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Sonorización. Sincronización. Separación. 
Crónica por Rita Robles (enviada especial)
Palabras nuevas para nuevas fronteras tridimensionales. El Sónar no es un festival al uso, veraniego o dominguero, pertenece a la ciudad, a un ambiente cosmopolita donde las tribus se homogeinizan, se funden, donde las edades se difuminan e introducen en carpas restallantes de aguijones punzantes o beats melosos. Donde el individuo no está machacado por las máquinas, o aplastado por grandes personalidades pop. La música electrónica está conectada a los sentimientos, a la química del cuerpo, a la apertura de mente, al movimiento del engranaje de los sentidos. 
Las máquinas al servicio de la biología. Encuadrado en el complejo del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, la entrada al Sónar a través de un portal oscuro, empedrado, fresco desemboca en un pequeño patio, enmudecido por una blanca calma...y el sonido empieza a flotar hacia ti. Los escenarios son escasos, minimalistas, y escondidos. 
No hay grandes extensiones, ni cientos de personas inundando cada pequeño espacio disponible cerca de los escenarios donde los DJs juegan austeramente. Nadie parece prestar demasiada atención a la persona física, sino a las vibraciones de la música. Más prensa que otra cosa por las tardes rondando por el Sonarvillage y el escenario del Hall. Artistas como Ryoji Ikeda, Gak Sato o los españoles Mastretta -un grupo de imaginación colorista y peliculera sentaron a la gente sobre el verde césped artificial que cubría el Hall, mientras nadie realmente prestaba atención a nadie excepto a un soporífero y delicioso relax. De acuerdo que la fuerza e innovación de la música electrónica rompe desde Alemania, pero proyectos de Japón, España, Francia o Portugal tienen una fuerza y una forma nueva y menos árida de enfocarla. 
Escaparate de sonidos. Y a partir de las once de la noche, la preparación de lo que es la gran fiesta del Sónar. Junto al mar y lejos de las bulliciosas calles veraniegas de Barcelona, comienza la fiesta en el Pabellón de la Mar Bella. Un impresionante complejo deportivo lleno de fusiones eléctricas, magnífico sonido y dinosáurico aspecto. Llegar cerca del mar, sortear a los traficantes químicos, acechantes, abiertos, desenfadados, y de nuevo la estrechez del espacio al acercarte a la gran nave rave.
Cuaderno de Bitácora: 
17 de junio. Viaje estelar de verano. A las cinco de la mañana, entrar en el Sónarclub era como hacerlo en un templo, repleto de devotos contorsionistas, con la mirada perdida, extasiados, drogados, gesticulantes.....ningún lugar concreto al que dirigir la mirada, ningún director de orquesta, como en una montaña rusa, como en una gigante piscina de extremidades sudorosas -repleta hasta los bordes- una nueva religión parece estar teniendo lugar. Es una de las mayores performances que la música ha creado hasta la fecha.
La gente fue el espectáculo en sí. Poco importa la variación de los DJs, ni sus nombres, que se sucedían de hora en hora, porque la música, repetitiva y sin alma, es la que dictaba las mínimas variaciones en aquella batalla de luz. Algo digno de verse. Junto a la masa tecno, el pequeño escenario del Sónarpub que se llenó de sonidos dance más armoniosos, y cuidados, más en consonancia con la gente, que atravesando de un lado a otro de aquella zona hacia los bares donde te masacraban por una mísera botella de agua, terminaba enganchada a los ritmos de Tikiman, Kojak o Kings of Tomorrow. 
Un continuo desfile de freaks a la "última", amables pero distantes. Hay un toque naif y un tanto inocente en un festival como éste; coches de choque junto a la carpa Sónarpark. Allí, un toque algo más variado, desde el hip hop de los "Sólo los Solo", con un impecable sonido y una dicción que para sí quisiera Jorge Sanz, hasta el Drum and Bass, Jungle o más cuidado Djing; grupos como Grooverider, We o Scratch Perverts, competidores de vinilo que se quedaron sin concurso. Poco apretujamiento y espacio para disfrutar de cerca y lejos. Un lujo de festival para la fiesta del baile, donde las estrellas no existen, mezcladas con el personal, inmunes pero no inertes, poco ego y amor por una forma de expresión y movimiento que constituye por sí misma una forma de evasión como ninguna otra: libera el cuerpo y la mente.....aunque aún haya gente que cree que la química tiene mucho que ver con el tema.

 


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