THE DOORS. FOTOS 2008 (Javier
Alonso y Marina Sanz * IndyRock) y JIM MORRISON
THE DOORS
CÓMO LOS DOORS DIERON EL GLORIOSO PORTAZO FINAL... (Ensayo
especulativo por Juan Gallardo-2025)
CÓMO LOS DOORS DIERON (muy posiblemente) EL GLORIOSO PORTAZO
FINAL A UNA VIDA DE SUDOR Y MADERA
Por JUAN GALLARDO (Ensayo especulativo)
A principios de 1991, ocurrió un curioso fenómeno cultural: The
Doors, una banda desaparecida desde hacía dos décadas, resucitó de
repente, como si su música hubiese quedado atrapada en un vinilo
ritual, esperando la aguja del destino. Con la película alucinada
de Oliver Stone, reediciones remasterizadas y una oleada de
imágenes granuladas flotando en la televisión por cable, el
espectro de Jim Morrison volvió a deslizarse por la conciencia
colectiva. Y aunque no existe una línea recta que conecte a The
Doors con la explosión grunge de 1991, es tentador imaginar que
este eco revivido agitó las aguas antes del terremoto.
A finales de los años ochenta, la música comercial flotaba en una
burbuja de laca, lentejuelas y sintetizadores. Era un carnaval de
excesos: pop sobreproducido, metal greñudo, perfección digital sin
alma. La autenticidad —emocional, sonora o filosófica— parecía tan
lejana como una cinta olvidada en un cajón. Entonces, sin pedir
permiso, reapareció Morrison: sombrío, incendiario, sin filtros.
Un fantasma que no gemía: rugía. De pronto, los oídos de una
juventud desilusionada vibraban de nuevo con versos sobre el caos,
el fin del tiempo y el deseo como abismo. Estudiantes que ni
siquiera habían nacido cuando Light My Fire incendió las ondas
llevaban camisetas con portadas psicodélicas, leían a Rimbaud en
cafeterías oscuras y recitaban la frase: "Aquí nadie sale con
vida".
Las discográficas, que entonces dictaban el ir y venir de la
cultura musical, tuvieron que notarlo. Si The Doors podían volver
a entrar en las listas y aparecer en la gran pantalla, tal vez el
apetito del público había cambiado o, lo que es más interesante y
poderoso, estaba listo para cambiar. El efecto Doors reavivó el
interés por Janis Joplin, Jimi Hendrix, The Stooges… Tal vez
la gente volvía a tener hambre de una música impredecible, cruda y
espiritual en un sentido pagano, no plástico. The Doors no eran
solo una banda: eran un símbolo de algo que se había perdido:
peligro, rebelión, improvisación, poesía. Cualidades que parecían
opuestas a la perfección pulida de la música más popular de
finales de los 80.
Seattle, durante mucho tiempo considerada una ciudad gris y
aburrida, era sin embargo el caldo de cultivo perfecto para bandas
como Nirvana, Soundgarden, Pearl Jam, Alice in Chains— no copiaban
a The Doors, pero compartían su desprecio por lo superficial, su
amor por la distorsión y su obsesión por el malestar existencial.
El grunge no nació por The Doors. Pero el resurgimiento del mito
de Morrison a principios de año ayudó a reavivar una memoria
cultural: que el rock podía ser un ritual, no solo un producto.
Que un vocalista podía ser un chamán. Que las letras podían doler
y sangrar en lugar de rebotar y presumir. Para los ejecutivos
discográficos en busca de la próxima gran cosa, el regreso de The
Doors susurraba: Han estado vendiendo la superficie. La gente
quiere el alma.
En otoño del mismo año vio la luz Nevermind, un disco
aparentemente sin grandes pretensiones que le dio la vuelta a la
cultura, pero es que le siguieron Ten. Badmotorfinger. Dirt. En
cuestión de meses, la definición misma de lo comercial había
cambiado. Grupos como U2, con una mezcla de buen hacer y una dosis
incontestable de buena suerte, capearon el temporal, a David Bowie
le sirvió para recordar quién era, y los Red Hot Chili Peppers,
que no eran ni de Seattle, se subieron al tren en movimiento. Todo
este fenómeno, por supuesto, fue el precursor de bandas y sonidos
diferentes pero incontestables herederos como PJ Harvey,
Radiohead, etc. Una revolución que sería imposible en los tiempos
de las redes sociales, la desinformación masiva y la imposibilidad
de una narrativa coherente, aunque eso es tema para otra ocasión.
Y en los créditos ocultos de esta reversión cultural, la imagen
ardiente de Jim Morrison permanecía, como catalizador.
El renacer de Bukowski, el nihilismo, El Club de la Lucha…
Poco se habla del impacto subconsciente que ciertas bandas ejercen
sobre el curso invisible de las civilizaciones. Pero me atrevo a
decir que The Doors marcaron con la yema de los dedos la puerta
que cerró el siglo XX, un empujoncito que se contagió de viento y
por poco revienta las bisagras: el último aullido de nuestra vida
analógica, con recuerdos que se disipaban, ajenos a píxeles
engañosos, una vida de tinta, papel de calco, madera y sudor que
ahora podemos recordar en YouTube y demás plataformas.
THE DOORS, ARCHIVO INDYROCK
Jim Morrison, un cuento de la Alhambra, Club Zingara, Granada
mayo 1971
El líder de The Doors, Jim Morrison, el 'Rey Lagarto' visitó los
palacios nazaríes dos meses antes de su misteriosa muerte en París
La novia del cantante de The Doors grabó con su cámara de Súper-8
imágenes del cantante en el Patio de los Leones La leyenda dice
que la noche de su muerte visionó la película de la Alhambra
(fuente
Granada hoy)
Un joven granadino llamado Ángel Carmona, uno de los fundadores
del club, vivió una temporada en California a finales de los años
sesenta, donde fue testigo del auge de la cultura hippie. Más
tarde, trajo consigo todos esos conocimientos a España, un país
donde ese movimiento aún era prácticamente desconocido. Su amigo
Rafael Cuéllar, que también residía en Estados Unidos, colaboró
con Ángel en la fundación del club tras su regreso. Hicieron
buenas amistades en Estados Unidos, por lo que, pocos años
después, «Zíngara» recibió a numerosos visitantes estadounidenses,
así como de Canadá y otras partes del mundo. Bandas como Ten Years
After, Jefferson Airplane, Santana o Jimi Hendrix eran habituales
en las sesiones de los DJ locales, quienes también mezclaban esos
sonidos con música folk del lugar
RIDERS ON THE STORM
16 DE JULIO DE 2008 SALA
RAZZMATAZZ 2 BARCELONA
por
Iñaki Pinhead / Fotos y crónica
Cada día resulta más difícil hacer una reseña de estas
características y dejar a todo el mundo contento. Por una parte
están los fans mas acérrimos al grupo, que bajo ninguna
circunstancia permitirán que el nombre de su grupo favorito, se
vea mancillado por intrusos, que son invitados a este tipo de
reuniones, (En este caso el intruso es, Bret) y que son mirados
por lupa, por esos que han vivido con total devoción, la carrera
de una banda, en este caso THE DOORS. Por otra están los fans,
menos aguerridos, que no habiendo visto nunca en directo a su
banda predilecta, y de alguna forma sienten que tienen una espina
clavada, y dan como bueno, este tipo de reuniones. Y por otra esta
el resto, el cual apenas ha escuchado nada de la banda, (salvo sus
hits más populares) y que piensan que van a asistir a una especie
de "resurrección" cuando acuden a un evento de estas
características. Lo que esta claro es que esto no es un concierto
de los DOORS, es un tributo a una banda que marco una época, y con
dos de sus miembros aun en activo, intentan revivir aquellos
tiempos de gloria, y de paso quitarnos esa espina a muchos de los
fans, que no vivimos aquella época en cuestión.
Nos encontramos con una segunda etapa de los "Jinetes", que tras
la marcha de Ian Ansbury, tuvieron que reconducir la nave buscando
un sustituto para el mismo, y este no es otro que Bret Scallions,
(Quien fuera vocalista de la banda FUEL). Para empezar el amigo,
se encuentra de lleno con dos obstáculos; Primero de ellos superar
lo que el cantante de THE CULT, hizo en su etapa con la banda, y
segundo y mas importante. ¡Ser un nuevo JIM MORRISON!, pues si
amigos, si entras a esta banda, tienes que moverte, tienes que
sentir, tienes que trasmitir, tienes que tener el mismo feeling
con la gente, que el propio "Jimbo" tenia. Y no se vosotros, pero
yo vi al propio Bret, "invadido" por un cuerpo extraño (Mi pequeño
tributo a esa película de culto, "La invasión de los ultra
cuerpos").
Cuando te enrolas en una aventura de estas características, esta
es tu primera misión, imagino que en las pruebas de acceso, tanto
Ray como Robby, buscarían esto, pero yo me pregunto. ¿Puede una
persona "transformarse" en otra así de repente?, ¿Puedes ser tu
mismo, y mostrarte tal como eres, si te dicen que para entrar en
una banda debes ser el clon (En este caso de Jim), de otra
persona, ya fallecida o que ya no esta en el grupo?. Creo que
resulta complicado, y pienso que si me tuviera que poner en dicho
papel, creo que ni tan siquiera lo intentaría.
A ultima hora el concierto se traslado a la sala 2, (En lugar de
la 1 como estaba previsto) la cual como es obvio se "peto" hasta
arriba y con el calor que hacia, sencillamente ¡ENCENDIO NUESTRO
FUEGO!. Pero no el sentido sexual de la misma, sino mas bien todo
lo contrario, ya que incluso la tarea de respirar, era bastante
complicada.
Casi con puntualidad británica, la banda salio a escena, y los
primeros aplausos y vitorees se oyeron en una sala aun no
abarrotada. Los puñales de los detractores del nuevo cantante, se
afilaban mientras este cogía el micro, para empezar con "Love me
two times" y lo cierto es que al tío se le veía suelto, (eso si,
me pongo en su pellejo y el crear ese aura tan especial que Jimbo
tenia es complicado).
Bret no es un mal vocalista, es mas diría que es un buen
vocalista. Pero para otra banda, como sus antiguos Fuel, y quizás
esto le viene grande, puso ganas, puso esfuerzo, pero todo era
muy. Forzado, sus poses, sus movimientos, sus tocadas de
"paquete", su buen rollo con Ray, en definitiva un buen actor,
para una mediocre actuación.
Tras esto, se empezó a calentar el ambiente con "Break on through
(to the other side).", donde ya Ray y sobre todo Robby, cogieron
la batuta del mismo y no la dejaron hasta el final. Es entrañable
ver a Ray, detrás de su órgano, emulando al mismísimo, Jerry Lee
Lewis. Además se conserva muy bien, todo lo contrario que el amigo
Robby, que parece sacado de una película de Romero...
Aun así la edad debe estar en el alma, porque el tío nos dio un
recital de cómo tocar la guitarra, tanta la acústica, como la
eléctrica, eso si se gusto tanto, que incluso se hizo algo denso,
pero era lógico, la gente esta con el, la banda estaba con el, y
pesar de ese look "Cadavérico", deleitaba con cada riff, con cada
melodía. (Ese tapping de mano derecha, los slides entre otras
lindezas).
El show llevo un ritmo bastante irregular, con momentos increíbles
y otros soporíferos, donde quizás las ganas de dar espectáculo, se
volvieron en su contra.
Ejemplos: Cuando Robby cogió la acústica y con un Ray con maracas,
nos hicieron una especie de conga, mambo o vete tu a saber que
narices."No Me Moleste Mosquito" o algo parecido.
Otro momento de esos que no se olvidan, es ver a el bajista de
origen asiático y un Robby guitarra en mano, haciendo una especie
de "cadeneta" uno detrás del otro, por todo el escenario, lo cual
repitieron varias veces (Vamos que le cogieron el gusto) para
deleite de la gente de las primeras filas.
Genial fue oír ese "Spanish Caravan" guitarra acústica en mano
(ED- Sacrilegio no utilizar para esto, una española, ¿No os
parece?).
"When The Music's Over", es la perfecta comunión con el publico,
la psicodelia y la improvisación en estado puro, larga y densa
como ella sola, hace al publico volverse loco de remate, mientras
el grupo disfruta y eso se ve en sus caras de satisfacción.
"Alabama Song" nos muestra a Ray, mandándonos a todos al bar, a
beber un poco de Whiskey (Si te tienes que beber un par de ellos
en la Razzmatazz, mejor rompe tu hucha del cerdito, porque los
precios están por la nubes.).
Y claro el recuerdo mas esperado al propio Jimbo, con "Five To
One" y esas palabras sobre los verdaderos "Sex Machine", donde el
propio Ray habla de entre otros de James Brown, Bo Diddley, y
suelta sin inmutarse cuando el propio Jimbo, saco su fusil.
El concierto sigue en su línea de altibajos, de repente la euforia
se apodera de uno, pero esta dura poco, y vivimos momentos
llenos de pesadez, con un Bret que no llega a dar la talla en
ciertos momentos. Mientras el "pequeño samurai" (Como bautice a
este Jamaicano, trotamundos del rock, el cual ha estado en
innumerables formaciones, con gente tan famosa como Rod Stewart,
Phil Collins, Van Morrison, jeff Beck o B.B King.), toma
protagonismo y con su forma tan curiosa de tocar el bajo, lo mueve
aquí y allá, mostrando una muy buena técnica (Ahora yo me pregunto
¿Los verdaderos The Doors, no tenían bajista, cierto?...).
La banda decide que es hora de tomar el camino de los camerinos,
para un pequeño descansito.Y vuelven con ni mas ni menos que "L.A
Woman" momento álgido de la noche y que crea una atmósfera
especial, que nos hace trasladarnos a todos (Bueno sin pasarse), a
la propia ciudad de Los Angeles.
Pero si todo esto fuera poco, y con un publico una y otra vez
mencionando el nombre de añorado Jim, regresan con el tema de la
noche, "Light My Fire", el cual mas que encendernos, nos hizo
arder, ya que con el calor reinante en la sala, los de seguridad
dando muy pocas facilidades, y en un costado izquierdo casi
aprisionados, vimos como el tema en cuestión era alargado hasta la
extenuación, donde todos y cada uno de los integrantes de la
banda, nos mostró sus habilidades con sus propios instrumentos,
donde Robby, se gusto una y otra vez, y donde la mayoría pensamos,
"Chicos es hora de acabar", y tras casi dos horas de concierto, y
con una medidas de seguridad al mas puro estilo Rolling Stones,
escoltados por la seguridad y cubiertos por el telón que daba paso
a zona de escenario.
Y entre un pequeño caos montado por los de seguridad, salimos de
la sala, directos a nuestros hogares, con disparidad de opiniones,
pero con una cosa clara..El espíritu de este banda, permanecerá
siglos, milenios, ya haya un Apocalipsis o un Cataclismo, que las
nuevas generaciones, tendrán entre sus hits, temas como los que
esa noche escuchamos..
LOS JINETES DE LA TORMENTA SIGUEN CABALGANDO.
Riders On The Storm
nacen de las cenizas de los míticos The Doors para extender el
espíritu de la música inmortal de la banda. Jim Morrison falleció
hace más de 35 años, pero el guitarrista Robby Krieger y el
teclista Ray Manzarek han querido continuar con el legado del
grupo bajo el nombre de una de sus míticas canciones. Ian Astbury
de The Cult ha sido hace bien poco el vocalista que ha tenido que
cargar con la pesada losa de 'sustituir' a Morrison, y su trabajo
según los seguidores ha sido más que digno. Pero hace unos meses
Astbury decidió centrarse por completo en The Cult y dejar el
grupo. Su sustituto es el joven vocalista del grupo Fuel, Brett
Scallions, el propio Manzarek ha afirmado que está muy contento
con su incorporación
www.raymanzarek.us/rots.html
Poema inédito de Jim Morrison adquirido por el Museo del
Rock de Barcelona "The Andalusian Bitch" ("La puta
andaluza")basado en el "El Duende" de Federico García Lorca. El
Museo del Rock de Barcelona, colección Jordi Tardà, ha adquirido
en Nueva York un poema inédito de Jim Morrison, desaparecido
cantante del grupo californiano The Doors. El poema, manuscrito
por el propio Morrison con bolígrafos de tinta roja y azul, lleva
por título "The Andalusian Bitch" ("La puta andaluza").
A mediados de los años 60, el entonces universitario Jim Morrison,
fascinado por el corto "Un perro andaluz" de Luis Buñuel y
Salvador Dalí, se interesó vivamente por la obra de Federico
García Lorca y especialmente por "El Duende" del año 1934. El
poema, en inglés, dice así:
"What does it mean? The artist's own hand slits her
eyeball.
Cloud razors slash at the moon. Cosmic utterance.
He has lanced the swollen boil of sight"
+++
¿Qué significa? La propia mano del artista raja su globo ocular.
Los filos de las nubes apuñalan la luna. Cósmico murmullo. Él ha
lanceado el hinchado hervor de la visión.
+++

El Museo del Rock de Barcelona, colección Jordi Tardà, abrirá sus
puertas durante el mes de abril del año 2008 en la cuarta planta y
en la cúpula de la antigua plaza de toros de Las Arenas de
Barcelona, en la Plaza de España de la ciudad catalana.
El Museo del Rock contará con salas dedicadas a The Beatles, The
Rolling Stones y a la música rock realizada en nuestro país.
Además de una sala de efemérides y las salas de la propia historia
del rock, de sus inicios a la actualidad. Asimismo, el Museo del
Rock contará con un archivo a disposición de los visitantes, dos
salas multiusos para eventos y un estudio de radio y televisión,
entre otros servicios. (enero 2007)
Riders on the Storm
20/04/2006, Sala La Riviera, Madrid
Fotos y crónica
Javier Alonso Juliá y Marina Sanz Domínguez
-IndyRock





El jueves día 20 de abril, en la Sala la Riviera, parte de la
mítica banda de Los Ángeles, "The Doors", con su nueva formación y
sobrenombre "Riders on the Storm", aterrizaba por segunda vez en
España y por primera vez en Madrid.
Esta cita no se la quisieron perder sus incondicionales,
tanto los más jóvenes como los más veteranos, que abarrotaron la
sala, formando largas colas en la entrada, con todo el papel
vendido.
La banda formada por dos de los fundadores del grupo, Ray Manzarek
- teclados- y Robby Krieger -guitarra- acompañados por el
cantante británico Ian Astbury, líder de "The Cult", y el batería
Ty Dennis y el bajista Phill Chen, aparecieron sobre el escenario
pasadas las 21.30 de la noche, acompañados de la pieza musical
"Carmina Burana".
La ovación del público fue estremecedora tras escuchar la
mítica presentación de los Doors ".from Los Angeles, California,
The Doors". Para comenzar la actuación sonó "Roadhouse Blues", que
con el característico teclado y la guitarra nos trasladamos al
mismísimo "Whisky a Go Go" en donde dieron sus primeros pasos esta
gran banda de los años 60.
El espectáculo no había hecho nada más que comenzar y uno de
los grandes temas de todos los tiempos, "Break on Through (to the
other side)", desató la euforia del público. Ian Astbury con su
parecido físico y su voz emuló a la perfección al mismísimo Jim
Morrison. Tras este tema sonaron "Love me Two Times" y "When the
Music's Over" en la que Ian se metió tanto en el papel de Jim que
se encaró con el personal de seguridad que vigilaba la valla
haciendo vibrar la sala. Antes de continuar con el siguiente tema,
Ray presentó al grupo. "Alabama Song" y "Backdoor Man" sonaron sin
descanso. "Five to One" resultó demoledora, en ésta Ian bailó como
lo hacía Jim, como un indio alrededor de la hoguera.
"Spanish Caravan" comenzó con Robby Krieger solo ante el público
con su guitarra acústica demostrándonos que a pesar de sus 60 años
es uno de los grandes guitarristas de todos los tiempos. A este
tema le siguieron "Peace Frog", "21st Century Fox", "Moonlight
Drive" y "Wild Child". La sala se convirtió en una auténtica
fiesta que ovacionó al grupo con el típico vítor futbolístico "oe
oe oe" a lo que estos dieron las gracias en castellano.
Un tema lento como "Forever" nos relajó hasta llevarnos al
apoteósico final que nos esperaba: "Touch me" precedió al que
sería el último tema "L.A. Woman". Con unos impecables solos de
Ray y Robby abandonaron el escenario aplaudidos por la multitud,
pero tras pocos minutos regresaron bajo lo sonidos de una tormenta
que precedía el siguiente gran tema, "Riders on The Storm", que
fue cantado por el respetable al igual que todos sus anteriores
temas.
De nuevo abandonaron el escenario pero algún que otro hit de grupo
debía sonar en esta especial noche. Los sonidos del teclado de Ray
nos llevaron al culmen de la actuación. "Light my Fire" subió la
temperatura de la sala hasta un extremo de excitación y desenfreno
descomunal.
La actuación había llegado a su fin, pero la presión del público
logró que los de California nos regalasen un último tema "Soul
Kitchen" que en los conciertos precedentes no habían tocado.
Tras casi dos horas y media de concierto, en el que los continuos
solos instrumentales nos recordaron a las antiguas actuaciones de
los 60, se despidieron totalmente emocionados y dando las gracias
en repetidas ocasiones.
Espectacular y brillante actuación que será difícil de borrar de
las mentes de aquellos que no pudimos disfrutar del directo de la
banda original. Ray y Robby dieron toda una lección de lo que es
estar en un escenario, y Ian Astbury estuvo realmente excepcional
metiéndose en el papel tan difícil que le había tocado
interpretar.
Tomando el nombre de
la última canción que The Doors grabaron antes de la desaparición
de Jim Morrison, Riders On The Storm se presentan con Ray Manzarek
y Robby Krieger (The Doors) y la voz de Ian Astbury (The
Cult). En esta gira, sonarán con intensidad los grandes
éxitos de The Doors de mano de los miembros fundadores del grupo,
una voz hecha a medida para compartir el legado de Morrison y dos
grandes músicos que también los acompañarán, Toy Dennis (batería)
y Phil Chen (bajo).
THE DOORS, 2003
04 de Diciembre 2003 Plaza de Toros Benidorm
Produce : Mundosenti2
Fotos:
Marcerock - IndyRock



SIGLO XXI, BUENOS AIRES
The Doors Siglo 21/
Buenos Aires Oct. 2004.
Crónica para un amigo "español"
por
Santiago Craig - IndyRock
En el año 2000 conocí Europa y sólo tuve un momento de intimidad,
de recogimiento y de epifanía. Fue en el cementerio de Pêre
Lachaise, repitiendo la misma escena -tan poco íntima, tan alejada
del recogimiento y de las iluminaciones personales y subjetivas-
de pararme frente a la tumba de Jim Morrison a fumar un
cigarrillo, como ya habían hecho miles de personas antes que yo, y
como seguirían haciéndolo. Fumé un Gauloises, recuerdo, como para
completar el snobismo. Sin embargo, y pese a lo trillado del
acontecimiento, no encontré en ningún otro lugar de mi breve
periplo por el Viejo Mundo nada que justificara más mi presencia
por esos lares que ese laberinto de pintadas y mármoles corroídos
por el musgo y los hongos, esos caminos de señas improvisadas que,
ignorando un poco la afectada y brillante prosa de Wilde o las
desbordadas manchas de sutilezas y cinismos que supo destilar con
sus novelas Balzac (otros poetas, otros muertos ilustres,
habitantes del cementerio), indicaban el camino al altar del Rey
Lagarto a través de las más vulgares, entusiastas y adolescentes
frases e intertextualidades: "To the other side", "My eyes have
seen Jim", "No está aquí, baila en algún lugar de la autopista
hacia el fin de la noche". Tengo varias frases anotadas, incluso
algunas que simplemente dicen "Jim, te amo", tal vez por el aire
familiar y cómplice que me generaba cada palabra en español que
aparecía entre tanto inglés, francés, alemán, y vaya a saber qué
otras extrañeces. Había ingresado al cementerio con un pequeño
cuaderno, dispuesto a llenarlo de poemas, de referencias e
impresiones acerca de aquel viaje espiritual tan
intensamente deseado desde mi adolescencia. La intención era
dárselo luego a Facundo, mi mejor amigo en el colegio secundario y
único fanático enfermo de los "Puertas" como yo por esas épocas.
Con Facu sabíamos de memoria cada una de las palabras que había
dejado registradas Jim Morrison, sea con su voz o con su letra, y
las repetíamos todo el tiempo como si se tratase de una actividad
religiosa, como una sucia y pegajosa plegaria que nos empastara la
boca y que no pudiéramos escupir del todo. Habíamos visto la
película de Oliver Stone, como casi todo el mundo, veinte años
después de que El rey Lagarto hubiese muerto, y un año después de
haber ingresado nosotros al colegio secundario; habíamos quedado
fascinados por esa mezcla extravagante de imbecilidad y genio que
plantea el cineasta en el film. Pero más que nada, nos maravillaba
la época, las ropas y las costumbres; los ditirambos dionisíacos,
las drogas, las fogatas, las palabras y la música, eso, más que
nada, la música hipnótica y única de los Doors. Así que lo primero
que hice, en cuanto pude ahorrar dos o tres meriendas, fue correr
a comprar lo primero que encontré adornado con la cara de
Morrison. No fue exactamente él quien miraba con ojos perdidos y
un pelo hecho de fuego desde el póster que adornaba la vidriera de
la disquería, era Val Kilmer, pero se le parecía bastante, así que
compré el cassette con la banda de sonido de la película ( gesto
afortunado que me llevó además a descubrir a Lou Reed y la Velvet
Underground, pero esa es otra historia) y me fui conteniendo el
aliento hasta la casa de unos amigos en donde íbamos a jugar a las
cartas y simular que fumábamos cigarrillos. No estaba Facundo esa
noche, así que no fue demasiada la complicidad que obtuve para
escuchar mi nueva adquisición en forma inmediata. A los chicos les
parecía aburrida la música vieja y un poco excesiva la duración de
ciertos temas, como "The End", por ejemplo. A mí, simplemente, me
extasiaban.
Escuché el disco unas quince veces, y no hubo forma de que me
convencieran para cambiar esa música. Recuerden, aquellos que
hayan pasado o estén pasando por esa enfermedad; los que hayan
sido infectados o que estén aún picados por el veneno que destila
cada uno de los segundos de las canciones de los Doors; recuerden
ese momento en el que escucharon por primera vez en la vida y en
forma completa "When the music is over", "Riders on the storm" o
"Light my fire". Entenderán entonces como perdí esa noche unos
diez pesos jugando al póker y a su vez, como fue una de las más
felices de mi vida. Entenderán como a las dos y media de la mañana
decidí llamar por teléfono a mi amigo Facundo para contarle cosas
imposibles de contar, para hacerle escuchar algún que otro tema
por el auricular mientras me deshacía la garganta en elogios y
para hablarle hasta las cuatro de la madrugada acerca de esas
letras que eran viajes por el desierto, por la rebeldía, y por
esos lugares oscuros en los que deambulan los poetas. Esos lugares
oscuros que conjuraron los Doors, y que se fueron amuchando como
insectos debajo de una piedra; detrás del "Flower Power" de los
sesenta, de la alegría lisérgica y esperanzada de la generación
del amor, es decir, de la generación de nuestros padres.
Y fue esa oscuridad la que nos cautivó ( éramos adolescentes, eran
los noventas: la desidia, el desprecio por todo, la muerte,
estaban de moda) y la que nos cambió la vida. Porque a mi amigo y
a mí, escuchar a los Doors, leer los poemas y canciones de Jim
Morrison, nos cambió literalmente la vida: nos abrió los ojos
hacia otros horizontes nuevos y desconocidos. Nunca hubiera
intentado interpretar los aforismos de Nietzsche a los catorce
años ni el simbolismo de Blake y Rimbaud (esos nuevos horizontes)
si no hubiera leído, en alguna parte, que mi ídolo máximo los
admiraba profundamente. Con Facundo investigamos mitología griega,
el origen de la tragedia, los ditirambos y las distintas teorías
estéticas y artísticas a las que "Mr. Mojo Risin" hacía referencia
-entre vapores etílicos- cada vez que algún periodista -tan
periodistas siempre los periodistas- lo interpelaba respecto de
los orígenes o del sentido de su arte. Entonces, descubrir a los
Doors, para Facu y para mí, fue algo así como redefinir nuestro
universo de referencias, nuestros valores, o como se llamen; un
cambio de perspectiva violento, un disparo de vibraciones en la
frente, como el tiro mortal que Krieger improvisaba con su
guitarra matando a Jim cada noche al interpretar Unknow Soldier.
Es que Jim, como Cristo, vino a morir un poco por nosotros.
Pasamos años enteros escuchando a los Doors, dejándonos crecer el
pelo, fumando marihuana y emborrachándonos seguros de que "el
camino de los excesos conduce al palacio de la sabiduría", pero
sobre todo, leyendo, escribiendo poesías, charlando sin parar
sobre el destino del mundo, la muerte, el amor, la vida, y otras
cosas inabarcables. Pasamos años enteros venerando a Morrison como
a una deidad hecha de rock y de ideas y de un fuego inextinguible.
De una forma vulgar, joven y pura, de una forma simple: lo
adorábamos.
Fueron pasando los años de adoración y con ellos esa frecuencia
pegajosa y deliciosa con la que uno frecuenta a sus amigos durante
el período escolar. Algunos ingresamos en la universidad, otros,
como Facundo, deambularon un poco de empleo en empleo, de vocación
en vocación, hasta encontrar algo que sirviera para no ser sincero
( no se puede ser nunca sincero si uno es lo que somos Facu, yo, y
tanta gente: puro deambular) y evitando el silencio embarazoso
ante los requerimientos ajenos, poder responder que uno tiene un
proyecto personal, que uno encamina su vida hacia un destino
seguro y confiable, y que ve mucho más allá de sus propias
narices. Así que Facundo se fue a España, a Madrid, y allí vive y
es feliz desde hace unos años, y simula tener un proyecto, un
destino, como todos. Ya no usa las remeras con la cara Morrison
inundada de rulos y del brillo metálico de los Ray-Ban, pero se ha
dejado crecer el pelo casi hasta la cintura y cada mañana se sirve
(solo) una cerveza. Hace poco vino a Buenos Aires, a pasear con su
simpática novia madrileña, y su estadía en el país no coincidió
por dos días con la de Ray Manzarek y Robbie Krieger, por lo que
no pudo estar en el recital que los "renombrados" Doors del siglo
XXI dieron junto al morrisonesco y excelente cantante de The Cult:
Ian Astbury.
Dado que tengo la posibilidad de escribir en este medio, que por
otra parte Facundo frecuentaba sin saber de mis esporádicas
colaboraciones, aprovecho para poner al tanto a mi amigo "español"
respecto de los pormenores del show brindado por estas nuevas
Puertas en el estadio de Vélez Sársfield. No interesan demasiado
los aspectos técnicos, ni de sonido, ni de organización, en este
caso. Aquellos que hayan sabido apreciar la esencia de los Doors,
saben que esas cuestiones son secundarias, que siempre lo han sido
y que ni siquiera en sus épocas de mayor esplendor la banda
resaltó por su orden o por su prolijidad sobre el escenario. Así
que, Facu, paso a enumerar simplemente una serie de sensaciones e
imágenes, como para que te des una idea...de lo importante:
Había un eclipse. A eso de las diez de la noche, la Luna empezó a
cubrirse con un velo de sombra negro y difuso y fue desapareciendo
el conocido círculo blanco para dejar lugar a una mancha roja,
luminosa y espesa que parecía querer plantar en el cielo el
espíritu de una ausencia ardiente. Los organizadores del recital,
tal vez en un súbito arranque de amnesia, olvidaron que el show no
iba a ser en Suiza, sino en Argentina, y establecieron una
distribución de localidades en donde quedaba separado un sector
VIP (la entrada costaba casi 10 veces más que la más barata) de un
sector "popular". Ridículo. Las divisiones, claro, duraron hasta
que se apagaron las luces del estadio y comenzaron a sonar los
primeros acordes de Roadhouse Blues. (¿Te acordás que bailábamos,
saltábamos y dábamos vueltas como indios poseídos cada vez que
sonaba ese tema en alguna fiesta? Da un poco de vergüenza
recordarlo, pero es tan cierto, tan sincero, que es más la
satisfacción.) La gente ubicada en las plateas y las populares no
se limitó a aplaudir mientras la de los asientos caros hacía sonar
sus joyas, sino que arrancó los alambrados, las puertas y las
vallas para acercarse hasta el borde del escenario. Chorreando
desde las tribunas, una horda uniforme hecha de saltos y cantos
fue llenando el campo, arrancando las sillas y prendiéndolas fuego
para improvisar aquellas bacanales que forman parte del imaginario
común a todos los fanáticos de los Doors. "Todos los chicos están
locos" cantaba Jim en The End. Y esto iba un poco por ahí.
Entonces el fuego, el eclipse, la gente avanzando más allá de los
límites y la misma música de siempre, las mismas canciones.
Entonces la escenificación inobjetable de un Ian Astbury
customizado a lo Jim, con gafas negras, cabellos enrulados,
campera de cuero y gritos desgarrados, Manzarek canoso y risueño
en los teclados y Kriegger viejo y hippie en la guitarra. Todo
desprolijo, sucio, con un sonido confuso que se fue afianzando a
lo largo del recital.
Frases demagógicas e innecesarias ("Viva Maradona" y cosas por el
estilo. Incluso llegaron a ponderar nuestro Peyote.¿?) y una
actitud entre simpática y complaciente por parte de los músicos
que, de a ratos, a algunos, nos hizo sentir un poco de vergüenza
ajena. Pero esos detalles no alcanzaron, claro, para apagar tanta
euforia. Y es que, como te imaginarás, estábamos escuchando las
canciones de los Doors tocadas por los Doors, y eso era algo que
rozaba lo fantástico. Las versiones sonaban igual que en esos
discos en vivo editados en forma pirata que comprábamos
compulsivamente, pero con más fuerza y nitidez. El cantante es muy
bueno, se sabe, y no es Jim, eso también se sabe, pero supo ocupar
su lugar, actuar y cantar, llenar un poco de histrionismo ese
hueco luminoso que todos habíamos ido a ver brillar bajo el
eclipse. En síntesis: miré la luna enrojeciendo y escuché esas
canciones que tantas veces habíamos escuchado juntos tomando vino
y levantando el índice para indicar categóricamente que
difícilmente viviéramos un año más de los veintisiete y que
nosotros también íbamos a planear un asesinato o empezar una nueva
religión, para morir jóvenes y llenos de magia y de gloria. "Love
Me Two Times", "Moonlight Drive", "People Are Strange", "When The
Music´s Over". "Peace Frog", "L.A.Woman", "Riders On The Storm",
"Light My Fire", "Soul Kitchen". Un tema atrás del otro y la gente
saltando, cantando y rompiendo todo: Una buena escenificación de
eso que es para tantos el objeto de deseo, la felicidad, la
juventud, la inocencia: algo inevitablemente perdido. Ahora
que estamos por cumplir veintisiete años y bastante lejos de
querer morirnos; ahora que sabemos que Jim Morrison era un tipo
simpático y sumamente inteligente que supo hacer lo que quería:
abrirnos las puertas de la percepción y obligarnos a ver todo tal
y como era; ahora que vos estás por allá y yo por acá, y que los
Doors están de gira sin Jim, pero con sus canciones; ahora, una
vez más, puedo usar una frase de esas que escribíamos con el borde
una llave en el pupitre para explicarte todo: "The music is your
only friend, until the end." Saludos, y un beso a María.