FOTOGALERÍA: ZAIDÍN ROCK 2005. FOTOS: MERCHE
S. CALLE
Ha cumplido 25 años. El Festival de Rock del Zaidín, en Granada, es el decano de las
grandes citas de la música alernativa. En su edición de 2005, los aires roqueros,
mestizos, e incluso los espacios para las nuevas bandas, volvían a ocupar tres noches de
convivencia en torno al escenario zaidinero. Una edición marcada por un especial deseo
de homenajear a las bandas granadinas, un movimiento consolidado en la historia de la
música de este país y que aún sigue siendo el referente para todo aquel que quiere decir
algo en el mundo del rock, el pop y la fusión. Junto a nombres ya míticos de la escena
creadora de los 80 y 90, como José Ignacio Lapido (091), Antonio Arias (Lagartija Nick),
Quini Almendros (La Guardia), Paco Chica (Dorian Gray), e incluso el incombustible
Miguel Ríos, el Zaidín subía a su escenario a los dioses de la fusión, Eskorzo y unía a
este especial homenaje a bandas como Reincidentes, Molotov y Siniestro Total (asiduos
del Zaidín y clave en la evolución de las bandas de esta ciudad) . Un festival que se
caracteriza, entre otras cuestiones, por su gratuidad (lo que facilita el lleno total
cada noche, con alrededor de 10.000 personas por jornada), y por ser de los pocos de
España que son soportados económicamente por el ayuntamiento de la capital (este año con
una pequeña colaboración de la Junta de Andalucía y la Diputación Provincial) y la
asociación de vecinos del barrio donde se celebra. Tres noches para guardar en la
memoria.
Un festival en el que los responsables de escenario lograron algo impensable en los 25
años de vida de este evento, cumplir con los horarios establecidos casi con una
rigurosidad británica (Wild Punk se encargaba de esa parte de la producción). Como es
habitual en casi todos los festivales y conciertos, falló la iluminación, con cadencias
que tienden a la oscuridad total, luces rojas que impiden ver los detalles de la banda y
direccionalidad en los focos que más bien parecen preparados para contemplar las
estructuras metálicas del set que para dejar ver a los músicos. ¿Cómo es posible dejar
un escenario completamente apagado durante segundos, y mantener luces estrosboscópicas
durante minutos?. Un sobresaliente para la organización y el espacio elegido para
celebrarlo.
Promorock, un espacio para la esperanza *Jornada#1
El Zaidín cumplía 18 años celebrando la noche de la esperanza para los grupos que se
inician. Un espacio para presentar nuevas bandas emergentes. Rocken, Cinco Duros y
Carromato, tres grupos de hard y heavy, compartían escenario con dos pesos pesados,
Reincidentes, la expresión más clásica del rock reivindicativo, y Eskorzo, la fusión
total. Cinco Duros y Rocken demostraban que formar parte de la escena granadina no es
fácil, necesita llegar a la altura de un listón colocado muy alto, superar la prueba del
Zaidín es entrar a formar parte de un grupo de músicos con el marchamo de calidad que
ofrece la denominación "Granada" para la música alternativa. La primera noche comenzaba
con Rocken. Era temprano para un festival que acostumbraba terminar con las primeras
luces del sol. A pesar de ello, varios miles de personas estaban ante el escenario,
llamados sobre todo por la presencia de Eskorzo, pero ávidas de rock and roll. Cinco
Duros se acercan a los sonidos del rock de los noventa, con ciertos aires de hard y
recuerdos a 091. Era una perfecta forma de calentar el ambiente para "todo lo que vendrá
después". Carromato es un producto musical, en clave de heavy metal, firmado por uno de
los más pertinaces seguidores del metal de estas tierras del sur, un joven minusválido
"Carromato", que ha dado el paso de llegar con su silla de ruedas desde las posiciones
del público a ser la estrella en el escenario, (¿quién no lo recuerda peleando por poder
estar cerca del escenario en todos y cada uno de los conciertos y festivales heavys de
estas tierras?).
Reincidentes mantiene su leyenda. El rock cambiará el mundo y ha de servir para
despertar conciencias. Se pregunta ¿dónde están los de su generación?... perdidos.
Canciones sencillas, cargadas de himnos, directas a levantar pasiones de rebeldía.
Levantaron, a pesar de ser las tres de la madrugada, puños en alto y gritos de pasión.
Eskorzo, los grandes de la fusión
Se le llama mestizaje, fusión, incluso bullanga, pero lo de Eskorzo no tiene etiquetas.
La banda de Toni ha logrado una evolución impensable hace ocho años, cuando ganaban el
Lagarto Rock. No paran, van de escenario en escenario sin descanso, seguidos por miles
de fans incondicionales. En el Zaidín demostraron estar en forma. Logran arrasar por
donde van. Fue la fiesta esperada por más de diez mil personas. La pasión desatada por
los sonidos de Eskorzo, con un repaso a casi la totalidad de los temas de sus tres
trabajos discográficos, se traducía en grandes masas de gente bailando sin parar,
oleadas de público que parecían mover el mundo de izquierda a derecha, de arriba a bajo,
hacía delante y hacia atrás. Poco más de dos horas de concierto, en el que,
curiosamente, faltó uno de sus grandes "hits" "Si las cabras pueden".
La noche de Eskorzo y la esencia del R&R
Por Javier Sánchez / IndyRock
¿25 años ya? hay que ver, como pasa el tiempo... claro, que yo no estuve allí, no tenía
edad. Aunque si que he estado presente en casi todos los "Zaidines" de los últimos 10
años. Y en todos ellos he admirado el cartel, me ha parecido que han tenido un
grandísimo buen criterio. Buen criterio que se tradujo el año pasado con la presencia de
Eskorzo, también otros grupos, por supuesto, pero el concierto de Eskorzo fue de esos
que dejan huella y hacen "fieles" de aquí a la eternidad. Concierto que les hizo
imprescindibles para este año, y aunque les tocó un incómodo día, a no menos incómoda
hora (jueves 00.30), allí había mucha, pero que mucha gente, dispuesta a ir a sus
quehaceres del día siguiente con la sangre en los ojos. Tanta gente que aquello estaba
lleno, no había más sitio, no se si estábamos todos, pero no cabía nadie más.
Eskorzo se presentó "pintando las paredes" con sus colores, de esa manera que sólo ellos
saben transmitir y poner una sonrisa, además de baile, y paz en los que los disfrutan.
Dando un espectáculo más sereno, quizás, que otras veces, seguramente debido a que la
voz de Toni estaba "espantapitá", pero a la misma altura que nos acostumbran, a la
altura del placer de estar con un grupo que transmite sólo buenas vibraciones. Nos
regalaron el adelanto de un nuevo disco, y "mirándonos a la cara" nos mostraban que hay
mucho Eskorzo aún por conocer y por disfrutar. Muchos festivales y corazones llenos de
Salud, Paz y Baile.
Mismo criterio de buen gusto tuvo el cartel del sábado, y no quiero menospreciar ningún
otro día o grupo, pero dedicar una noche a bandas de "ayer y hoy" de la tierra, es un
excelente plato fuerte. El ir y venir de grupos, sus excelentes y muy diferentes
interpretaciones del Rock, y la observancia del numerosísimo público asistente, me hizo
meditar profundamente, además de sentirme agradecido en los sentidos. Allí había más de
10.000 personas cantando a todo lo que daban sus gargantas las canciones de los "Cero",
cuando Mezcal o Lapido nos las regalaban, también las de Miguel Ríos, o clásicos como
London Calling (homenaje de José Anton¡o García a Joe Strummer). Algunos con lagrimas en
los ojos, incluso, con nostalgia todos, reviviendo aquellos tiempos en los que el Rock
"estaba de moda". Quizás por eso Lapido supo que la canción que todos entonarían como un
himno era "Qué fue del s. XX", en una reivindicación de lo que realmente queremos. Como
me hallo con cuerpo agradecido, no quiero ponerme a maldecir lo que nos hacen "comer"
por las orejas. Pero el recinto se quedó pequeño, al otro margen del río había gente
cantando, y todos sintiendo que esto es lo que nos gusta. LARGA VIDA AL ROCK."
Jornada#2
De maquetas al descaro de Julián Hernández
Por Jesús S. -IndyRock
La segunda jornada de esta edición tan especial del Festival del Zaidín estuvo marcada
por las actuaciones de dos grandes nombres que llenaron el recinto en su nueva
ubicación. Al tirón, por otro lado lógico de Molotov, se unió al última hora la
presencia de nada menos que de una de las mejores bandas que ha dado el punk nacional,
Siniestro
Total. En ese ambiente festivo se desarrolló además una nueva edición del certamen
"Arte y creación joven" que un año más nos trajo el Instituto Andaluz de la Juventud. Y
por primera vez desde su creación, una banda granadina se llevó el gato al agua.
Independientemente del rollo innovador, o de la originalidad de la apuesta, lo cierto es
que el certamen va cobrando prestigio y cada año las bandas presentadas apuntan más
alto. La triada final de candidatos se abrió tas la actuación de
Soldier Reggae Band
con los jinenenses
El mito de Sísifo, que lidiaron con un ambiente aun frío y a
los que aun queda mucho por andar. Su música sonó vertiginosa pero algo destemplada,
aunque se les ven buenas intenciones. Tras ellos aparecieron
Máscara, banda
granadina que pegó más fuerte tirando de potencia y solidez a partes iguales. Un buen
directo sin duda el de estos chicos, que al final se llevaron el gato al agua. Había
satisfacción entre el gentío granadino pero ciertas dosis de indignación entre los que
se concluyeron que tales laureles deberían haber correspondido a los sevillanos Pen Cap
Chew, que realmente arrasaron en todos los sentidos; son de esas bandas que están un
escalón por encima del resto. Triunfarán finalmente si siguen confiando en sus
posibilidades y no se dejan desmoralizar por sus resultados en este tipo de certámenes
donde tal vez se premien más las posbilidades que las realidades.
Los dos platos fuertes vinieron precedidos por la actuación de los
ganadores del certamen anterior,
Neorama, banda que en directo mejora bastante
lo oído en el disco que grabaron a raiz de su exito del año pasado. Con el recinto ya
lleno aparecieron
Molotov, una banda que independientemente del rollo que llevan
saben meterse al público en el bolsillo a base de buenos golpes de efecto como la
inicial lectura del ochentero himno "Rock me Amadeus". Tras ellos,
Siniestro Total,
Julián y compañía, aun aturdidos por la llamada casi a última hora de la organización,
ofrecieron lo mejor de su reciente "Popular, democrático y científico", además de sus
consabidos himnos de toda la vida. Dosis de buen humor y buen punk como siempre, además
de revisiones de buen gusto como el "David Watts" de los inmensos Kinks y perlas propias
como "Ayatolah" con la que cerraron la madrugada.
Granada 1981, "yo estaba allí"
*Jornada#3
Por J. E. Gómez / IndyRock
Corrían los primeros años ochenta, 091, TNT, Lagartija Nick, recogían el testigo de
otras bandas como Los Angeles y también de Miguel Ríos. Granada volvía a estar en el
candelero del rock hispano, y en la ciudad de la Alhambra, vivía sus inicios un festival
por el que, con el paso de los años, pasarían decenas de grupos de pequeño y gran nivel,
nacionales e internacionales. Ahora, 25 años después del montaje del primer escenario
del Festival del Zaidín, muchos de los que fueron protagonistas de la historia estaban
allí, unos sobre el set, otros como espectadores e invitados, de estas bodas de plata,
todos ellos bajo el grito de "Bienvenidos hijos del rock and roll", que lanzaba sobre la
arena del Zaidín 2005, un curtido por los años, pero incombustible, Miguel Ríos. Todos
estaban allí, José Ignacio Lapido, José Antonio García, Juanma Ferri (todos 091);
Antonio Arias (Lagartija Nick); Paco Chica (Dorian Grey, Kennedy); Jota (Planetas); Noni
(Lori Meyers); Popi (Mania Estereo)... y un sinfín de músicos de la escena granadina.
Era la noche del homenaje a las bandas de esta tierra. Una noche que comenzaba con Los
Recargables, un grupo de los ochenta, desaparecido en su momento y que este año han
decidido volver a la música, canciones sencillas, cargadas de riffs ochenteros y una
magnífica ejecución en escena. Les siguió una de las grandes sorpresas de la noche,
Kenedy, el proyecto liderado por el que fuese cantante y bajista de Dorian Grey, Paco
Chica, que ha reconvertido sus esencias y ha dado una vuelta de tuerca a las tendencias.
Ha decidido volver a los sonidos de Elvis Costello, a las cadencias de Sinatra, con
ciertos toques de homenaje a Nick Cave. Paco Chica llena un escenario. Voz profunda,
cargada de matices, con la imprescindible presencia del que sería una de las estrellas
de la noche, el guitarrista Víctor Sánchez. Todo el mundo esperaba saber qué era aquello
de Kenedy, ya que el Zaidín se convertía en la "premiere" de este nuevo proyecto.
Los Cero (091) fueron la presencia indiscutible de la última noche del Zaidín 2005, con
José Antonio García, cantante de esa mítica banda desaparecida en 1996, José Ignacio
Lapido, guitarrista y compositor, y Antonio Arias, primer bajista de aquella formación,
ocuparon en tres momentos distintos el escenario del festival, José Antonio con Mezcal,
Lapido por sí mismo, y Arias con Lagartija Nick, y desde luego el público, con gritos de
"Cero, Cero, Cero", y desde el set viejas canciones de la banda interpretadas, tanto por
José Antonio, como por Lapido. Mezcal, es una banda que ha dado una nueva dimensión a
aquello de "hacer versiones". Quini Almendros (compositor y guitarrista de La Guardia)
aporta un especialísimo sello a sus guitarras, afiladas, cadenciosas, divertidas, y el
contrapunto perfecto a la voz del "pitos", para grandes temas de la historia de la
música, incluidos algunos de Los Cero.
A Mezcal le seguía José Ignacio Lapido con su banda de siempre, canciones que han
entrado ya a formar parte del paquete de las mejores del rock en español, temas de sus
tres trabajos en solitario, incluidos algunos del nuevo álbum que saldrá a la calle en
el mes de octubre "En otro tiempo, en otro lugar". Lapido recordó, con ese cinismo que
le caracteriza, que "la primera vez que estuve en este festival tenía 24 años menos",
por lo que puso un broche de oro a su actuación con dos temas de los inicios de 091.
La nostalgia continuó hacia las vivencias del Rock & Ríos, "Bienvenidos", volvía a
sonar como himno al inicio del concierto (dos horas de actuación) de Miguel Ríos, que
nunca había estado en el festival y había pedido expresamente participar este año e
incluirlo en la gira que está realizando por el país. Ante el escenario, casi 10.000
personas, que ya se habían concentrado durante las actuaciones de Mezcal y Lapido.
Miguel no ha perdido su fuerza. Afirma que ahora está dando conciertos bestiales. Se le
notan los años, pero en que está curtido, dispuesto a seguir, y en una experiencia en
als tablas envidiable para muchos de los que seguían el concierto entre las bambalinas
del escenario y el "backstage".
La estrella, "Víctor Rock"
Los conciertos no sólo son las primeras figuras en el "frontline" del escenario. Junto a
los "lideres" hay siempre otros protagonistas, que no pasan desaparecibidos. En el caso
de la noche granadina del Zaidín, la estrella indiscutible fue Víctor Sánchez,
guitarrista de Del Ayo y de la banda de Lapido. En la tercera noche del festival, Víctor
ocupó el escenario con tres bandas seguidas. Forma parte del proyecto de Paco Chica,
Kenedy; siguió sobre las tablas como guitarrista de Mezcal, con un impresionante juego
de guitarras con Quini Almendros, y continuó con el concierto de Lapido. Más de tres
horas sobre el set. Víctor transmite algo fundamental en el R&R: se lo pasa en
grande.
Lagartija Nick, "oro" en el Zaidín
Por Fernando Navarro / IndyRock
Fue el mejor concierto visto a Lagartija Nick en años. El equilibrio conseguido entre
temas antiguos y temas nuevos (se atrevieron a abrir con "Decadencia", el tema más
excesivo del convulso "Ulterior", hecho con Erik al cajón y samplers de Morente,
cerraron con "Hipnosis" y también sonaron "Mar de la Tranquilidad", "Ojalá", "La Curva
de las Cosas" y, por supuesto "Satélite"), el sonido (contundente, enérgico, con
fuerza, sin compromisos ni concesiones) la actitud (sobre el escenario una puesta en
escena sin afección, basada únicamente en una banda de rock diferente, con carácter: las
inquietantes presencias de Antonio Arias, Erik y Víctor Lapido, la sugerencia de Lorena
y la insolencia de Jesús), el horario (nada más indicado que ver a Lagartija Nick a las
cinco de la mañana) y los invitados (J -Los Planetas- y Noni -Lori Meyers- salieron a
cantar una sorprendente, mistérica versión de "Fulcanelli") contribuyeron a despejar
cualquier duda: Lagartija Nick son, probablemente, la mejor banda de rock del
país. La verdad es que siempre lo fueron.
El sábado, Zaidín en estado de gracia
por Luis Miguel Albarracín
La noche del sábado congregó a miles de personas en el barrio del Zaidín para poder
asistir a una de las mejores noches de rock and roll en Granada de los últimos tiempos.
Gente que se desplazó desde diferentes lugares no volvió defraudada a casa. Tras las
actuaciones de RECARGABLES y KENEDY (una apuesta musical a cargo de Paco Chica), el
turno fue para MEZCAL, una banda de auténtico lujo: Jose Antonio García (ex-cantante de
"los 0" en la voz y en la armónica); Quini Almendros (ex- guitarrista y compositor de La
Guardia); y en otra de las guitarras Víctor Sánchez (componente del grupo Del Ayo y
también guitarrista de la banda de Jose Ignacio Lapido). Tocaron sus versiones
preferidas (incluida una de "Otros como yo"), dejando al público muy satisfecho. No
hicieron su actuación acústica, sino eléctrica, lo que para un recinto como es el del
Zaidín ayudó mucho. Jose Antonio se movió como siempre y Quini tocó como nunca.
Pero para el que quiera arroz, que tome tres tazas. Era el turno de JOSE IGNACIO LAPIDO,
considerado desde hace mucho tiempo como el maestro. Su actuación comenzó con "Luz de
ciudades en llamas", canción que daba nombre al Ep que ha editado entre sus dos LP´s (a
la espera de su inminente tercer larga duración -"En otro tiempo, en otro lugar-), y
desde el principio el recinto fue una auténtica fiesta. Canciones de su segundo LP
("Música celestial") fueron desgranándose de forma enérgica y acompasada. Composiciones
como "No sé por dónde empezar", "Nadie besa al perdedor", "Noticias del infierno" o
"Alguien vendrá" (recogida en el Ep) demostraron que Jose Ignacio ha creado joyas
imperecederas en el tiempo, atemporales. Pero esto se debería decir con más propiedad de
las canciones de 091, que ya van pasando el filtro del reloj. Temas como "Espejismo
número 8", "Qué fue del siglo veinte", "Esta noche" o la maravillosa "En el laberinto"
atestiguan la calidad y entidad del conocido como poeta eléctrico. Víctor Sánchez
después de su actuación con MEZCAL continuó en el escenario al lado de Jose Ignacio, y
Antonio Lomas estuvo a la altura de siempre, muy bien. Un diez para la actuación de
Lapido, con el handicap de su falta de implicación con el público, de una percibido
distanciamiento, aunque cada uno tiene su estilo. Y para estilo el de Jose
Ignacio.
La noche no podía decaer, y quién mejor para seguir con la buena música que un MIGUEL
RÍOS en estado de gracia. Salvo su equivocación inicial, "estoy encantado de estar en el
Festival Rock del Albayzín" (que corrigió rápidamente ayudándose de un "no es un
problema de Alzeimer, es debido al alcohol"), el bueno de Mike Ríos salió airoso del
lance y demostró lo que no hacía falta: que es rockero de nacimiento y eso es algo que
se lleva o no se lleva en la sangre. Con una banda de lujo (en la que aparecían nombres
como el de Tito Dávila en el teclado o el Niño Bruno en la batería), desgranó los nuevos
temas de su último disco ("Miguel Ríos 60mp3") con temas de toda la vida, con su Rock
and Ríos como cabecera. Porque "Bienvenidos" sigue sonando de puta madre y temas como
"Santa Lucía" o el "Himno de la alegría" no son para que queden en el olvido. "Año
2000", el "Blues del autobús" y otras composiciones que el público conocía muy bien
fueron el detonante de una auténtica fiesta zaidinera. Un set eléctrico dio paso a un
tiempo para las canciones más lentas y sentidas, como fue el caso de "Santa Lucía". A
continuación volvió a sonar de modo enérgico y eléctrico, y sus dos horas sobre el
escenario no se las quitó nadie. Sí señor. También hubo lugar para las versiones
("Insurrección" de El último de la fila y "Sábado noche" de Morís). La comunión
artista-público fue total (entre otras cosas porque Miguel nunca había tocado en las
fiestas del Zaidín -tuvo que esperar a la 25ª edición- y para él también se trataba de
un concierto muy especial, para emocionarse). Como broche final el "Himno de la
alegría", nada más y nada menos, el tema que le hizo vender discos en todo el mundo. Muy
buena actuación para un artista de la tierra que no tiene que volver a Granada para
nada, porque nunca se fue. A sus sesenta y un años el tópico de rock "es mejor morir
joven y dejar un bonito cadáver" viendo al señor Ríos encima del escenario queda
obsoleto. O que se lo digan a los Stones. Se podría cambiar por este otro: ¿por qué
morir a los treinta cuando aun te quedan cincuenta años más de rock en las venas? Habrá
que reflexionar acerca del tema.
Para terminar la noche, cuando ya eran las tres y media de la mañana, otro grupo
granadino de culto, LAGARTIJA NICK. Antonio Arias (antiguo componente de 091) y su banda
desplegaron toda su artillería pesada, dejando en todo momento el sello de banda
vanguardista y sin límites establecidos, siempre en constante evolución y expansión
cósmica.
2002
ZAIDÍN ROCK
12, 13, 14 de septiembre de 2002
Por
Paco Camero - IndyRock


A. Arias - lagartija Nick / José Ignacio Lapido
El cartel de la edición del Festival del Zaidín de este año ha basculado de
unos momentos a otros entre la comercialidad de radiofórmula (lo que garantizó, claro, una
afluencia de público impresionante sobre todo el viernes, cuando tocó la zaragozana Eva
Amaral, que se está dando un exitoso baño mediático estos últimos meses) y algunas
propuestas con más personalidad, con mayor pulso creativo, con más entidad musical, en
suma. Por razones que no caben describir aquí y cuyo recuerdo resultaría ridículamente
doloroso, el que firma arriba no pudo asistir a algún que otro concierto, entre ellos el
del inefable José Ignacio Lapido, historia viva del mejor pop
rock granadino y nacional, escritor de textos que transpiran literatura, algo de lo que
pocos pueden presumir en el tenderete musical español. En fin, a continuación, una crónica
(tristemente incompleta) de tres días de actuaciones.
Fiona May, grupo de la provincia de Granada que
funciona desde hace sólo un par de años, abrieron las actuaciones la primera jornada del
festival, el jueves. Su música sonó en todo momento muy potente y bien engarzada teniendo
en cuenta que es ahora cuando están construyendo su camino. Hubo en su concierto sonidos
cercanos al stoner, pero también, y fundamentalmente, pop rock con mucha distorsión,
influencias psicodélicas, recuerdos a la música de los años setenta, algunos giros al punk
y un cierto regusto de grunge evolucionado y de rock alternativo. Tuvieron más problemas
de sonido de lo deseable, concretamente uno de los guitarristas (parece que con uno de sus
pedales), que provocaron interrupciones que rompieron continuamente el ritmo. Por otro
lado, la formación evidenció la poca experiencia que aún tienen, pues por momentos sus
canciones parecían versiones de otros grupos (For Love Not Lisa, Placebo, Smashing
Pumpkins, Nirvana -sonaron dos temas que parecían, aunque con estribillos más poperos,
sendos calcos de estos dos últimos, uno de un tema del Siamese Dreams cuyo nombre no
recuerdo y otro del "Molly´s Lips" del conjunto de Kurt Cobain-). El grupo ofreció, en
definitiva, un buen concierto, pero les falta todavía digerir sus gustos de modo que
parezcan influencias y no apropiaciones. Les queda, dicho de otro modo, conseguir la
autonomía suficiente para llegar a fabricarse una voz y una personalidad propias.
Lagartija Arias


A continuación tocaron los granadinos Lagartija nick, uno
de los platos fuertes. Había expectación por escuchar, una vez más, su thrash moderno,
espacial, apocalíptico, con letras que se aproximan a un universo siempre personal, único
y a veces surrealista, con metáforas geométricas y mucha voluntad de estilo. Es Lagartija
nick un conjunto que en sus discos transmite una especie de frialdad por los ritmos
impecables y en ocasiones casi robóticos de sus guitarras y bajos y de su excelente
batería, por la limpia ejecución de unas canciones que en manos de otros probablemente
sonarían más vulgares. Sin embargo, en directo demuestran una fuerza, una contundencia y
una calidez ante la que es difícil mostrase indiferente. Durante su actuación tocaron
temas de su último y magnífico trabajo, "Ulterior", aunque su concierto no se limitó a un
mero repaso promocional de su entrega; también inluyeron en su repertorio algunas de sus
canciones más emblemáticas, como "El nuevo Harlem" (grandísima canción) del "Inercia",
temas del "Val del Omar" y del resto de su necesaria discografía. Resumiendo, un grupo
imprescindible en la escena metálica del país, unos músicos con ideas y con capacidad
sobrada para llevarlas a cabo.
Y luego fue el delirio, y eso que Lagartija nick jugaban en casa. Los
Suaves son, seguramente, el grupo de rock más carismático dentro de nuestras
fronteras, y Yosi, el cantante que más fácilmente se gana las simpatías del público donde
quiera que toque. ¿Qué se puede decir nuevo de un concierto de los de Orense? Poco, o
nada. Mucho rock and roll, melodías pegadizas, un guitarrista técnicamente sublime, un
puñado de canciones con letras muy buenas, algunas otras un poco menos, pero que siempre
retratan el lado más amargo y cotidiano de la vida. Yosi demostró que cada día que pasa su
voz se le rompe más, aunque quizá una garganta agrietada tenga más autoridad moral para
hablar de los cortes de manga de la existencia de cualquier hombre agobiado por una letra
que no puede pagar, de una noche de borrachera después de la cual sólo hay un vacío y
mucha incertidumbre. Sin su cantante, este grupo no estaría donde está (a pesar de su voz)
porque es quien aporta toda la personalidad al grupo, pero lo que quedó claro es que
musicalmente Los Suaves tampoco serían nada sin los solos frenéticos de Alberto Cereijo,
sin ese colchón sólido sobre el que Yosi proclama sus penas. Una de las mejores canciones
fue "Ourense-Bosnia", un tremendo alegato antimilitarista, un texto sencillo pero
brillante, uno de los más eficaces escritos en este país en torno a este tema. Cerraron su
noche con la imprescindible "Dolores se llamaba Lola", tema estrella de los gallegos que
hace que uno sienta nostalgia de cuando tenía quince años.
Viernes de pop y Funky


El viernes sólo pude ver a la Fundación Tony Manero y a Amaral. Los primeros hicieron bailar a los congregados a golpe de
funk y de la mejor tradición disco y 'jazzy' y también gracias a certeros vislumbres de
soul e incluso de gospel. En esta particular fundación militan músicos muy buenos, con
oficio, que hacen que su sonido sea compacto y brillante. Sus cantantes demostraron tener
mucha cara, buenas voces y mucho sentido del humor. Conclusión empírica que se desprende
de su actuación: la buena música puede perfectamente hacer bailar. Vamos, que James Brown
(o la misma Fundación Tony Manero, sin duda discípulos del espíritu del primero) es, con
creces, mucho más divertido y marchoso que toda la tropa de Operación Triunfo, a pesar de
la propaganda bochornosa que pretende hacer creer lo contrario, y que cualquier música
apellidada latina sólo porque tenga tres ridículos arreglos de viento. Tras ellos vino
Amaral con su pop rock medianamente digno, aunque no tanto como para que su música llegue
a decir algo interesante. Lo mejor, la voz de Eva Amaral, bastante buena, todo hay que
decirlo. De hecho, ella es el grupo. Y no hay nada más. Canciones bastante predecibles,
bien ejecutadas, eso sí, y un buen grupo que arropa muy aceptablemente a su vocalista.
Cabría destacar la versión que hicieron de un tema de 091, formación por la que, dijeron,
sienten devoción. A pesar de todo, si todo lo que programaran las radiofórmulas fuese así,
ya estaríamos mejorando, y mucho.
El sábado tocó El Hombre Gancho, cordobeses a los que les gustaría sonar como Los
Rodríguez, pero que se quedan a mitad de camino (o más lejos todavía), flotando en medio
de esa nada que es el rock latino con estribillos pegadizos y letras que aspiran a ser
picantes y canallas (algunas tenían un aire que recordaba a Sabina) pero que se quedan en
tópicas y acomodadas. En su propuesta cupieron, cómo no, rancheras, tangos y toques
arrabaleros. Aunque sobre el escenario el grupo se desenvuelve bien y logran un sonido
respetable, poco interesante tiene que decir y, por supuesto, no logrará permanecer en la
memoria del rock nacional, a diferencia de unos Rodríguez que a ratos fueron muy grandes.
Y para terminar los tres días de música, Antonio Orozco, un émulo descarado de Manolo
García que por llevar a un percusionista flamenco en directo cree que hace rock andaluz.
En algunas reseñas se ha escrito eso, que el catalán tiene como principal influencia esta
maravillosa corriente que explotó hace ya algunas décadas. Habría que escribir las cosas
con más ciudado, porque lo que hace Orozco se queda en el pop rock más estereotipado,
cortado según patrones muy manidos, al que le añade el toque flamanco de moda (algo que
últimamente vende estupendamente) y letras escuchadas mil veces sobre amores y desamores.
A Triana todavía no le ha surgido ningún hijo merecedor de tal paternidad, y Antonio
Orozco viene a ser la excepción. La demostración rotunda vino cuando tocó la canción de
los sevillanos "Abre la puerta", una versión que ni los buenos músicos que le acompañaban
pudieron arreglar, un homenaje a una de sus influencias que no se acercó ni por casualidad
a la grandeza musical y vocal del tema original.
1999
ZAIDÍN ROCK 99
por Javier Sanchez ( Indyrock)
En la noche del sábado en el Zaidín, le tocó el turno al rock, después de los diferentes
estilos que habían dado colorido a los conciertos de días anteriores. Las guitarras se
abrieron paso en el escenario y nos hicieron disfrutar de lo lindo.
.

Le tocó el amargó privilegio de abrir el festival a Dorian Gray ante un público escaso
debido, entre otras cosas, a un inicio de concierto muy puntual, a lo que hasta ahora no
nos tenían acostumbrados. Con su más clásico estilo de banda de rock, nos hicieron bailar
al ritmos de sus "bares" y demás temas ya muy conocidos por el público granaino, que hace
que los grupos de la ciudad sean "profetas en su tierra". Les siguió en el cartel, Los
Niños Mutantes, estos niños que en su mutación me hacen dudar si me gustan más o menos que
los estupendos Mama'baker, hicieron que el creciente número de asistentes, empezaran a
entonarse con la distorsión de sus guitarras, las letras ardientes de sus canciones, y su
movilidad en el escenario. Cantaron las canciones de su último CD y alguna que otra nueva,
con lo que nos ofrecieron más de una hora de ejemplo de la música, la gran música joven
que se hace en la ciudad de la Alhambra.
A eso de las doce y media de la noche, tras los Niños Mutantes, apareció el primero de los
platos fuertes de la noche, José Ignacio García Lapido, conocido artísticamente por José
Ignacio Lapido. Había una fuerte expectación, casi nadie de los asistentes, que ya
llenaban la arena del recinto festivalero, habían tenido el privilegio de ver "al Lapido"
tocar su Gibson SG desde la disolución de los grandiosos "ceronoventayuno", allí se subió
en el escenario, junto a otros dos guitarras más (uno de ellos su hermano Víctor,
ex-ceronoventayuno también) un bajo y un batería, para hacernos recordar nuestra más bella
pagina en la historia de la música española. Un sonido mucho más potente que en el disco,
más duro y rockero, sorprendía a todos aquellos que esperaban de J.I. un cantautor típico,
ofreciendo en cambio el más puro rock, sin dejar de lado lo intrigante y bello de las
letras que siempre ha sabido hacer el compositor de canciones como "Música para las penas,
El Espantapájaros o Corazón malherido...".

Comenzó la actuación con temas de su primer disco en solitario, el orden muy estudiado de
los temas hacía que cada vez el ritmo fuese más animado, y es que este granaino ha
aprendido mucho de lo que hay que hacer para meterse al público en el bolsillo, a lo largo
de su larga singladura en el panorama musical español. La mayor parte de la gente,
incondicionales, coreaba las letras de todas las canciones, hasta que de repente, la
Gibson empezó a emitir unos acordes desconocidos, pero familiares a la vez, con un sonido
muy distorsionado... "la canción del espantapájaros" que hizo que la piel de más de uno se
erizara e incluso que saliera alguna lagrima nostálgica, para aquellos amantes de "los
cero". La gente se dejaba la garganta cantando, "nadie sabía... porque había dejado de
sonar esa canción" durante más de tres años "y todos nos unimos a su baile". Cuando
terminaron su actuación, nadie quería que se fuesen, y tras insistir, volvieron sobre el
escenario para interpretar más "cero". "Espejismo Nº 8, Nubes con forma de pistola, Sigue
estando Dios de nuestro lado y En el laberinto" adornaron una buena, grande y emotiva
actuación del "poeta del rock". Si ustedes se lo perdieron y tienen ocasión de verlo y
escucharlo, no desaprovechen la oportunidad, no se arrepentirán.
.

Continuo con el Festival de buen Rock, los Enemigos, banda con bastante mala suerte en
Granada, ya que sus actuaciones están rodeadas de algunos problemas imprevistos, siempre
que tocan en esta ciudad. Esta vez el fallo vino de la mano de un sonido muy descompensado
al inicio del concierto, que se mantuvo durante gran parte de él. La voz de los cantantes
apenas se apreciaba, resaltando sin embargo mucho los componentes rítmicos. Poco a poco y
con buena voluntad por parte de todos, se fue arreglando, y el grupo nos demostró el
porqué de tantos años sobre los escenarios. Una autentica actuación, que nos hico
disfrutar los acordes distorsionados de sus canciones mezclados con la voz de pasota del
cantante (afectada en ocasiones por una molesta tos), que hacían un cóctel muy apetitoso
de saborear.
El plato fuerte llego cerca ya de las tres y media de la madrugada. Eramos muchos los
ansiosos por ver a Rosendo de nuevo. "Pletórico" es la palabra, se le veía ansioso por
agradar a un público que en el mismo Festival pero hace algunos años, no pudo disfrutar
del "Rey de Leño", debido a un mal sonido. Rosendo es el rock, de las cuerdas de su
guitarra sale la música de toda una banda, se acompaña el mismo, nos deleita con punteos
interminables que le ponen a uno la carne de gallina, y su voz... esa voz que "hizo en los
billares la Primera Comunión", nos vuelve a hacer saltar al ritmo de clásicos como "Locos
por incordiar, Pan de higo, Agradecido..." y ponernos nostálgicos oyendo "Cucarachas"
(Leño pa´siempre... muchas gracias). "Gracias" a Rosendo por enseñarnos desde pequeñitos
lo que es la música, y demostrarnos ahora, que como dicen otros (aunque ellos no lo
cumplan) que "Los viejos rockeros nunca mueren". Rosendo es un viejo rockero, que no un
rockero viejo, está viviendo su enésima juventud, lo que se aprecia viendo las ganas de
comerse el escenario, disfrutar con la gente y con su banda compuesta por Rafa, que
demuestra un dominio con su bajo de cinco cuerdas, necesario para seguir al "maestro" y
por Mariano a la batería. Solo tres músicos que suenan como veinte, la guitarra de Rosendo
se basta y se sobra para hacer música sin tregua, y para hacer saltar, a pesar de lo tarde
del evento, a por lo menos 10.000 asistentes, que acudieron al recinto la noche del
sábado.
En definitiva, allí disfrutamos como hacía tiempo, el cartel prometía, y cumplió con
creces. Queda la esperanza de que ya que en Granada se mantenga un Festival a la altura
del movimiento musical tan grande de esta ciudad, lo que la hace la capital del rock, por
lo menos de más de media España, sino entera. ¿O este también se va a vender?
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