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Lisabo
Creando afición: LISABO
Madrid 16 de Febrero de 2008 Sala Moby Dick (Madrid)
por Assandaza
El que un grupo de origen y letras vascas llene una sala de
Madrid, sea dicho, la Moby dick, más que un síntoma saludable es
un síntoma bueno y bonito.
Que llegáramos con tiempo para hacer cola y que estando en ella
nos enteráramos que iba por invitación y nos pasaran a la cola
alternativa, tras la de los invitados y la de los medios, quizás
acrecentara nuestras ansias por entrar a ver en directo a uno de
los grupos más vitoreados en el ambiente indie.
¡Y qué bien que entramos! La sala Moby dick es en Madrid un
clásico, pero yo asiduo en mis primeros años en Madrid hacía
tiempo que no la visitaba. Su aire marinero nunca me gustó, me
recordaba a aquellos bares señoriales, en el mal sentido de la
palabra, que encuentras en Cádiz.
Gero, el viejo vaquero roquero y amigo, hizo la pre-cola. Él
integrante y voz del Cuarto hombre, alagaba la sala como una de
las que mejor sonaba en Madrid. Siempre he dicho que los
verdaderos roqueros saben mucho, y esta vez también era verdad,
el sonido fue, como dicen en las revistas, impecable.
También pudiera ser, que aquello sonara tan bien, fuera causa de
ellos, los culpables. Empezaron mandando lo que llaman algunos,
no sin cierta razón, muros sónicos. Pudiéndose explicar tal
compendio de sustantivo y adjetivo como, un único sonido, en el
que no se diferenciaban, guitarra de bajo, ni batería de
batería, pues llevaban dos. La uniformidad de ese sonido más que
un inconveniente es la grandeza del grupo, la sintonía entre sus
integrantes es automática.
La sala es mala para bajitos y genero medio de mujeres, la
visibilidad era escasa, pero el sonido llegaba y envolvía. La
música se te metía por el cuerpo y una sensación extraña se
apoderaba de ti. Ese desconocimiento tan absoluto de las letras
causaba inquietud, prejuicios preconcebidos, pero a la
vez, algo decía que no podía haber odio en todo aquello, en
aquellas vibrantes ráfagas de sonido que atravesaban tu cuerpo,
en aquella música violenta y encendida, en aquellos destellos de
voz.
La puesta en escena de su flamante Ezlekuak fue apoteósica, las
ganas y la energía que desprendían los integrantes del grupo se
hacían contagiosas, las dos voces furiosas emitían sonidos
ancestrales sin que pudiera entender como no se rompían.
El hecho compacto, hizo del concierto un perfecto long play,
llegue a perderme entre sus canciones como si fueran una única
sola.
El grupo vasco conquista con su música, nos da el alma pura de
lo Vasco, tan basado en la naturaleza y en la ferocidad del ser
humano. Su sonido, uno, está lejos de lo conocido. Su
post-hardcore es creación absoluta a nivel internacional.
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