LA NIÑA PARACAIDAS
ENTREVISTA
'PUNTO DE PARTIDO' ES ESE AHORA O NUNCA QUE ATRAVIESA
TODO EL DISCO"
INDYROCK
La Niña Paracaídas es uno de esos grupos que irrumpen en la
escena musical con una mezcla irresistible de frescura, emoción
y una narrativa que conecta de inmediato con el oyente. Formada
por músicos con trayectorias diversas pero un mismo impulso
creativo, la banda ha logrado construir un sonido propio que
transita entre el pop alternativo, el folk luminoso y ciertas
pinceladas de rock atmosférico. Su propuesta destaca por la
honestidad de sus letras, la suavidad magnética de sus melodías
y una energía en directo que los convierte en una experiencia
imprescindible dentro del circuito emergente.
María Puigvert – voz
principal.
Maya Arqués – guitarra.
Miriam Linares – guitarra.
Laia March – bajo.
Berta Jàtiva – batería.
Desde sus primeros
sencillos, La Niña Paracaídas ha demostrado una capacidad
especial para crear paisajes sonoros que invitan a detenerse,
escuchar y sentir. Su música no busca la grandilocuencia, sino
la cercanía emocional: canciones que nacen desde lo íntimo y se
expanden con naturalidad hacia un público cada vez mayor. Esta
sensibilidad ha permitido que la banda conecte con oyentes de
distintas generaciones, gracias a temas que hablan de
crecimiento personal, vínculos complejos y la belleza de las
pequeñas revelaciones cotidianas.
Un momento clave en su trayectoria fue la publicación de su
primer disco, Punto de Partido. En este trabajo, la banda
consolida una identidad sonora que equilibra la delicadeza
acústica con arreglos modernos y una producción cuidadosa. El
álbum funciona como un mapa emocional donde cada canción es una
etapa del viaje: dudas, renuncias, comienzos, despedidas. Con
Punto de Partido, La Niña Paracaídas no solo presenta su
universo musical, sino que ofrece una declaración artística
clara: su música es un refugio, pero también una invitación a
saltar al vacío con confianza. La crítica ha destacado
especialmente la madurez de sus letras y la coherencia estética
del disco, señalándolo como una de las promesas más sólidas del
panorama independiente actual.
Hoy, La Niña Paracaídas continúa creciendo, acumulando
seguidores y consolidando un estilo que ya es reconocible desde
los primeros compases. Con cada concierto y cada nueva canción,
el grupo reafirma su compromiso con una música honesta, vibrante
y cuidadosamente construida. En un momento en que la escena
musical se mueve a gran velocidad, ellos apuestan por lo
esencial: contar historias que emocionen y permanezcan. Y ese
es, quizá, su mayor punto de partida hacia todo lo que vendrá.
En Punto de Partido habláis de un “punto que
falta para ganar, para superar algo que parecía imposible”.
¿Cómo definiríais vuestro “punto de partida” en esta nueva
etapa?
Para nosotras, no es volver al inicio, sino reconocer el
instante exacto en el que todo se define. Es ese momento en que
el corazón late más fuerte y hay que decidir si dar el salto o
quedarse quieta. “
Punto de Partido” es ese ahora o
nunca que atraviesa todo el disco.
El disco tiene un sonido más indie y oscuro, sin
abandonar vuestra energía punk-rock. ¿Cómo ha sido para
vosotras el proceso de encontrar este equilibrio entre
honestidad emocional y potencia sonora?
Ha sido un giro natural. Queríamos que las canciones respiraran
más melancolía y verdad sin perder el desparpajo rockero
que siempre nos ha movido. Las guitarras más densas y los coros
envolventes surgieron de esa necesidad de sonar más profundas,
pero sin renunciar al corazón punk que nos sostiene.
¿Cómo habéis vivido el salto de la “energía juvenil” de
vuestro primer LP, Simulacro de Incendio, a la madurez
reflexiva de este segundo disco?
Ha sido como mirar atrás desde nuestra primera mudanza o desde
esa primera noche en silencio. De repente notas que crecer no es
lineal, que hay dudas, ansiedad y humor mezclados. Punto de
Partido muestra ese crecimiento real: imperfecto, honesto y
vivo, mucho más pegado a lo que somos ahora.
En la canción “A los 26” exploráis la presión
de crecer según las expectativas sociales. ¿Qué os inspiró
escribir sobre esa franja vital tan concreta y qué mensaje
queréis transmitir con ella?
“
A los 26” nace de sentir el caos de crecer sin manual,
de las marcas vitales que supuestamente hay que cumplir y del
juicio constante por no seguir la norma. La canción apunta a
eso: correr, agobiarte y aun así elegir hacerlo a tu manera,
aunque nadie te diga cómo se hace.
“Mamá, me he mudado” refleja la libertad pero
también la nostalgia de dejar el hogar. ¿Cómo ha sido para
vosotras esa experiencia del cambio físico y emocional al
independizaros?
Es una mezcla muy intensa: libertad absoluta y un eco vacío que
te recuerda lo que dejas atrás. “
Mamá, Me He Mudado”
captura exactamente eso: la nostalgia del hogar y a la vez el
vértigo de la independencia, ese deseo inesperado de volver al
calor del abrazo de nuestras madres aunque ya estés lejos.
La ansiedad y el sobreanálisis están muy presentes en “Sobrepensar”.
¿Qué papel tiene para vosotras la música como vía terapéutica?
Escribir “
Sobrepensar” fue entrar de lleno en la mente:
ansiedad, necesidad de soltar el control, y el apoyo de quienes
te recogen cuando te haces pedazos. La música funciona como un
espacio seguro donde podemos transformar todo eso sin
convertirlo en un peso que no queramos compartir.
El interludio “En Pausa” es un momento de
respiro en el disco. ¿Buscasteis conscientemente crear
espacios de calma entre canciones más intensas?
Sí, completamente. “
En Pausa” y “
Todo Va Tan Rápido”
son inhalar y exhalar dentro del disco. Son frenos conscientes:
espacios auditivos donde parar, observarte y respirar antes de
volver al torbellino emocional. Sin esos momentos, la narrativa
no tendría ese ritmo interno que necesitábamos.
En “No Importa” y “Nada” hay una
rebeldía clara: poner límites, dejar ir lo que pesa. ¿Qué
significa para vosotras rebelarse hoy?
Rebelarse hoy es decir “no” sin culpa. Es reconocer que hay
personas y ruidos que solo restan, y que poner límites es un
acto de libertad. “
Nada”, que cierra el disco, es
justamente ese alivio: el salto final en el que decides hacer lo
que te da la gana y dejar el resto atrás.
¿Podéis compartir alguna anécdota sobre la grabación del
disco entre “estudios caseros, madrugadas y nuevas ciudades”?
Más que una anécdota, fue un estado mental. Grabábamos donde
podíamos: habitaciones improvisadas, estudios más formales,
madrugadas interminables y cambios de ciudad que nos obligaban a
adaptarnos todo el rato. Ese caos nómada se escucha en el disco:
imperfecto pero auténtico, justo como nuestro proceso vital en
ese momento.
Habéis trabajado con Arnau Moreno y Víctor Ayuso. ¿Qué
aportaron ellos y por qué mantener tanto control creativo
entre vosotras?
Arnau y Víctor aportaron una visión externa que equilibró
nuestras ideas y ayudó a que el sonido creciera. Pero
necesitábamos que el disco siguiera siendo profundamente
nuestro. Por eso la composición y la co-producción quedaron en
manos de las cinco: era la forma de hacer que este crecimiento
sonara sincero y fiel a lo que estábamos viviendo.
Al ser cinco componentes, ¿cómo funciona la dinámica
creativa dentro del grupo?
De manera orgánica y coral. Cada una aporta desde su propio
espacio y su propio ritmo. Algunas ideas nacían en casas
distintas, otras aparecían en madrugadas compartidas. Lo que nos
une es que todas participamos en construir el sonido final, sin
jerarquías estrictas.
Mirando hacia adelante: tras este “punto de partida”,
¿qué viene para La Niña Paracaídas?
Este disco nos abre una etapa nueva. Es el abrazo entre lo que
fuimos y lo que viene. Lo siguiente es seguir creciendo desde
ahí: más conciertos, más exploración, y nuevos retos que nos
permitan seguir saltando sin perder la honestidad que define
este momento.
La
Niña Paracaídas surge a principios de 2022 como un
proyecto colectivo liderado por la vocalista y compositora
María Puigvert. Con la intención de dar voz a vivencias
personales, emociones intensas y una óptica actual sobre los
dilemas generacionales, Puigvert reunió a amigas y músicas con
sensibilidad semejante para plasmar su visión en canciones.
Poco después, al proyecto se
sumaron Maya Arqués y Miriam Linares a las guitarras,
Laia March al bajo, y Berta Jàtiva a la batería — formando así
un quinteto íntegramente femenino con energía, convicción y
talento.
Durante sus primeros meses,
La Niña Paracaídas comenzó en escenarios modestos: cafés,
salas pequeñas y espacios autogestionados. Fue en ese circuito
donde fueron puliendo su sonido, experimentando con la fusión
del pop‑punk, el indie‑rock y una sensibilidad emocional
directa. Las letras, cargadas de introspección, ansiedad
generacional y honestidad, conectaron rápidamente con un
público que buscaba algo real, crudo y cercano.
En ese ambiente DIY (hazlo
tú misma), la banda grabó sus primeras maquetas, aprendió a
tocar en directo juntas y definió una identidad propia. Esa
etapa de construcción silenciosa, de ensayo tras ensayo, les
permitió consolidar una cohesión artística sólida. Con cada
concierto crecía su base de seguidores, y con cada canción
nueva aumentaba el interés hacia lo que estaban construyendo.
Así, ya asentadas como
grupo, decidieron dar un salto al reunir sus canciones bajo un
proyecto más ambicioso. Esa decisión daría paso a lo que sería
su siguiente etapa discográfica y de mayor proyección. Pero
incluso en esos primeros años, el quinteto dejó claro que su
fuerza no residía solo en una voz principal, sino en una
comunidad de mujeres unidas por la música y la convicción de
contar historias que importan.
INDYROCK MAGAZINE
CONCIERTOS
Agenda
FESTIVALES
Agenda
ANUNCIOS
Tablón
CONCURSOS
Rock, pop...
PRODUCTORAS
Salas, estudios,
locales...
GRUPOS
En IndyRock