos que sea de
vuestro agrado. El 20 % de los ingresos generados se destinaran a la asociación ASION (Asociación de Padres de Niños con Cáncer).

Repertorio:
1. Bienvenidos (todos juntos)
2. Vuelvo a Granada (Obús)
3. No Voy en Tren (Sol Lagarto)
4. Mientras el Cuerpo Aguante (Dardem)
5. Santa Lucia (Paraelissa)
6. Año 2000 (Rexina)
7. El Ruido de Fondo (Caldo Magno)
8. El Río (Javier Andreu)
9. Reina de la Noche (Carolina del Sur)
10. Himno a la Alegría (Medina Azahara)
11. Directo al Corazón (No se lo Digas a Mama)
12. El Blues del Autobús (Arma Letal)
13. Cosas que Debo a Madrid (Red House)
Bonus Track. Te debíamos una Miguel (Fernandisco)
Producido por Daniel Blanco en los estudios de Canalla Records y
masterizado por el maestro Jesús Yanes en El Jardín Paramétrico



Tributo a Miguel Ríos Ríos: The Rock Canalla Records 2008
por Diego Soto- Indyrock
Este trabajo recopilatorio, supone un sentido homenaje a Miguel Ríos,  por parte de  grandes bandas del pop-rock español. Elenco de nombres que versionan y tributan temas al más puro rock&roll. Entre éstos están desde los míticos y señores Obus, interpretando uno de los temas que hicieron a Miguel llegar a lo más alto, es decir, 'Vuelvo a Granada', seguido de el magnífico grupo  Sol Lagarto con una amena versión de 'No voy en tren' o los inconfundibles Dardem, venidos del trip hop, que tributan sin complejos a Ríos en su tema 'Mientras que el cuerpo aguante'. 
Un proyecto en el que además ha colaborado Fernandisco o  Medina Azahara, entre los artistas más conocidos. El disco comienza con una de las mejores versiones del mítico tema 'Bienvenidos' interpretado conjuntamente por todos y cada uno de los integrantes de este proyecto que unen sus voces en la interpretación vocal. Un trabajo cargado de energía por parte de todos aquellos que han  tenido como referente a Ríos y es que este disco, sin juzgar si su producción o elaboración es la mejor, supone un homenaje de todos sus amigos como bien defiende  Fernandisco, «te debíamos una Miguel». 
En definitiva, una de las sorpresas del año para los románticos del rock español que podrán degustar todos aquellos temas, catorce en este álbum, con los que disfrutaron en su día. Miguel Ríos se presenta como la figura sobre la que han mamado los que se han aventurado por la emergente senda del Rock&Roll en este país.
Biografía

Miguel Ríos nació en Granada el 7 de junio de 1945. Fue el menor de siete hermanos en una modesta familia en la que el padre moriría muy pronto, para mayor zozobra de la madre y las cinco hermanas que lo criaron. Debutó en Radio Granada muy jovencito. Con diez u once años su hermano le «sobornó» para que interpretase en las ondas Granada, dedicándoselo a su chica. Y Miguel lo hizo, por tres pesetas, y fue un exitazo. 
En cuanto pudo, a los diecisiete años, viajó a Madrid y entre ilusiones y penurias en 1962 ya se llamaba Mike Ríos y era El Rey del Twist según su casa discográfica. En la década de los sesenta nos regala Popotitos, El Río, Vuelvo a Granada y otros mil temas propios y ajenos, y para remate un éxito mundial, que aún dura: el Himno a la Alegría. En esos diez años el a la vez tímido y osado adolescente se ha transformado en un sicodélico artista entregado a la causa del amor, la paz y la revolución del power flawer. Su presencia es habitual en la tele y la radio, y es célebre y querido en todo el mundo, desde Alemania, donde saludan su homenaje a Beethoven, hasta la Ciudad Deportiva del Real Madrid, donde juega pachangas con sus amigos Puskas, Rial, Santamaría y Di Stéfano. 

En los setenta el Miguel hippy, sin dejar de serlo, se convierte ya para siempre en el Miguel políticamente comprometido. Pasó un doloroso mes en la cárcel de Carabanchel por posesión de hierba y enseguida vivió, como toda España, el gran cambio. Es la década de El rock de la cárcel, los Conciertos de Rock y Amor, La huerta atómica, que él mismo tiene por tema ecologista avant la lettre, Al-Andlus, precursor de la fusión del flamenco y el rock, para acabar con La Noche Roja, primera de sus grandes giras con las que romperá moldes, colocándose al nivel de los grandes artistas internacionales. Y confirma el éxito con Los Viejos Rockeros nunca mueren y El Rock de una Noche de Verano, espectáculos aún recordados por sus muchos seguidores. 

En los ochenta, tiempo de El Blues del autobús y el Rock&Ríos, organizó la asombrosa gira Rock en el Ruedo y grabó otro disco memorable, El Año del Cometa; promovió los Encuentros de Rock Iberoamericano, hizo en la tele Qué noche la de aquel año y desembocó en los noventa con Directo al corazón. Ya era desde hacía años un viejo rockero de los que nunca mueren. Y por eso siguió muy vivo en los noventa, que son los de la gira El Gusto es Nuestro, con Ana Belén, Víctor Manuel y Joan Manuel Serrat. Siempre creativo e inquieto, fundó un sello discográfico, se lanzó al experimento de Big Band Ríos y junto con Ana Belén grabó canciones de Kurt Weill. 

Amigo y colaborador de Sabina, de Rosendo, de Fito Páez, de los Maná, se inventa un espectáculo con hologramas, que por cierto da pie a uno de los más deliciosos pasajes de sus memorias, hace otro programa de televisión, esta vez en Canal Sur y acaba recibiendo premios de todo tipo de instituciones, entre las que no faltan el gobierno de Aznar y el rey don Juan Carlos. 

El milenio arrancó para Miguel con su simbólica vuelta a Granada, el disco y la gira Miguel Ríos 60mp3, el disco Solo o en compañía de otros y mil actividades más que es imposible resumir en unas pocas líneas. 

Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo, premio Ondas, Hijo Predilecto de Granada… se retiró con una gira mundial en 2011 que concluyó la noche mexicana en la que empieza y termina este libro que es una formidable gira literaria, deliciosa tournée alrededor de una vida 


Miguel Ríos publica sus memorias
La editorial Planeta lanza al mercado (10-09-2013) 'Cosas que siempre quise contarte', el libro de memorias de Miguel Ríos (Granada, 1944), cantante y compositor de rock, pionero y referente de este género musical. El precio al público del libro, editado en rústica con solapas, será de 19.90 euros, mientras que su edición electrónica podrá obtenerse por 11.90.
En activo desde los años 60, cuando fue conocido como Mike Ríos, 'el Rey del twist', alcanzó su mayor éxito en 1970 con el 'Himno de la alegría', que vendió millones de discos en todo el mundo. Su álbum más vendido ha sido 'Rock and Ríos', un doble directo editado en 1982. Cinco años más tarde presentó en Televisión Española el programa ¡Qué noche la de aquel año!, un repaso por la historia de la música rock en castellano.
El 7 de junio de 1944, un día después del desembarco aliado en Normandía, empezó la historia que aquí nos cuenta su protagonista, en la que evoca con extraordinaria frescura los tiempos en que bailar el twist era cosa de endemoniados y hacer el amor en Granada no era un pecado, sino un milagro; y los años asombrosos que siguieron, en los que todo cambió.
Miguel Ríos vuelve la vista atrás y repasa una vida llena de éxitos y tropiezos, amores y desencantos

El mejor prosista de los rockeros
Fue el día D + 1. El mundo miraba a las playas de Caen y Cherburgo cuando el pequeño Miguel desembarcaba discretamente en un barrio popular granadino. El 7 de junio de 1944 empezó la historia que aquí nos cuenta su protagonista, revelándose como el más cordial de los radicales, el más expresivo de los discretos y tal vez el mejor prosista entre los rockeros.

Miguel Ríos pisa fuerte en el arranque de este concierto literario, con una cita de Antonio Gamero: «No les cuentes tus penas a tus amigos, que los divierta su puta madre». Pero no hay que alarmarse: nos divierte, y mucho, porque evoca con extraordinaria frescura los tiempos en que bailar el twist era cosa de endemoniados y hacer el amor en Granada no era un pecado, sino un milagro; y los años asombrosos que siguieron, en los que todo cambió. El relato empieza en México, en 2011, en la noche sobrenatural del último concierto. Miguel vuelve la vista atrás y repasa una vida llena de éxitos y tropiezos, amores y desencantos. Quien lea estas maravillosas páginas se encontrará con mil celebridades y un sinfín de personas que no son famosas, pero sí decisivas para un músico comprometido, enamoradizo, torrencial y a la vez sereno. Como diría su amigo Ángel González, donde pone su voz se pone entero.

Casi una novela
Este un libro de memorias, pura realidad, pero podría ser una novela. Una imaginativa, trepidante y fecunda obra de ficción. Y no porque el autor sea un exagerado o un novelero a la hora de contar su vida, sino porque su vida ha sido extraordinaria.

Pero no se engañe el lector: este no es un libro de música. Tampoco es un manifiesto rockero. Es un libro de vida, amor, humor y compromiso en el que, cómo no, Miguel habla de música y lo hace con un estilo que bien podría calificarse de prosa con ritmo de rock and roll. Y puesto a no llamarse a engaño, el lector debe saber también que no es un libro de memorias al uso. No hay en sus páginas autobombo ni complacientes justificaciones, y menos aún ajustes de cuentas. Por él no desfilan muchos personajes, sino muchas personas, todas ellas, amigas y no amigas, tratadas con el respeto propio de un hombre en el que la combatividad nunca estuvo reñida con la cordialidad.
La vida de Miguel Ríos es la vida de la España de las últimas seis décadas. Al seguir sus pasos, seguimos también los nuestros, pues al fin y al cabo el que no abrió los ojos al mundo tarareando Popotitos, lo hizo silbando el Himno a la Alegría o bailando El Blues del autobús.

Miguel no sorprende al lector con morbosos cotilleos, sino con deliciosas historias de su propia existencia, narradas con una prosa, esta sí, sorprendente. En estas páginas el viejo rockero se nos revela como un excelente prosista cuyo estilo desprende el aroma de la creatividad que siempre estuvo presente en su vida y el gusto por la poesía que se le conoce desde hace tantos años. Abre y cierra cada capítulo con una cita casi siempre literaria, las más de las veces poética. Escribe con naturalidad y humor, y con la verdad por delante, aunque esta no le deje en buen lugar. Y cuando la verdad puede hacer daño a otros, mejor pasar de largo que mentir.

Hecha esa salvedad, todo lo afronta: amores y desamores, triunfos y batacazos, la amarga experiencia carcelaria, los viajes iniciáticos Madrid, a Barcelona, a Canadá, a Tokio, a Estados Unidos, a Venezuela, a México, las peleas con los representantes, las disputas con el concejal cutre y el capitán pagador tacaño, las exaltantes y peligrosas experiencias con las drogas… Siete décadas de existencia y más de medio siglo de rock dan para mucho. En estas páginas está la prueba..



http://www.miguel-rios.com/


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