FOTOGALERÍA. PATÁX. SALA ALIATAR, GRANADA. 23-10-2026. FOTOS
MR.KNIGHT * INDYROCK
PATÁX
CUANDO EL RITMO NO PIDE PERMISO
Sala Aliatar, 23 de octubre 2026
MR. KNIGHT * CRÓNICA Y FOTOS
La banda multinacional regresaba a Granada. Esta vez presentaba en
Aliatar su gira
Work in Fusion con una formación de siete
integrantes, suficiente para llenar el escenario de música, color y
movimiento en una velada cargada de groove. Al frente, Jorge Pérez,
formado en Madrid y Cuba y graduado en Berklee, Boston, dirigía
desde la percusión. Lo acompañaban Aurora García a la voz, Sara
Sánchez al baile, Dani Morales a la batería, Santi Greco al bajo,
Roberto Pacheco al trombón y Jorge Vera al piano. Había mucho que
mirar y todavía más que escuchar.
«Eleanor Rigby» apareció al comienzo y abrió la puerta a
una noche en la que las canciones iban a conservar su identidad,
pero no necesariamente sus costumbres. Ese es el terreno donde
Patáx
resulta más convincente: melodías conocidas, arreglos que
las ponen patas arriba y músicos capaces de defenderlos sin
despeinarse. Jazz, flamenco, funk y ritmos afrocubanos convivieron
sin que el concierto pareciese una visita guiada por distintos
departamentos musicales.
Michael Jackson tuvo un peso destacado. A
«Billie Jean» le
salieron palmas flamencas y un final de intenso taconeo. El baile de
Sara Sánchez terminó por tomar las riendas de la canción y
conducirla hacia su apoteosis. Minutos después,
«Smooth
Criminal». Si Michael levantara cabeza se encontraría su tema
a ritmo de salsa y redobles de zapato sobre el tablao.
Annie,
are you okay? Lo que pagaría por ver su cara…
La bailaora fue también el centro de una puesta en escena
espectacular. Cinco vestidos distintos aportaron color y variedad
visual, aunque reducir su papel al vestuario sería quedarse mirando
la funda del instrumento.
El taconeo no era un
acompañamiento decorativo: marcaba acentos, respondía a
la percusión y añadía una contundencia que se sentía más allá del
oído.
El medley de
«Kiss» y
«Purple Rain» llevó la
noche al territorio de Prince, con ese placer inmediato de reconocer
una canción entre los giros de un arreglo. La capacidad de esta
gente de elegir temas reconocibles y darles la vuelta sin perder la
esencia es extraordinaria. La mejor prueba llegó con
«Virtual
Insanity». La petición de alguien entre el público se
convirtió en una improvisación que terminó desembocando en una
auténtica orgía percusiva, todo a un ritmo frenético.
En ese intercambio entre músicos se sostuvo el espectáculo. La
percusión de Pérez y la batería de Morales compartían un terreno
donde piano, bajo y trombón podían intervenir con funciones
cambiantes, mientras Aurora García mantenía el vínculo vocal con las
canciones. Hubo virtuosismo de sobra, pero también sentido del
espectáculo: los solos no se eternizaban y los cambios de ritmo
mantenían la tensión. Quizás se echó de menos la guitarra de Marcos
Collado, músico de larga vinculación con Patáx y con numerosas
actuaciones y giras junto a la banda. Debilidades del que escribe…
El principal reparo estuvo en el sonido.
La acústica de
Aliatar castigó especialmente las voces, que llegaban
indirectas y envueltas en ecos amplios. Esa reverberación restaba
definición a Aurora y emborronaba parte de una ejecución
instrumental mucho más limpia de lo que la sala permitía apreciar.
No arruinó el concierto, pero sí impidió disfrutar con nitidez de
todos sus detalles.
Patáx ofreció espectáculo sin reducir la música a una sucesión de
trucos. Hubo canciones reconocibles, riesgo, baile y una conexión
con el público capaz de alterar el rumbo de la noche. Para la
próxima visita, ojalá la sala deje escuchar con la misma claridad
con la que la banda sabe tocar. El resto puede seguir abierto a la
improvisación.