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FOTOGALERÍA: SIERRA NEVADA POR TODO LO ALTO, EDICIÓN 2026. FOTOS: SIERRA NEVADA FESTIVAL

SIERRA NEVADA POR TODO LO ALTO, FESTIVAL  



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2026

...Y todos bailamos punk en Sierra Nevada

3.000 personas, muchas de ellas familias, despiden la 16ª edición del festival granadino tras dos noches de guitarras, garaje, surf, psicodelia, espíritu mod y punk a más de 2.000 metros de altitud 

INDYROCK MAGAZINE
El punk no ha muerto. Y si alguien necesitaba una prueba, podía encontrarla la noche del sábado 22 de agosto en la estación de esquí de Pradollano, en el corazón de Sierra Nevada, Granada, con niños bailando entre el público mientras las guitarras descargaban desde el escenario de la Plaza de Andalucía. El festival, Sierra Nevada Por Todo lo Alto cerró así su decimosexta edición después de dos jornadas en las que alrededor de 3.000 personas volvieron a confirmar que este pequeño festival de montaña posee una personalidad difícil de encontrar en el circuito musical veraniego.
(...)

Vídeo, fragmentos, cedido por la organización del festival

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No necesita grandes escenarios ni carteles interminables. Su atractivo está precisamente en otra parte: conciertos gratuitos, un escenario rodeado por las cumbres de Sierra Nevada, temperaturas que permiten escapar del calor de agosto y una programación en la que veteranos de la escena independiente comparten espacio con bandas emergentes. Todo ello con un público especialmente heterogéneo, donde conviven seguidores históricos del rock, jóvenes aficionados y familias enteras.

La edición de 2026 volvió a plantearse como un recorrido por diferentes formas de entender la guitarra eléctrica. Del garaje y la psicodelia del viernes al punk y la nostalgia mod del sábado, seis bandas construyeron dos noches muy diferentes pero unidas por una misma actitud: tocar sin demasiados artificios y dejar que las canciones y el directo hagan el resto.

Del rock granadino al veterano sonido de Sex Museum

El viernes 21 fueron los granadinos D’Baldomeros quienes tuvieron la responsabilidad de abrir el festival. La banda volvió a demostrar la vitalidad de una escena local que continúa generando proyectos capaces de moverse sin complejos entre diferentes territorios sonoros. Su rock incorpora elementos electrónicos y una visión contemporánea que sirvió como punto de partida para una noche que después viajaría hacia sonidos mucho más arraigados en la historia del rock independiente español.

Después llegó uno de los grupos que mejor ha sabido convertir la música instrumental en una auténtica experiencia de directo. Los Coronas llevaron a la montaña su particular universo de surf rock, ecos fronterizos, guitarras cinematográficas y espíritu de carretera. Una música que parece concebida para paisajes abiertos y que encontró un escenario especialmente apropiado entre las montañas de Sierra Nevada.

Sierra Nevada por todo lo alto

El grupo madrileño lleva décadas demostrando que no hacen falta voces para construir canciones capaces de mantener al público pendiente del escenario. Guitarras, ritmos que remiten al surf estadounidense, rock fronterizo y aromas de banda sonora conformaron una actuación que preparó el terreno para el cierre de la primera jornada.

Y ese cierre correspondió a Sex Museum, uno de esos nombres imprescindibles cuando se reconstruye la historia del rock underground español desde los años ochenta hasta nuestros días. La banda madrileña volvió a desplegar la intensidad que ha convertido sus conciertos en una de sus principales señas de identidad.

Garaje, psicodelia, hard rock y una actitud que permanece intacta después de décadas sobre los escenarios. Sex Museum pertenece a una generación que convirtió los pequeños clubes y las salas de conciertos en su territorio natural y que ha sobrevivido a modas y cambios de industria gracias a una relación directa con el público. En Sierra Nevada volvieron a demostrarlo con un concierto físico y poderoso que puso punto final a una primera jornada dominada por las guitarras.

Sierra Nevada por todo lo alto

Un sábado punky y la nostlagia mod

Si el viernes había transitado por el garaje, la psicodelia, el surf y el rock fronterizo, la segunda jornada endureció el sonido y apostó por el punk rock y la nostalgia mod.

A las nueve de la noche comenzaron a sonar las guitarras de Blanca Adelfa. El jovencísimo trío local abrió fuego con descaro y frescura, mostrando esa renovación generacional que periódicamente aparece en Granada y mantiene viva una escena musical que parece negarse a perder capacidad para producir nuevas bandas.

Su mezcla de punk, power pop y grunge fue también una declaración de intenciones para una jornada en la que las nuevas generaciones no estaban únicamente sobre el escenario. Entre el público había numerosos niños que horas antes habían participado en los talleres musicales organizados por el festival, donde pudieron acercarse a instrumentos como la guitarra, el bajo o la batería.

Ese es uno de los elementos que explican la singularidad de Sierra Nevada Por Todo lo Alto. Aquí el rock funciona también como actividad familiar. Padres que crecieron escuchando punk, garage o música mod acuden ahora acompañados de sus hijos, y las canciones que hace décadas pertenecían a una determinada generación encuentran nuevos oyentes frente al mismo escenario.
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Brighton 64, una despedida con historia

El componente emocional de la noche llegó con Brighton 64. Los hermanos Albert y Ricky Gil regresaban a Granada casi tres décadas después de su anterior actuación en la ciudad, en 1997, y lo hacían además en circunstancias especiales.

Los barceloneses han emprendido su despedida definitiva de los escenarios con la gira Se traspasa, y Sierra Nevada se convirtió en su única parada andaluza. Había, por tanto, mucho de reencuentro y también de despedida en un concierto que reunió frente al escenario a distintas generaciones.

Brighton 64 forman parte de la memoria esencial de la escena mod española surgida a comienzos de los ochenta. Pero su actuación en Pradollano estuvo lejos de convertirse únicamente en un ejercicio de nostalgia. La banda demostró encontrarse en plena forma, con un directo enérgico, elegante y apoyado en canciones que han sobrevivido al paso del tiempo.

Sonaron piezas como Bola y cadena y, naturalmente, La casa de la bomba, uno de esos temas asociados inevitablemente a la historia del grupo y a toda una época de la música independiente española. Fue uno de los momentos más celebrados de la edición y también uno de los más emotivos: una despedida que, por momentos, parecía más una fiesta que un adiós.

Bala, demolición en las alturas

Y después de la elegancia mod llegó la demolición.
El cierre de la XVI edición quedó en manos de Bala, el dúo gallego formado por Anxela Baltar y Violeta Mosquera. Dos músicas, guitarra y batería, suficientes para levantar una auténtica muralla sonora sobre Pradollano.

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Bala representa una concepción del rock basada en la intensidad. Punk, grunge, hardcore, stoner y metal se mezclan en canciones que adquieren sobre el escenario una dimensión todavía más contundente. No necesitan grandes estructuras instrumentales: guitarra, batería y voces construyen un sonido enorme, abrasivo y físico.

Su actuación dio la última vuelta de tuerca que necesitaba el festival. Tras la apertura juvenil de Blanca Adelfa y el viaje emocional de Brighton 64, Bala convirtió la Plaza de Andalucía en una descarga de distorsión y energía. Su punk transgresor, denso y extremadamente potente terminó de despertar a quienes todavía guardaban fuerzas después de dos jornadas de conciertos.

No dejaron pie con cabeza. El público respondió con brazos en alto mientras la batería golpeaba y la guitarra levantaba una pared de sonido que parecía especialmente contundente en mitad de la noche serrana. Era el final que pedía una edición que había ido aumentando progresivamente la intensidad hasta desembocar en la descarga del dúo gallego.

Rock, montaña y nuevas generaciones

Sierra Nevada Por Todo lo Alto ha encontrado una fórmula propia. Durante el día, la montaña y las actividades familiares; por la noche, amplificadores, guitarras y baterías. Los talleres musicales gratuitos permiten además que los más pequeños tengan contacto directo con los instrumentos y comprendan que detrás de las canciones hay músicos tocando, ensayando y construyendo sonidos.

Y quizá ahí estuvo una de las imágenes que mejor resumen esta decimosexta edición: niños bailando punk mientras sus padres asistían a conciertos de grupos que forman parte de su propia memoria musical.

El relevo generacional representado por Blanca Adelfa y D’Baldomeros convivió durante el fin de semana con la experiencia de Sex Museum, Los Coronas y Brighton 64 y con la poderosa realidad presente de Bala. Seis maneras diferentes de aproximarse al rock para un festival que continúa huyendo de etiquetas demasiado cerradas.

A más de 2.000 metros de altitud, con Pradollano convertido durante dos noches en una pequeña plaza del rock independiente, Sierra Nevada Por Todo lo Alto volvió a demostrar que no necesita crecer desmesuradamente para consolidarse. Su fuerza está precisamente en mantener una escala humana, mezclar generaciones y entender la música como parte de una experiencia diferente en la montaña.

Tres mil personas despidieron la edición de 2026. Algunas llevan décadas escuchando rock. Otras apenas están descubriendo lo que ocurre cuando alguien conecta una guitarra a un amplificador, golpea una batería y sube el volumen.

El sábado, en Sierra Nevada, los niños bailaron punk. Quizá no haya mejor manera de asegurar que la historia continúa.

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