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FOTOGALERÍA, PALACIO DE LA ÓPERA, A CORUÑA. FOTOS: JORGE GRAÑA * ADG MEDIA





ANDRÉS CALAMARO



HISTÓRICO EN INDYROCK

CRÓNICAS, FOTOGALERÍAS, COMENTARIOS

Granada, sala Industrial Copera, 4 junio 2011 
Granada 24 mayo 2008  Una noche con el salmón
14 de junio 2006 Palacio de Congresos Granada
En el Estadio de Obras - Buenos Aires - 17 diciembre 2005
El Samón por Calamaro
18-4-99 Palacio Deportes, Granada
+ Bob Dylan
Calamaro: Biografia
  por Ricardo Moyano 



Foto: Jorge Graña

Andrés Calamaro: ¿“Crooner” o rockero?
Crónica Por Manuel García Solano - IndyRock
Fotos Jorge Graña / ADG MEDIA


4 de junio 2016 Palacio de la Ópera de A Coruña
Organiza Cávea Producciones
Anda Calamaro, Don Andrés, inmerso en una gira, denominada “Licencia para cantar”, cuyo planteamiento, acompañado por piano, contrabajo y percusión, hace atractivo un acercamiento a su repertorio con una perspectiva diferente.
Reconozco que soy devoto del Calamaro de Los Rodríguez y de los dos primeros discos de su segunda etapa en solitario, sobre todo de “Honestidad brutal”, a mi modesto juicio, su obra maestra y, si le quitáramos alguna de las 37 canciones que lo componen, uno de los mejores álbumes de la historia en la música cantada en español. Y me interesaba el enfoque que algunas de esas canciones podía tener con un formato diferente.

Abrió la velada, que se convirtió en un homenaje a varios fallecidos recientes como Muhammad Ali, Prince o “El Pana”, con una buena ración de piezas de “El cantante”, como “La libertad” –impecable el guiño de incorporar el “Purple rain” de Prince como tributo-, “Estadio Azteca” y “Algo contigo”. Ese disco de 2004 marcó el acercamiento de Calamaro a los cancioneros ajenos y una menor inspiración desde entonces con sus temas propios. Esa inmersión en las canciones de otros tiene algunos resultados interesantes, pero parece menos enriquecedora que cuando recurre a sus temas propios, a pesar de que, también es cierto, sus grandes canciones cada vez son más esporádicas.

Y en difundir algunas piezas del tango y la música de sus mayores pasó Calamaro  parte de la cita. Es encomiable que se erija en didáctico “crooner” de éxitos pasados, sazonados con algunas simpáticas anécdotas, pero lo cierto es que el espectáculo, por momentos, se resiente. Y eso pese a que la labor del trío de músicos, con el pianista Germán Wiedemer como referente, fue impecable.

Aunque habrá devotos de esa vertiente, uno disfruta más de “Carnaval de Brasil”, sazonado con el “Imagine” de Lennon, o la maravillosa “Para no olvidar”, que sirvió para enfilar la recta final del recital y desperezar a los que aguardaban por algunos de sus clásicos. Porque, aunque no discuto que muchos asistentes disfrutaran en la primera hora de concierto, el verdadero gozo colectivo se abrió con esa deliciosa pieza de Los Rodríguez, a la que siguió “Flaca”.

El nivel se mantuvo en la parte del bis, aderezado con anécdotas y el recuerdo para “El Pana”, torero mexicano del que Calamaro era admirador declarado. Recuperó “Paloma” –con un nuevo guiño a “Purple rain”-, “Mi enfermerdad”, “Cuando te conocí” o “El tercio de los sueños” y muchos se regocijaron con el retorno del mejor Calamaro, algo tarde pero a tiempo de salvar la noche.


 

Calamaro - Sala Industrial Copera 4-06-2011 - Foto: Francisco Ortiz - Ideal 
 
CALAMARO SIGUE HACIENDO DE LAS SUYAS
por Luis Miguel Albarracín - IndyRock
Granada, sala Industrial Copera, 4 junio 2011 

   No prometía mucho la velada pocos minutos antes de que comenzara el show. Sin demasiada gente todavía en la sala, podía ser que el tiro saliera por la culata y la llegada de Calamaro a la capital nazarí se quedara en agua de borrajas. Pero para nada fue así. A las diez de la noche el lugar presentaba un gran aspecto, y una gran noche de puro rock and roll llegaba por delante. En un escenario quizás demasiado pequeño para tanto músico se creó un ambiente imposible de parar. Con una mezcla de “Quién asó la manteca” y “Alta suciedad” se dio el pistoletazo de salida a la gran noche de los sueños perdidos y a la vez encontrados. 


Calamaro - Sala Industrial Copera 4-06-2011 -
Foto: Francisco Ortiz - Ideal
Con las primeras canciones Andrés se metió a todos sus seguidores en el bolsillo, y la verdad es que no era para menos. Llegaron “El salmón” y “Los divinos”, en las dos con Calamaro tocando el órgano, y desde ese momento todo fueron dedicatorias y momentos de comunión con el público. Con “Mi Cobain” llegó el saludo para Los Planetas y Enrique Morente, un hermano para él, muy emocionado por lo sucedido al cantaor granaíno. También desgranó “Mi propia trampa” y “No sé olvidar”, con la que presentaba su último trabajo discográfico (“Salmonalipsis Now”). Y una nueva dedicatoria, en esta ocasión a Joaquín Sabina, y esta vez con la guinda de presentar un tema rodriguiado que gana con el paso de los años (“Todavía una canción de amor”). La noche se pasaba volando, no apta para andar despistado y perderse alguno de los muchos detalles que se sucedían; entre ellos las distintas poses del cantante, lo que le da un plus al espectáculo. Y seguían cayendo más y más temas que se mantendrán en el imaginario colectivo para siempre. Fue el turno de “Tuyo siempre” (con Calamaro tocando un cencerro), y una de las joyas de la noche, “Estadio Azteca”. Algo tiene este tema que lo hace especial ante los demás, una luz ilumina los rostros de los que la escuchan, y nada vuelve a ser igual. 

   El repertorio en general estuvo bien elegido, y aunque se colaban algunas canciones no tan conocidas por su público, servían para que descansaran en parte los corazones y los pies, mientras se preparaban para las nuevas joyas que estaban por llegar. Qué decir de “Te quiero” y un nuevo guiño a sus queridos Rodríguez con “Siete segundos”. Uno de los momentos para recordar será la interpretación de “El día que me quieras” con Andrés acompañado únicamente de un órgano, que hizo las delicias de todos los presentes. Sirvió para que la banda se oxigenara un poco y volvieran de nuevo al ruedo. Con el Niño Bruno a la batería, Candy Caramelo al bajo, Julián y Diego García en las guitarras, y Alfonso “Al Pacino” Pérez en el órgano, las canciones sonaron sólidas y con la calidad suficiente que de ellas se espera. 

  Ya con la banda al completo sobre el escenario llegó el momento de “Ansia en Plaza Francia”, que esta vez dedicó al maestro Ortega Cano. “Corta pero ancha” y “Cien pájaros volando” sirvieron para que el barco hiciera una nueva parada en el puerto de Los Rodríguez, esta vez con uno de sus éxitos más aclamados (“Sin documentos”). De nuevo se acordó de más amigos, en esta ocasión de algunos que ya no están entre nosotros, los que se fueron con la música a otra parte, como es el caso de Julián Infante, Guillermo Martín y El Pato. 

   Para el final del show quedaba poco, y era una verdadera pena, porque Calamaro estaba especialmente fino, y con su look a lo John Rambo su gente tenía más ganas de guerra. Llegaron “Los chicos”, “Días distintos”, y como broche “Paloma”, otra de esas composiciones que algo tiene para que el tiempo se pare y se llene todo con su melodía y su letra. Con un público que ya cantaba a grito pelado “Estadio Azteca” antes de que comenzara la noche, y tras una hora y veinte minutos de pura efervescencia rioplatense llegaba la despedida y la correspondiente aclamación popular para que aquello no se terminara tan pronto. 

   Y el bis, aunque corto,  resultó muy efectivo; aunó de nuevo a todos los salmones para deleitarlos con “Crímenes perfectos”, otra de sus composiciones mágicas. Y como no podía ser menos, “Flaca”. Seguramente la canción de su repertorio más conocida por el gran público. Unas pocas entregas más de su ya larga trayectoria hubieran sido acogidas con los brazos abiertos por todos, pero no hubo tiempo de más. 

   Andrés Calamaro sigue sumando y manteniendo una carrera que tiene diferentes estilos y una variada paleta de colores, con todo tipo de audiciones para los momentos malos, buenos o regulares, así que por el momento continuará siendo la banda sonora de muchas personas.


Otra noche con el salmón
Granada 24 mayo 2008 
por Luis Miguel Albarracín - IndyRock
Calamaro volvió a dar otra lección de cómo ser músico y no morir en el pentagrama. Aunque la hora de comienzo se alargó muchísimo (casi dos horas), y pese a no contar con telonero como se anunciaba en el cartel publicitario, el bueno de Andrelo dejó satisfechos a todos. 
Con una banda de auténtico lujo, en la que puede contar con la presencia de Candy Caramelo al bajo, el Niño Bruno en la batería o Tito Dávila en los teclados, entre otros, la palabra éxito se vislumbraba con luces de neón. 
   Asistir a un concierto del ex-Rodríguez es como ir a un karaoke con tus colegas. La gran mayoría de las canciones son conocidas por todos, y es muy difícil elegir sólo unas cuantas favoritas. 
   Sobre las doce menos veinte de la noche apareció en el recinto de Armilla un Calamaro vestido de traje y chaqueta y, por supuesto, con gafas de sol. Como pistoletazo de salida 'El salmón', una declaración de intenciones en toda regla. A partir de ese momento, más de dos horas enérgicas de música animaron aun más si cabe las fiestas del Corpus granadino. 

   El músico bonaerense y Candy Caramelo se desprendieron de sus chaquetas, y el rock and roll y otros tipos de músicas desataron la pasión contenida tras tantas horas de espera. 

   Hubo canciones para todos los gustos y de todos los estilos. La gran base del repertorio se centró en dos de sus grandes discos ('Alta suciedad' y 'Honestidad brutal'), y el álbum que está presentando en la actualidad ('La lengua popular'). De 'Alta suciedad' desgranó muchos temas ('Todo lo demás', 'Loco', 'Me arde', 'Crímenes perfectos', la que daba título al álbum o 'Flaca', quizás, la más aclamada por todos y uno de los momentos más emocionantes de la noche. De 'Honestidad brutal', y teniendo en cuenta que se trata de un disco doble, pudo escoger a placer. Eligió para la ocasión 'El día de la mujer mundial', 'Te quiero igual', 'Socio de la soledad', 'Clonazepán y circo' o 'Los aviones'. Dos de los momentos más especiales los provocaron 'Jugar con fuego', para la que se quedó solo en el escenario Andrés con el teclista Tito Dávila, y 'Paloma', que puso el broche al bis realizado por el artista. De 'La lengua popular' interpretó 'Carnaval de Brasil', 'Mi gin tonic' o 'Los chicos' (el segundo tema de la noche). Muy calurosa fue también la acogida que tuvo 'Soy tuyo', un tema lento inspirado en el gran momento sentimental que vive Calamaro. Fue extraño que 'Sexy y barrigón' no sonará por los altavoces. 

   Hubo tiempo para tocar canciones de todos sus discos. La noche se llenó de magia con su disco de tangos 'El cantante', recreándose todos con 'La libertad' y 'Estadio Azteca'. 

   En una noche en la que se tocaron todos los palos, Los Rodríguez también hicieron acto de presencia: 'A los ojos', 'Todavía una canción de amor' o 'Canal 69'. No estaban sobre el escenario Ariel Rot, Julián Infante y Germán Vilella, pero el espíritu de su rock sigue intacto, como si el tiempo no hubiera pasado. 

   Otro de los puntos álgidos fue 'Cuatro rosas' de Gabinete Caligari. Una canción convertida en clásico hace mucho tiempo que Calamaro aprovechó para aplaudir a uno de sus grupos favoritos. También tuvo palabras de agradecimiento para Granada, por ser la tierra de Enrique Morente, y para los toreros David Fandila 'El Fandi' y Manuel Díaz 'El Cordobés', por haberlo invitado a pasar una tarde de toros en el callejón de la Monumental Frascuelo granadina. Y el tarareo del gran Lou Reed en 'Walk on the wild side' sirvió de final para uno de los temas. 
     A las dos de la mañana cada mochuelo se fue a su olivo, embriagados y roncos de tanto cantar durante las casi dos horas y media que duró el festejo. Quedó claro que Calamaro se encuentra en un gran momento, y que un concierto como el suyo no se ve todos los días. 

Un regalo para los sentidos
14 de junio 2006 Palacio de Congresos Granada  Lleno
por Luis Miguel Albarracín-IndyRock


Foto Lucía Rivas /Ideal

Después de pasar unos años sin poder ver a Andrés Calamaro (desde que teloneara a Bob Dylan en el Palacio de Deportes en 1999), anoche era el momento de asumir junto a él el valor del tango y su repercusión en los tiempos actuales. Un recorrido por los dos discos producidos por Javier Limón ("El cantante" de 2004 y su más reciente "Tinta roja" publicado hace escaso tiempo). Pero llevar la música de tango a los escenarios sería sacrilegio si Andrés no se rodeara de los mejores músicos. Así que para una ocasión tan especial (sólo hará tres fechas más para su gira española) no dudó en contar con artistas que son los mejores a la hora de darle vida a su instrumento. Las emociones que salieron de la armónica de Antonio Serrano permanecerán imborrables; la percusión a cargo de Israel Porrina "Piraña" imposible de clasificar en un pentagrama; la magia de Alain Pérez llevando su bajo eléctrico por bandera de una Cuba libre; el portento de José Reinoso, con una sutilidad al piano digna de una noche destinada a la posteridad; y cómo no, la sublime guitarra de un hombre unido a seis cuerdas para siempre: el Niño Josele. Chapeau para él. Y como abanderado de la causa un gaucho que atraviesa Mendoza, Rosario, La Patagonia y Buenos Aires como el arriero que algún día decide regresar. Granada, Barcelona, La Coruña o Madrid son también su casa, un argentino con pasaporte universal.
Si a unos músicos excepcionales, se le suman unos temas que han pasado el tiempo más anchos que largos, que crecen a cada escucha y que han interpretado los más grandes de la canción, entonces la noche será para enmarcar en el corazón de los últimos románticos. Sobre las diez y cuarto apareció el bueno de Andrés acompañado del Niño Josele sobre el escenario. Para no andarse con rodeos, abrió con la primera canción de "Tinta roja", "Sur". Con la siguiente se metió a todos sus seguidores en bolsillo, "Malena", y continuó con la canción que da título a su último trabajo. En esos momentos hubo un cambio de tercio. Se retiró el Niño y apareció José Reinoso para marcarse un gran "Como dos extraños", piano y voz solamente. Y a partir de ese momento, tras compartir con Reinoso "Melodía del arrabal" y "Milonga del trovador", se unieron el resto de músicos, creando un sonido indescriptible, un ambiente único. Ya con todos en sus puestos, llegó el grueso del ataque del bonaerense: "Las oportunidades" y "Mano a mano". Comenzaron a sonar los acordes de "Contigo aprendí" para, tras la primera estrofa, enlazar con "Algo contigo", uno de los momentos más dulces de la actuación. Andrés incluyó en el repertorio algunas canciones que no contienen sus dos discos de tangos, dejando lugar a nuevos temas no tan conocidos por el público. 
Pero no podía quedar ahí. Siguieron "El arriero", "El día que me quieras", una canción cantada por todo el público ("La libertad") y "Sus ojos se cerraron". Fue entonces cuando llegó uno de los dos momentos álgidos de la velada, pero sobre todo éste: la interpretación de "Estadio Azteca", una pequeña obra de arte. Con un Niño Josele que parecía tocar en las puertas del cielo ante los propios ángeles, con un público puesto en pie que más que llenar el palacio llenaba el mismísimo Estadio. Y un Andrés volcado en transmitir todo lo que lleva dentro. Un diez para el bonaerense y su equipo de estrellas mundialistas. 
El seguidor de Boca tendió su última emboscada, muy preparada para la ocasión. "Alfonsina y el mar" (incluyendo el fragmento de "Zamba de mi esperanza"), "Por una cabeza" (con unos coros muy bien hechos por el resto de músicos), "Volver", y la muy stoniana "Nostalgias", el segundo momento álgido de la velada. Todos los móviles se colapsaron, era imposible poder llevar a través del celular tanta sensualidad musical. Pero no fue el broche de oro. Éste lo puso Andrés cantando "Ranchada de los paraguayos", un tema que grabó junto al Niño Josele hace unos años incluido en un disco de este último, para terminar con todo el público de pie, pegado al escenario y cantando junto a él. La vuelta de Calamaro a Granada bien merecía una fiesta de tal magnitud, con unos asistentes entregados y deseando que Andrés siga siendo parte de la banda sonora de sus vidas. 

Andrés Calamaro al aire libre. 
En el Estadio de Obras - Buenos Aires - 17 diciembre 2005 
Por Aníbal Levaggi
Si a alguien no le gusta Calamaro, puede echarle la culpa de todo a la Bersuit Vergarabat. El grupo liderado por Gustavo Cordera fue en gran parte el responsables de la vuelta del Salmón al vivo. Fueron y son su banda de acompañamiento desde aquellos ya lejanos primeros recitales en los festivales Gesell y Siempre Rock en el verano pasado, y en la serie de shows en el Luna Park del mes de abril. Estos últimos quedaron registrados en "El Regreso", disco en vivo que fue presentado en este Obras al Aire Libre. 
Todo comenzó demasiado puntual. Pasadas las ocho y cuarto de la noche, "Output input" dio el puntapié inicial de una jornada que continuaría con "El salmon", "Te quiero igual", el clásico de Los Abuelos De La Nada "Mil horas", "Las oportunidades", "Tuyo siempre" y "La parte de adelante". Los 20000 fans (y los que iban llegando tarde y se iban sumando) disfrutaban de un recital emocionante. Los que no formaban parte del mundo Calamaro miraban de lejos y hasta algunos con fastidio (generalmente los que acompañaron a sus parejas) ya que a pesar de haber comenzado bien arriba, el recital comenzaba a bajar con "Clonazepán y circo", "Los aviones" y "Crímenes perfectos". 
A continuación llegaría el primer invitado de la noche: Vicentico. El le pondría la voz a "El cantante" y al tema de su ex grupo, Los Fabulosos Cadillacs "Vasos vacíos". Tras despedirlo, Andrés hizo dos propias ("La libertad", dedicada a los que están "privados de su libertad, los reclusos", y "Estadio Azteca", en la que comentó "no perdí mi amor al canto, entre tanto que perdí") antes de darle paso al otro invitado de la noche, Lito Nebbia (figura histórica del rock nacional, integrante de uno de los grupos fundamentales, como Los Gatos Salvajes). Con él hizo "Zamba para mi tierra", "Yo no permito" y "Para no olvidar", de Los Rodríguez, con la que el show volvió a levantar, tras el bache de las dos primeras canciones. 
Todo continuó con "Nos volveremos a ver", a la que le siguieron "Loco", "Vigilante medio argentino" y "Media Verónica", en la que explicó que no se refería a "media mujer", sino al movimiento que realizan los toreros y que lleva ese nombre. "Ok perdón" y "Alta suciedad" iban preanunciando el final, a la vez que "El cantante" agradecía con "abrazo para todos" y decía que no se podía "pedir mas de esta noche". "Flaca" y "Paloma" fueron las ultimas canciones que interpretó, mientras la gente entonaba un belicoso "es para Charly que lo mira por TV", mientras Andrés sonreía y agradecía con un pícaro "Esta todo bien". 
Los bises llegarían de la mano de "Maradona" y "No se puede", para concluir con "Mi enfermedad" y "Sin documentos". Así, cuando eran las once de la noche, la gente emprendía su retirada del estadio de Obras, con el transito cortado (a las mas de 20.000 personas que salían del recital hay que sumarle las 50.000 que habían participado de un acto evangelista en la cancha de River) y con ganas de más, ya que el hecho de salir tan temprano, dejaba la oportunidad de poder continuar la noche en otro lado.  Muchos esperaban la vuelta a los escenarios para poder ver a una de las figuras mas respetadas del rock nacional (aunque quizás una imagen agigantada por su ausencia de la escena). El show de Obras fue una buena oportunidad para muchos de conocerlo y para otros de volver a disfrutarlo. 




18-4-99 Palacio Deportes, Granada + Bob Dylan
Organiza Musiserv
Fotos: J. E. Gomez © IndyRock


CALAMARO +  DYLAN

Andrés Calamaro ha sido el encargado de abrir los conciertos de Bob Dylan durante su gira española, El espectáculo de Calamaro fue totalmente acústico y estará acompañado por dos de sus músicos habituales: Guillermo Martín y Candi Avello, con quienes ofrece un repertorio en el que no faltan canciones de sus anteriores discos como solista, alguno de sus éxitos con "Los Rodríguez" y un anticipo de su nuevo álbum "Honestidad Brutal". Este trabajo, se pondrá a la venta simultáneamente en España y Latinoamérica el 26 de abril, cuenta con 37 nuevas canciones grabadas durante los últimos diez meses entre Madrid, Nueva York y Buenos Aires, y mezcladas finalmente en Miami con su productor habitual, Joe Blaney. El primer sencillo será "Te quiero igual".

EL Salmon (por Calamaro)
Amigos, espero que las orejas de ustedes sean las que "El salmón" estaba esperando... El salmón, disco plural y canción, apuestan por la dirección contraria y por el año de la libertad... "El salmón" canción, así como otras tantas es una pieza compartida con el poeta proto-punk: Marcelo "Cüino" Scornik, amigo de verdad y gente de letras incalculable.
Este disco fue grabado en la clandestinidad en habitaciones comunes de Buenos Aires, y completado en Madrid con la alta tecnología de las computadoras. Algunas canciones fueron regrabadas, pero la mayoría, noventa por lo menos, conservan las grabaciones domesticas en 4 pistas, en cassette normal... Los músicos, maestros y amigos, se acoplaron a las grabaciones guerrilleras con lucidez y magnifico hacer... El contenido literario del álbum es altamente honesto y adulto... verdad al pie del cañón. Un disco "del palo" poéticamente correcto. Una serie de textos que deberían ser parte de la enseñanza estudiantil... Acerca de "El salmón" canción, es una combinación armónica original... un salto de un tono y medio que da la sensación de estar abriendo una ventana para que entre el aire.
Una clara muestra de los alcances del Pop freak, y la ambigüedad de los oídos de los demás, es que nadie escucha lo que NO quiere escuchar. Es una de las canciones regrabadas con mis músicos en Madrid, ya que la grabación original no tenía mas instrumentos que una guitarra acústica.
La música se cuida sola y El salmón es una muestra inopinable de esta gran verdad.
Tampoco se pierdan las, alrededor de cien canciones que completan el gran SALMON... Un disco del siglo 22 (veintidós, el loco), una multigrabación de trinchera que da un guantazo a las grabaciones convencionales. Carente de efectos especiales, un disco para ser leído, para sentirlo en los más hondo, un disco divertido y vital de denuncia y rock & roll...
El salmón siempre sigue la misma dirección, LA Difícil, pero es un canto en si mismo a la progresión de la especie, poética y musical en este caso... una lección de supervivencia de los hombres y mujeres, libres... y un ladrillo más en mi carrera de fondo, porque mientras ustedes lean este texto yo estoy escribiendo una canción... o, posiblemente, dos a la vez... GRANDE EL SALMÓN que navega contra la corriente... PARA VIVIR.
Andrés Calamaro



BIOGRAFÍA
La integral imposible
por Ricardo Moyano. 15-1-2001
Andrés Calamaro nació en Buenos Aires en 1961, y si algo puede decirse de él es que no ha traicionado sus raíces argentinas, sino que ha sabido integrarlas en un mestizaje sonoro tan abigarrado como particular. En la extensa discografía de Calamaro podemos encontrar canciones de muy diversos géneros o influencias, pero en realidad es casi inútil etiquetarlas, porque todas ellas tienen un inconfundible sabor propio, incluso cuando se trata de versiones de temas ajenos, que pasadas por el grave y arrastrado registro de su voz y las armonías de su piano, llegan a parecer temas compuestos por o al menos para él. Y si la etiqueta quisiéramos colocársela al propio artista, todavía más difícil: ¿Roquero, crooner, cantautor eléctrico? De todo un poco, y al mismo tiempo nada de eso.
Al borde de sus cuarenta años, trazar la panorámica de sus más de veinte de carrera musical es un ejercicio mareante. Calamaro es excesivo como músico y como persona, en el sentido de que excede como artista o como simple entrevistado al oyente o al periodista de turno, presos como estamos los demás de unas limitaciones que él no conoce. Si el extenso doble cd "Honestidad brutal" (1998) podía todavía parangonarse con algunos pocos lanzamientos del mercado del rock español o extranjero, el quíntuple cd "El salmón" (2000) ha batido un record mundial absoluto, y pese a todo, no dejan de ser en ambos casos selecciones de los centenares de temas compuestos por Andrés en los pocos años transcurridos desde el anterior CD en solitario, "Alta suciedad" (1997).
Hay una primera etapa "argentina", comenzada a finales de los setenta con el grupo Elmer Band en la que estaba ya uno de sus guitarristas habituales, el Gringui Herrera, y seguida poco después con la banda de rock "Abuelos de la nada", con el que grabó 4 discos entre 1982 y 1985, obteniendo éxitos como el celebrado "Mil horas". Mucho después haría un emotivo homenaje al cantante (Miguel "Abuelo") en "Honestidad brutal" ("Miguel, cojones, es difícil llegarte a los talones...").
Los Rodriguez
Las relaciones dentro del grupo se enrarecen, y Calamaro inicia una primera etapa en solitario, dando a luz "Hotel Calamaro" y luego "Vida cruel", en un estilo menos roquista y más pop, pero también con aires "underground". El retorno al rock se produce en el superior "Por mirarte" (1988), donde se alternan temas más acelerados con bonitas baladas como la que da nombre al disco; y sobre todo con "Nadie sale vivo de aquí" (1990) que en realidad es ya el germen o casi el primer disco de su nueva banda "Los Rodríguez" al incluir en la guitarra y la composición al ex-Tequila Ariel Rot.
Canciones como "No tengo tiempo", "Adiós, amigos, adiós" o "Señal que te he perdido" se revelan llenas de energía y de sentimiento, en una infiltración entre el gusto latino por la calidez de la melodía -la tensión entre el sueño romántico y la frustración de la realidad que nos rodea-, y los ritmos roqueros de cuna sajona.
Ariel había conocido a Calamaro en Argentina, una vez que había retornado a su país tras la disolución de Tequila y unos discos en solitario de buen hacer pero escasas ventas. Y ambos se plantean la venida a España para montar una banda que resultará fundamental en el rock patrio del fin de siglo, "Los Rodríguez". La incorporación del recientemente fallecido Julián Infante, otro ex-Tequila, y de un potente baterista, el suramericano Germán Vilella, convierten a "Los Rodríguez" en una superbanda. Sin embargo, el liderazgo lo asumen Andrés y Ariel, con predominio de Calamaro, que es el cantante solista y compositor de la mayor parte de los temas. Pero sin duda es la colaboración de Ariel, su guitarra stoniana, la que limita la propensión de Andrés al terreno del cantautor eléctrico y de las raíces, y mantiene el tono rock del grupo. Que sin embargo igual firma rumbas aceleradas como "Engánchate conmigo" o su mayor hit "Sin documentos" (alusivo al inmigrante que se adentra en USA o en Europa limpio de papeles), que baladas a lo Mick Jagger como "Cien pájaros volando"("A donde van 100 pájaros volando...El día que me dijiste adiós el tiempo se paró...y entre los dos hay palabras escritas con viento"), o blues arrastrados con resabios no tanto de urbe estadounidense como de arrabal bonaerense. Como dijo Ariel Rot, son generalmente "letras tristes con músicas alegres", aunque alguna vez -rara- la tristeza invada fondo y forma. 
El eclecticismo de Calamaro se pone de relieve en la variedad de estilos, funk, reggae, baladas, rock de carretera, incluso canciones de cuna como "Siete segundos".
La carrera de Los Rodríguez es breve, sin embargo. Tras el LP de debut "Buena suerte", publicado en una compañía independiente, Pasión, fichan por Gasa, y el siguiente LP, "Sin documentos", se presenta más lujoso y brillante en el sonido y en el acabado de los temas, y con la producción de Nigel Walker, supuso su éxito comercial definitivo; ahí están canciones como "Hasta que el sueño venga", "Mi rock perdido", o la nueva referencia a los Rollings Stones de "Me estás atrapando otra vez". Pero al éxito y los conciertos sucede un complejo y más claustrofóbico "Palabras más, palabras menos" (1995), en el que acaso destacan más los temas de Ariel como "Milonga del marinero y el capitán" o "Hace calor", y que revela las disensiones artísticas e incluso económicas que han ido surgiendo como germen destructor dentro del grupo, al cual tiempo después Ariel, algo resentido, llegó a calificar como simple "matrimonio de conveniencia" para Calamaro. En todo caso, se ha producido una reaparición de las drogas, más o menos controladas, como forma de vida de los músicos, y ahí está el reggae "Aquí no podemos hacerlo" como demostrativo guiño a la marihuana ("Morena con la piel de chocolate/ no dejaremos de ser dos amantes tú y yo..."). Pero si buscáramos un motivo esencial en el fin de "Los Rodríguez", sería simplemente esa creatividad tan apasionada y personal de Calamaro, que encontraba corsés demasiado estrechos en el estilo de canción de "Los Rodríguez". No deja de ser paradójico que hoy en día existan muchas formaciones que mantienen la influencia de la banda, esa peculiar mezcla energética pero cariñosa de rock guitarrero, blues, funk e influencias folk -desde el Caribe hasta Menphis, Jamaica o lo gitano- mientras que sus integrantes han ido tirando por otros derroteros no siempre a la altura de su pasado.
Cuando Los Rodríguez ya están disueltos, se edita el recopilatorio "Hasta luego", trufado de rarezas y tomas en directo (hubo un precedente en el "Disco Pirata", que anticipa ya el gusto de Calamaro por lo no convencional), que pese a su título es más bien un definitivo adiós. Sorprendentemente, es el disco más vendido en la carrera de una banda que en ese momento ya no existe, aunque sí se reanudarán tras una etapa de distanciamiento las colaboraciones esporádicas entre Calamaro y Ariel Rot.
En solitario
Tras Los Rodríguez, Calamaro ha entregado tres nuevos discos en solitario, y debemos obviar su apabullante aparición como colaborador en discos ajenos (más de treinta, desde Sabina hasta Raimundo Amador, Los Ronaldos, etc., etc., en una lista casi interminable), así como otras grabaciones de rarezas y bandas sonoras. De estos tres discos, el primero y más pulido, "Alta suciedad" (1997), marca un hito en su producción global. El disco se ha grabado por todo lo alto entre New Jersey y Manhattan, con los mejores músicos americanos de sesión (Steve Jordan a la batería, Hugh Mc Cracken a la guitarra, etc.), y la producción de Joe Blaney. El disco, bajo el camuflaje de algunos temas más ligeros, como "Loco", profundiza en la oscuridad del último LP de Los Rodríguez, pero ya sin las limitaciones que exige el colectivo. Es Calamaro en primera persona, hablando y tocando el piano desde sí mismo. El tema central lo define "Crímenes perfectos": "¿Sentiste alguna vez lo que es tener el corazón roto? ¿Sentiste a los asuntos pendiente volver, hasta volverte loco?" "Todo lo que termina termina mal, poco a poco...". "Flaca", una de las cumbres del pop-rock hispano, con una letra muy tango, y un aire soul a lo "Georgia on my mind" como dice el propio Andrés, o "Donde manda marinero", de inspiración candombe, con una letra extraña e hipnótica de viaje a ninguna parte, son tal vez las perlas del disco. Pero todo él respira un aire entre ensoñador y surrealista, como demuestran "El tercio de los sueños" -apuntemos aquí la afición taurina del bonaerense- o "Media verónica" ("Media verónica despierta, le molestó la luna por la ventana abierta; llegó una carta desde el frente, el cántero se rompe y se secó la fuente... borrará con la mano lo que ayer escribió con el codo...no tiene muchos años pero le hicieron daño...). Es marca de la casa Calamaro el acierto en la rimas que sin su genialidad serían simples ripios. 
Posteriormente, en el doble "Honestidad brutal" se enfrenta al trauma sentimental que representa la ruptura con su mujer, si bien debajo de esa primera lectura se descubren, como él mismo reveló recientemente, muchos más amores -las mujeres, en su fascinación plural meramente sexual o de ideación romántica, son una constante en Calamaro-. La inclusión de numerosas versiones en el disco puede sorprender, pero revelan lo que va a ser el nuevo "modus operandi" de Calamaro, casi en las antípodas de "Alta suciedad": producción casera, tocando los instrumentos simultáneamente en el estudio, y traslación al público casi sin pulir de toda su fértil actividad musical, que es casi como decir actividad vital, porque en estos últimos años la vida de Calamaro puede resumirse, en sus propias palabras, en componer y hacer el amor. Con una evidente incidencia de las drogas, de esa función politóxica a la que puso música recientemente otro amigo argentino de Andrés, Andy Chango. Los mismos temas pueden repetirse en versiones "alcohólicas" de garito y otras más aseadas. Canciones bordadas se entremezclan con lo que se aproxima más al proyecto, al boceto. Se trata de mostrarse químicamente puro, de suplantar la canción de hoy por la de mañana, en una espiral que continúa en el quíntuple "El salmón", con canciones propias y temas de Rollings, Los Beatles, de la canción argentina, y de la que nadie sabe el final. Una espiral que puede tener componentes egocéntricos o utópicos, pero que también muestra la generosidad de un músico que quiere vivir al margen de reglas comerciales y mostrarse tal cual es. Aunque, naturalmente, el artista siempre acaba escamoteándose a sí mismo del escenario, y como él aclara, a partir de "Honestidad brutal" , la persona de quien se habla en sus canciones no es Andrés Calamaro. ¿O quizás sí?

DISCOS SELECCIONADOS:
1)En solitario: Nadie sale vivo de aquí (1989).
Alta suciedad (1997)
Honestidad brutal (1998)
El salmón (2000)
2)Con Los Rodríguez:
Sin documentos (1993)
Hasta luego (1996)
3)Con Los abuelos de la nada:
En directo (1985)

http://www.calamaro.com/ 

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