Santa Teresa South Pop Festival, Isla Cristina
9 y 10 de septiembre de 2011 Isla Cristina, Huelva
South Pop
Festival, Isla Cristina'
La antesala de la felicidad.
Por Armando Marín / IndyRock
Adentrándome en el refranero popular, deudor conocimiento
adquirido en gran parte por la gratificada labor de mi buena
madre, no puedo obviar la oportunidad de iniciar esta crónica,
con aquel dicho que afirma: 'de bien nacidos es ser
agradecidos', adagio divulgado por todos y cada uno de
los protagonistas (y por lo tanto, no querría ser menos) que,
con su presencia sobre las tablas del auditorio del Parque de
Isla Cristina, hicieron las delicias de un refinado público
sabedor de las buenas artes que, con esfuerzo, pasión y
dedicación, ha logrado exhibir el almirante Rafael López
y su tripulación, al frente del interestelar navío Green
Ufos, un sello discográfico diferente el cual, en su día
supo apostar por la calidad y la finura, en un mercado como es
el musical, complicado de lidiar, más si cabe en los tiempos
que corren. Apuesta cuya práctica impone la obligación de
mimar cada uno de los detalles, por mínimo que éste llegue a
ser, sirviendo de iniciática experiencia vital para aquellos
neófitos, descubridores de sus excelentes cualidades, y
representando en los ya duchos, su particular Virgilio capaz
de guiarnos por lo inescrutable de una senda, cuya luz final
revela el posible significado de la felicidad. Detalles como
ubicar un inigualable evento, 'en un entorno tan
privilegiado y mágico difícil de encontrar en esta época del
año, de donde yo vengo', parafraseando a Raúl Pastor 'Rauelsson'.
La Costa de Luz se ha convertido en un envidiable marco
en el que poder albergar el último festival estival del año,
siendo el hermano menor del primaveral South Pop
sevillano (o como Santiago Cotes me comentaba, 'con
una filosofía bastante dispar, que plantea interesantes
perspectivas con las que experimentar'), un seductor
reclamo para cualquier melómano y no tan apasionado, ávido de
explorar tanto en lo más selecto y granado del indie
patrio, como en propuestas de rabiosa actualidad más allá de
nuestras lindes; podríamos hacer también énfasis en un precio
nada prohibitivo por el que se podía disfrutar de todas y cada
una de las actuaciones, las cuales sin empachar ni emparchar,
nos aleja de cualquier quebradero de cabeza fruto de los
inevitables organigramas, cuando la actividad se concentra en
más de un escenario; además de incluir un auténtico camping,
alejado de improvisaciones, que dista escasos 200 m. de la
playa; sesiones de DJ's en los interludios entre actuaciones y
al final de los mismos, o mientras te relajas, ya sea al sol o
en la piscina 'Mickey Mouse' del hotel Barceló a
escasos 50 m. del recinto, haciendo hora hasta el inicio de la
acción, toda una corpórea tentación; espacio de guardería para
evitar privaciones a padres sin alternativas; gratuidad en el
trasporte desde Sevilla; y una barbacoa 'afterparty' de
pescaíto, que como ruega una conocida plataforma de medios de
pago, no tiene precio. Y aún me dejo en el tintero, una
sucesión de actividades bastante reseñables, pero como mi
intención no se centra en un argumento meramente promocional,
sin más dilación pasaré a resumir lo que seguramente a usted,
lector de esta crónica, más le pueda interesar.
Viernes 10 de septiembre de 2010.
Arropados por la calidez de una enigmática puesta de sol y
acariciados por una brisa que sosegadamente augura el
desenlace de un estío colmado de emociones, la responsabilidad
de romper el hielo cayó en la figura de Raúl Pastor al
frente de su proyecto 'Rauelsson'. Este castellonense
de pro, no dudó en hacer las maletas con el fin de elucubrar
acerca de su identidad musical, recalando en 'La Ciudad de
las Rosas', muy presente en la creativa inspiración de
talentosas celebridades como el mismísimo Matt Groening. Tras
declararnos que por unanimidad habían tenido el placer de
degustar el mejor atún de sus vidas, y agradeciendo la labor
de la banda de acompañamiento, por lo precipitado del
aprendizaje de aquellas melodías del cancionero determinado
para la ocasión, la sugerente invitación de 'aceptar la
naturaleza como respuesta a la fragilidad de la vida',
tuvo una buena acogida por parte de un público que no vaciló a
la hora de sumergirse en la sinceridad de una quebradiza voz,
que supo jugar a la perfección con lo entrañable de hallarse
cercano a la desafinación, sin que por ello se viese alterada
una paz y una tranquilidad, brotadas de unas letras de corte
pop folk melancólico, anhelantes de un remoto lugar repleto de
intimidad y misticismo, que nos aleje de la prisión del tiempo
y con libertad, pueda arrojarnos a lo contemplativo de una
vida que incite a la espera. Y qué mejor época del año, que
este vendimiante mes, para presentar su trabajo de debut en
larga duración 'La siembra, la espera y la cosecha'
(Hush, 2010), representado por temas como 'Debutantes',
'La Calma', 'Lápices sin Punta' o 'El Río de
los Nudos', de notoria profundidad onírica en su
perpetuo devenir, que impedirá sumergirnos dos veces en la
misma escucha.
Acto seguido, un
inusual revuelo anegó el recinto del auditorio, cuando su
escenario fue copado por los napolitanos 'Fitness Forever'.
Para lograr expresar con palabras lo allí acontecido, cierren
los ojos por un instante, y extrapolen su realidad al más
hermoso y luminoso de los atardeceres, en el que el soplo de
una plácida brisa marina, acaricie su piel mientras la finura
de una tamizada arena envuelve sus desnudos pies, como si de
la más sedosa y delicada prenda, se tratase. ¿Siguen inmersos
en esta pequeña fantasía? ¿Perciben esos aromas de cambio en
el ambiente? La formación liderada por Carlos Valderrama
(quien posiblemente no tenga el gusto de conocer los
testiculares masajes de Michel, y a la que consideran como 'La
Casa Azul' a la italiana), planteó una sugerente
actuación de esencia POP, reminiscente de los sesenta, y de
irresistible instigación a la felicidad. Prueba de ello, la
perenne sonrisa de los allí presentes y el despilfarro de
alegría en su incesante danza, al son de unas melodías
vitalistas y luminosas, latentes en canciones como 'Probabilmente',
'Mondo Fitness', 'D'Estate' o 'Vacanze a
Settembre', toda una experiencia de lo más retro. Por
enunciar un pero, quizás la rigidez y la falta de naturalidad,
sin desmerecer la frescura en su puesta en escena; digamos que
Nicoletta y Paster lo tendrían muy complicado para ganarse la
vida como animadoras o monitoras de aerobic, quizás podrían
tomar lecciones de Rosie y Steph 'The School'. Eso sí,
de sobra poseen belleza y lo más importante, talento vocal.
El tercero en discordia en salir a colación es el valenciano Juanjo
Pedro, principal artífice del proyecto 'NitoNiko'.
Dicen que no hay dos sin tres y el arriba firmante ha podido
apreciar en primera persona, la escalada de posiciones en lo
que a ubicación en el cartel de un mismo festival, se refiere.
Cerrando la fiesta de inauguración en la edición del South Pop
sevillano de 2009, abriendo la segunda jornada del mismo, en
la pasada, ante escasamente 30 personas, llegó su oportunidad
con la que poder demostrar que ese practicable electro-pop de
estimable pureza, que algunos no dudan en tildar como petardo,
inocuo y bastante naïf, resulta ser bastante loable como para
defenderlo con la cabeza bien alta. Sintiéndose como 'vírgenes
a las que le meten mano por primera vez', iban
demostrando una inmadura madurez fruto de un esfuerzo que
agradecer y una profesionalidad que elogiar, a pesar de su
falta de experiencia (tiempo al tiempo). A pesar de que el
estilo planteado no es fruto de mi devoción, evidenciaba un
estado de entretenimiento, interesado en volver a saborear los
temas extraídos de su trabajo de debut 'Selva de Mar'
(Green Ufos, 2010) como 'Voy a Ponerme Guapo', '¿Por
Qué? Porque…' o 'Mecánico Pop', sin
embargo cuando toda parecía seguir el curso de un guión
perfectamente estructurado y con espontaneidad interpretado,
las primeras melodías synthpop de 'Tiempo'
quedaron en agua de borrajas a causa del fallo en uno de los
generadores de Endesa Electricidad, contratiempo ajeno a la
organización. Situación que el público aprovechó para soltar
algún que otro jocoso chascarrillo como 'Que Huelva la Luz'
(imagino inspirado en el lema 'Música Huelva la Luz'
que el Patronato de Turismo onubense utilizó como promoción
para el conjunto de eventos musicales en la comunidad), o 'tengo
un generador en el camping', además de orquestar una
resignada sonata de viento.
La responsabilidad de amenizar la espera recayó en uno de los
dj's más incendiarios y provocadores del vigente panorama
nacional. 'Duckula Dj' se marcó una sesión de dos
horas, tiempo que se necesitó para solventar el problema,
pinchando clásicos de hoy y de siempre, sin recurrir en exceso
a obviedades y saliendo airoso de las circunstancias del
momento.
Restablecido el suministro energético, turno para los ubicuos
'Dorian'. Hace poco me hizo bastante gracia leer en una
conocida red social, la creación de un grupo bajo el nombre 'Soy
del único pueblo de España donde no han tocado Love Of
Lesbian', y si nos paramos a pensar, también podría
valer con formaciones como los citados Dorian, Delorean, We
Are Standard, Standstill, Sidonie o Arizona Baby, por citar
algunos, convertidos en carne de cañón de festivales patrios
que, por méritos propios, no lo pongo en duda, han logrado
hacerse con un nombre que suscite interés entre las Pléyades indies,
siendo así blanco fácil para la contratación por parte de
promotores, asegurándose un razonable inicial tirón de
público. Sucede que a los que nos consideramos incondicionales
y habituales asistentes de estas iniciativas musicales,
probablemente debamos enfrentarnos en más de una situación, a
la tesitura de volver a otear con atención, por si dejamos de
apreciar algún detalle considerable en una pretérita ocasión,
llegando a la conclusión de que la preceptiva expectación
fruto de la novedad, se desdibuja en la reiteración. Con tal
argumentación no puedo más que respetar, el generalizado
revuelo que desencadena entre un pubescente respetable, aunque
discrepo en la principal finalidad de su propuesta, la de
bailar, porque lo que se dice bailar resultó bastante
complicado si nos atenemos al planteamiento de un setlist
recogiendo en su grueso temas como 'Simulacro de Emergencia',
'Paraísos Artificiales', o 'Estudios de Mercado'
extraídos de su reciente trabajo 'La Ciudad Subterránea'
(Pías, 2009); no obstante, resulta inapelable afirmar que
cuentan con dos temas soberbios que rozan la perfección como
son 'Cualquier Otra Parte' y 'La Tormenta de Arena',
escaso bagaje para defender en directo, una propuesta de corte
electro-pop con intenciones Dance. Estaremos atentos a
ese nuevo proyecto en paralelo gestado en Londres, que Marc y
Belly han llamado 'After After Hours'.
Y llegó el momento más deseado por la mayoría de los
asistentes (entre los que me incluyo), tener ocasión de ver en
acción, el proyecto más bailable del camaleónico Erlend
Øye, el noruego de rojizos rizos de 'Kings of
Convenience', sin olvidarnos de su aportación en
solitario con 'Unrest' (Astralwerks, 2003). Con 'Keep
a Secret' tema de obertura en su último trabajo 'Rules'
(Bubbles, 2009), se inicio un show que en su formato festival,
supo a poco, a muy poco, convenciendo a propios y extraños, de
poder soñar con aquel secreto ingrediente que complete la
fórmula del elixir de eterna juventud. Ante nosotros, todo un
alquimista de orgánicos sonidos pop, cuya aterciopelada voz,
lentamente nos embauca hacia ritmos cálidos de corte
preciosista y electrónica polifonía. Afirma su compañero Erik
Glambeck Bøe (Kings of Convenience), que componer una
canción es como dibujar un círculo perfecto a mano alzada.
Bello gesto de sublime complejidad que da sentido a la
constante búsqueda de genuinos cromatismos sonoros que nazcan
de su Fender Stratocaster. Canciones como 'High on the
Heels', 'Dead End' o 'Fireworks' parasitan
nuestro sistema nervioso obligándonos a bailar al son de
suaves pálpitos de bossa nova 'Intentions',
ritmos algodonosos 'Don't Give Up', el funk dopado de 'Timebomb',
sin olvidarnos de la esencia minimalista de un rock
sofisticado y seductor 'Courage',
con jazzísticos arreglos palpables en la sección de ritmos,
que provocan un perfecto clímax, dinámico y relajante por
partes iguales. Toda una revitalizante experiencia de
sensorial expansión, cuyo punto álgido se centro en 'Island',
'1517' y 'Burning' extraído de su primer trabajo
'Dreams' (Service, 2006). Sin lugar a dudas, el mejor
concierto de la jornada.
Complicado lo tenía el trío londinense 'We Have Band',
para superar un listón alzado a un estratosférico estadío, y
más si su cometido se centraba en estimularnos para proseguir
con el contoneo de nuestro espinazo. A pesar del buen trabajo
de los técnicos de iluminación, su presencia desencadenó el
adueñamiento de la oscuridad sobre el escenario. Prosopopéyica
puesta en escena acompañada de una petrificante mirada helante
de todo riego sanguíneo. Ajenos a cualquier mediadora palabra
de bienvenida, 'Divisive' arranca el motor de un
imaginario DeLorean, cuyo condensador de fluzo esperará la
acción de esa descarga eléctrica que lo active para
adentrarnos en un previsible viaje sideral, que atraviese la
dimensión tiempo y nos ayude a divisar por su retrovisor,
sonidos new wave, barnizados con una lámina de
suciedad electro-clash, primigenios ramalazos disco-funk
y una expansiva onda techno, con la misión de bailar
hasta la extenuación. Lástima que ese rayo perdiese potencia
mientras nos adentrábamos en una inevitable lluvia de
meteoritos que transitó por todos y cada uno de los cortes
congelados en mercurio bajo el apodo de 'WHB' (Naïve,
2010), sustituyendo 'Piano' por 'Time
alter Time'. Acertado y celebrado por mi parte resultó
escuchar correlativamente mis dos temas favoritos 'Centerfolds
& Empty Screens' y 'Hero Knows'. Para todo
epígono de formaciones como Hot Chip, The Ting Tings, New
Young Pony Club, Le Tigre o CSS (por citar algunos coetáneos
símiles), está de enhorabuena, sin embargo me parece una
tremebunda osadía citarlos como los nuevos Talking Heads.
Cerrando esta maratoniana jornada, 'Guille Milkyway' (La
Casa Azul) se apoderó de los platos. Lástima que el cansancio
bloqueará mis deseos de seguir disfrutando, obligándome a
hacer mutis por el foro. Guille, otra vez será.
Sábado 11 de septiembre de 2010.
La segunda jornada se inició justo en el que considero, el
mejor instante para actuar. Con parsimonia, el astro rey se
desvaneció en el horizonte concediendo una perfecta claridad,
cuyas matizadas tonalidades provocaban una inusitada
receptividad sensorial, enriqueciendo nuestra panorámica
perspectiva y amplificando nuestra auditiva sensibilidad.
Ideal estado para recibir la gélida dentellada sónica por
parte del quinteto sevillano 'The Baltic Sea', que
allende los mares del norte vinieron a demostrar su supremacía
ante los habitantes de un ecosistema musical, cuya apuesta se
alejó de, posiblemente, sentir las últimas caricias de un
oleaje que en breve dará la bienvenida a la estacional vejez,
en sentido figurado. Encontrado su sitio en el auditorio, el
público perdióle el temor a 'El Gran Blanco' (Cuac
Música, 2010), tras sumergirse en 'El Río', tal vez la
canción que más similitudes guarde con su anterior trabajo 'Forthcoming
Science Theory' (Pupilo, 2007), aunque el ex-Renochild,
considerado nuevo talento FNAC mantenga que, de un modo
íntegro, su reciente trabajo prosigue aquella conceptual línea
iniciada hace tres años. Acto seguido, los dos únicos temas en
la lengua de Shakespeare escogidos para el set, 'A Song For
Everyone' y 'Bergen', arrojando sin pudor una
inquietante amalgama de atmosféricos sonidos de nórdico
imaginario, cercanos al post-rock de Explosions in the
Sky, God is an Astronaut, o Mogwai, a la épica sinfonía de
Sigur Ros, Múm o Godspeed You! Black Emperor, y a la glacial
nostalgia de Doves, Athlete o Elbow. El resto de la actuación
se centró en los mejores cortes de 'El Gran Blanco', cerrando
con mi favorito 'En lo que te convertirás' y
demostrando que su cambio de registro a la lengua de
Cervantes, se aleja de toda vacuidad infundada en los que
piensan que en este país se canta en inglés, porque no se
tendrá nada que contar. Esteban, si me estás leyendo, espero
volver a tener el placer de disfrutar, el 2 de octubre, con 'To
Seychelles', en vuestra próxima actuación junto a los
sevillanos 'Blacanova'.
Tras el programado
receso, seguramente aconteció el concierto más elegante y
sofisticado del festival. El mancuniano Roger Quigley
se presentaba ante media entrada, con un propósito ya avistado
en su anterior visita, gira en la que presentó su, hasta la
fecha, último trabajo 'Before You Left' (Green Ufos,
2009). Con las bases de piano y percusión programadas, y
acompañado de la inestimable presencia de un virtuoso del
arpegio como es Otto Smart (The Otto Show), el que
fuese miembro de The Montgolfier Brothers, asumió el siempre
complejo reto de revisar a 'La Voz', interpretando a la
perfección una intimista faceta como la de crooner,
intercalando durante la actuación, su personal lectura de
temas como 'Funny Girl', 'Love's Been Good To Me'
y 'Summer Wind', con sus conmovedoras alegorías del
melancolismo, como en su día apodé a sus soberbias canciones 'I
Must Be Losing You', 'Let Her Go', 'I Need Him'
y 'Things We'll Never Do'. Afirman que es mejor callar,
si lo dicho no es más bello que el silencio; no siendo el caso
por la exuberancia que adquiere cada palabra, a través de su
susurrante y desgarradora voz, sus silencios acompañados de un
trago de ese whiskey o una calada de ese liado cigarro, son
capaces de adquirir tal dramatismo que nos arrojan sin
concesión a un abismo emocional, expiatorio para el alma y
redentor para el corazón.
Corazón, que en mi caso seguía experimentando su particular
síndrome de Estocolmo, tras ser secuestrado por Anna
Eklund en su pretérita visita por la primaveral edición
del South Pop de 2009. En su día, desconfiaba de la existencia
del amor a primera vista; desde entonces un platónico romance
se asienta como epicentro de mis ingenuas fantasías.
Comprenderá, amigo lector la dificultad en ceñirme a una
objetividad que reseñe la actuación de los suecos 'Sad Day
For Puppets', si describo cómo una élfica divinidad
llegada de los más recónditos confines nórdicos, se apareció
rebosante de gloria para embelesarnos con sus dorados
cabellos, su cristalina mirada y su frágil voz. Dulzura
mimetizada entre un pop clásico de corte naïf, acompañado de
la efusiva distorsión que propaga en directo, la Gibson SG
de Marcus Sandgren, para engendrar un sonido noise-pop,
de envoltura shoegazing y ramalazos dream-pop.
Que mejor aval, que pertenecer al fértil y prolífico pop sueco
(del que me considero un categórico incondicional), para
disfrutar de un directo demoledor, que puede, pillase al
público algo más frío de lo habitual, si tenemos en cuenta lo
sencillo que resulta ensimismarse con temas como 'Such a
Waste', 'Last Night', 'Marble Gods', 'Hush'
o mi predilecta 'Mother's Tears', para dejarse llevar
sumido en un efusivo estado de júbilo y satisfacción.
Estado que no decreció ni un ápice con 'The School',
un nuevo ejercicio revivalista de aquellos girl-groups
de los años 50 y 60, factoría Phil Spector (The
Shirelles, The Supremes, The Marvelettes, The Ronettes), que
tanta excitación suscita en el gran Juan de Pablos,
ofreciéndolo sin pudor al mundo, en su 'Flor de Pasión'. Los
de Cardiff, comandados por una pizpireta Liz Hunt al
frente de sus teclados, se subieron a la palestra sin titubeo
alguno, para enamorarnos con su adolescente romanticismo a
través de peregrinos himnos de un happy pop atemporal,
que conquista nada más ser escuchado y cuyas buenas
vibraciones invitan a pasear bajo un perpetuo sol primaveral.
Garrapiñadas melodías pop, epicentros de un universo de color
de rosa con batidos de fresa como vía láctea, palomitas de
colores como estrellas y algodones de azúcar como planetas en
constante estado de ensoñación. Delicadas y conmovedoras
canciones como 'Is He Really Coming Home?', 'I Want
You Back', 'Valentine', 'All I Wanna Do' o
my favorita 'Let It Slip' extraídas de su opera prima 'Loveless
Unbeliever' (Elefant, 2010), impregnaron en el ambiente
un olor que recordaba a la eternidad. Si a ello le sumamos la
sutil fragancia de una flor como Liz, perfectamente se
entenderá la algarabía de un público que vibró con cada
melodía hasta el punto de solicitar con ahínco, el anhelo de
un último bis que la organización no pudo conceder, por la
necesidad de ceñirse al guión establecido.
Guión que prosiguió con la actuación de quienes abanderaban un
cartel muy bien estructurado. Probablemente el concierto más
esperado por todos, nos sumergió nuevamente en nórdicos
páramos; desde Malmö, Johan Duncanson (guitarra rítmica y
voz), Martin Larsson (guitarra solista) y Daniel Tjäder
(teclados y sintetizadores), al frente de un convulso proyecto
apodado 'The Radio Dept.', que tanta adicción suscitó
tras aquel 'Lesser Matters' (Labrador, 2003), lanzaron
su inherente anzuelo para ahuyentar de un expectante mar de
multitudes, aquellas ánimas cuya sensibilidad de pez impidiese
asimilar lo poliédrico de un sonido, cuyas aristas adquieren
la suavidad de un noise ambiental, capaz de destilar
abruptas interferencias envolventes, que atemperen la crudeza
de una acrobática distorsión más terrenal. Un viaje sin rumbo
fijo que libere la intuición del corazón y aleje al
pensamiento de nuestras cabezas. Llegando a la conclusión de
la falta de justicia por parte de un recinto al aire libre,
que dote de los recursos necesarios para poder disfrutar al
máximo de la dulzura de todos esos matices camuflados en una
melódica dicotomía, entre el shoegaze más sintético y
el lo-fi más atmosférico (un amable espectro chillwave,
por así decirlo), cimbreó en nuestros pabellones auditivos con
canciones que repasaba su lacónica discografía, como 'This
Time Around', 'Domestic Scene', 'Lost &
Found', 'Freddy And The Trojan Horse', 'The
Worst Taste In Music' y la adorable 'Heaven's On Fire',
cerrando una notable y equilibrada actuación con ese caribeño
techno-pop encerrado en 'Never Follow Suit'.
Equilibrio que se esfumó radicalmente tras la enajenada
aportación al festival, por parte de los barceloneses 'Hidrogenesse'.
Curiosamente se llevaron la gran ovación de un respetable, que
me hizo dudar en si fue consciente de todo lo acontecido
durante el fin de semana. Teniendo en cuenta que no hay nada
mejor para un fin de fiesta, que el bizarro universo de un techno
verbenero de ecléctica sencillez, ajeno a todo
convencionalismo, donde el retrofuturismo adquiere una
dimensión inalcanzable para el mortal terrícola, y cuya
biónica pareja protagonista demuestra disfrutar a raudales
entre juguetones vocoders y sintéticos sintetizadores, me
niego rotundamente a catalogarlos como los grandes
triunfadores del South Pop. Entiendo que la gente que se
desvivió por temas como 'Hidroboy', 'Caballos y
Ponis', 'Vuelve conmigo a Italia' o 'Así se
baila el siglo XX', no tuvieran presente a esas horas de
la noche, las verdaderas delicatessen que pudimos degustar, y
quisieran escuchar ese 'Disfraz de Tigre',
para embrutecerse y darlo todo en la pista; sin embargo tras
el vertiginoso carrusel de emociones que pude experimentar en
primera persona, mis oídos ya no estaban preparados para
dedicarme a prestar atención, sin abandonarme al aburrimiento,
a la propuesta de Carlos Ballesteros y Genís Segarra (Astrud).
Aviso a navegantes, ya hubo en su día y puede, que con una
aportación más relevante, un 'Almodóvar & McNamara'.
Antes de cerrar esta crónica, otorgar una especial mención a
la aportación de Joan y Rafa, 'Pin&Pon DJ's',
amenizando formidablemente, los interludios entre actuaciones
y demostrando por qué son considerados tras 'Amable' y
'DJ de Mierda' los culpables de gestar las mejores
sesiones en este país; lástima que no pueda decir lo mismo de
'Bob Stanley' (Saint Etienne), que pecó de tedioso.
Como siempre dice mi buena madre: 'Lo poquito agrada y lo
mucho cansa', y en una sesión de corte retro, más.
Desde la humildad que me gusta pregonar, quisiera marcarme un
pequeño lujo, dedicando este texto a: Alberto, Eva, Jose,
María y Luis. El South Pop de Isla Cristina 2010, quedará
vinculado a vosotros de por vida.
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