MAD
COOL 2026 REORDENA EL VERANO MADRILEÑO EN CUATRO JORNADAS
Madrid ya tiene una semana marcada en rojo: del
8 al 11 de julio de 2026, Mad Cool celebrará su décima edición
en Iberdrola Music, en Villaverde. Volver a cuatro días
seguidos de música es una decisión más allá de la
programación, es también una forma de ordenar el verano
musical de la capital, concentrando nombres, desplazamientos y
llenando la ciudad de ritmo.
Un
cartel de aniversario pensado por días
El décimo cumpleaños llega con una idea clara:
que cada jornada tenga identidad propia. El miércoles 8
apuesta por el golpe inicial de rock de estadio, con Foo
Fighters al frente y una columna de garantías como Moby, The
War On Drugs o Wolf Alice. El jueves 9 cambia de color y se
acerca al pol y al show vocal, con Florence + The Machine,
Jennie y Lorde en la parte alta, además de Teddy Swims o Zara
Larsson.
El viernes 10, el foco se desplaza hacia la
mezcla de guitarras y formato festival de gran aforo: Twenty
One Pilots y Kings of Leon encabezan un día en el que también
estarán Pixies, Halsey, Interpol o Sigrid. El sábado 11, Mad
Cool cierra con un aroma más de culto y propio de casino online en casa,
con un sonido más suave pero sin llegar a perder punch:
Nick Cave & The Bad Seeds, Pulp, The Black Crowes, David
Byrne o Kasabian.
La clave de este año no estará únicamente en el
cartel, también en cómo se consume. Con horarios publicados
con antelación y la app como brújula, el público puede diseñar
su ruta: a qué escenario ir primero, qué solapes acepta y
dónde se permite respirar. Esa planificación, en un festival
tan grande, es lo que convierte cuatro jornadas en un relato
continuo, más cercano a una maratón que a una suma de
conciertos sueltos.
Villaverde
como eje y la ciudad que se adapta
Que el festival se mantenga en el Iberdrola
Music es importante: el recinto, que es sede del Mad Cool
desde 2023, se ha consolidado como un “sur musical” que obliga
a repensar desplazamientos y servicios. Metro, Cercanías y
varias líneas de bus han pasado a ser parte del plan, igual
que calcular la vuelta para esquivar colas y picos de demanda.
Muchos usuarios tratan de aprovechar, en caso de verse en esas
interminables colas, para buscar entretenimiento en sus
móviles, como la ruleta online, aunque con
tantos terminales enchufados al mismo tiempo la línea de
cobertura puede llegar a colapsar.
La escala también empuja a esa sensación de
“ciudad dentro de la ciudad”: más de 70 artistas y un horario
que estira la tarde hasta bien entrada la noche. Para muchos
asistentes, el día se organiza desde la mañana (sombra, agua,
comida temprana) y, para los vecinos, vuelve el debate
habitual de los macroeventos: movilidad, ruido y convivencia.
En paralelo, el barrio y el Ayuntamiento han
buscado capitalizar la cita con iniciativas vinculadas al
entorno, como Villaverde Reloaded, que mezcla arte urbano y
programación para que el festival no sea una burbuja aislada.
Y, mientras el recinto concentra la música, el resto de Madrid
se reacomoda: alojamientos al alza, restauración con turnos
dobles y salas del centro que programan sesiones tardías.
Durante cuatro noches, el eje de la fiesta se desplaza al sur
y la ciudad aprende, otra vez, a moverse con pulsera, mapa y
paciencia.
Al amanecer, cuando vuelven los primeros metros,
Madrid retoma su verano con la banda sonora todavía pegada en
muchos oídos por ahí durante un rato más.
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